sábado, 29 de agosto de 2020

El Sur



En 1983, el cineasta Víctor Erice lanzó al mundo su película El sur, basada en la novela breve del mismo título, escrita por quien en aquel momento era su pareja: la espléndida narradora Adelaida García Morales. Así que cuando se aborda la lectura de este delicado libro resulta insoslayable la comparación con su versión cinematográfica. ¿Es mejor la novela o es mejor la película? En mi opinión, ambas versiones de la historia resultan deliciosas, aunque resulta fácil advertir las diferencias que las separan. Y no hablo de los nombres de los personajes (que la narradora se llame Estrella en la película y Adriana en la novela, por ejemplo), lo cual resulta una banalidad, sino de construcciones íntimas distintas.
En la novela de Adelaida García Morales (que es la protagonista de esta nota de lectura) podemos encontrarnos con un protagonista que vive ensimismado en su mundo de silencio y que impone ese silencio en su breve entorno familiar, integrado por su esposa y su hija. Proviene del sur (lugar al que se obstina en no regresar), es un apreciado zahorí, reniega del mundo de la religión y no desea que su hija asista al colegio. En su pasado, nebulosamente, hay una mujer llamada Gloria Valle, con la que aún intercambia cartas de vez en cuando. Y algo en su espíritu lo hace estar siempre triste (“El sufrimiento peor es el que no tiene un motivo determinado. Viene de todas partes y de nada en particular. Es como si no tuviera rostro”), hasta el punto de haberse referido a la liberación que supondría pegarse alguna vez un tiro. Esa amargura interior se manifiesta en su constante encierro en el despacho, en su mutismo casi unánime e incluso en la bofetada que le propina a su hija cuando la ve en cierta ocasión hablando con un chico.
¿Qué ocurrió en el sur? ¿Qué vendavales soplan en el corazón de este hombre abatido y desarraigado, que le impiden ser feliz? Una narración tenue, llena de nieblas, lentitud y claroscuros, en la que los lectores (testigos asombrados de la historia) somos invitados a sentarnos y escuchar en silencio.

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