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domingo, 3 de septiembre de 2023

La soledad del farero

 


Resulta muy difícil (es una opinión que la experiencia me corrobora de continuo) componer un buen libro de microrrelatos, porque quien maneja el volante de las narraciones tiene que estar sorteando a gran velocidad y sin permitirse ninguna vacilación las curvas del chiste, de la gracieta, de la boutade y de la diapositiva. El lector, desde luego, no le dará tregua, ni le permitirá medianías. Y así tiene que ser: a una mesa de comedor se le puede tolerar una falla o una astillita; a un presunto diamante, no. De ahí que volúmenes como La soledad del farero y otras historias fulgurantes, del leonés Fermín López Costero, se agradezcan tanto.

En sus páginas nos encontramos con ese farero que idea una estrategia para erosionar la soledad extrema en que vive; con el fallecimiento de dos antropólogos en circunstancias harto misteriosas; con la decepción y el miedo que experimenta un zorro tras disfrazarse de gallina; con los beneficios que pueden derivarse de la excesiva carga burocrática que soporta el Diablo; con las desastrosas consecuencias de mostrarse demasiado locuaz con el compañero de viaje en el autobús; con un hermético club de poetas invidentes, que inauguró un griego y que en el siglo XX presidió un argentino; con una importante cirugía que no se puede realizar por motivos religiosos; con las obsesivas navegaciones por internet de un hombre recién divorciado; y, en fin, con todo tipo de fantasmas, sirenas, gnomos y personajes sorprendidos al filo de la sorpresa.

Este tomo regala una gran cantidad de momentos felices. Creo que merece la pena leerlo.

lunes, 17 de julio de 2017

Teatro de sombras



He tenido la suerte (porque de suerte hay que hablar muchas veces en el mundo de los libros, sin que tal sustantivo comporte ninguna carga de desdén o burla) de encontrar un espléndido libro de microrrelatos. Se titula Teatro de sombras, su autor es el leonés Fermín López Costero y la editorial que ha tenido el buen gusto de lanzar la obra es Nazarí, de Granada.
Como suelo hacer en este tipo de volúmenes, leo con mucha lentitud y con mucha atención los cinco primeros textos y, si al concluir no me han trasladado una sensación contundente de brillantez, dejo el tomo y me dedico a menesteres más placenteros. Teatro de sombras supera la prueba con manifiesta holgura: un personaje que deambula por las tabernas nocturnas divulgando su estrafalario mensaje (“Dios”), un relato donde la muerte adquiere un protagonismo absoluto (“Los aparecidos”), un texto en el que asistimos a una persecución ingeniosísima (“Una historia de amor”), la reinvención de unas páginas de Perrault (“La cita”) y la enigmática crónica de un suceso misterioso (“Tarde de circo”).
A partir de ahí, me preparé un café, me arrellané en el sillón y dejé que Fermín López me desgranara todas sus propuestas: sus libros que pierden y recuperan hojas, sus maizales terroríficos, sus satánicas entrevistas de trabajo, sus muertos anómalos, sus maniquíes ruborosos, sus asesinatos atroces y preventivos, sus niños que vuelan, sus muñecas de plástico descuartizadas, sus piezas de ajedrez libidinosas o sus cremas alargadoras de pene… Esa fastuosa variedad temática permite que los lectores nos sintamos invadidos por continuas sorpresas, que se suman a la deliciosa envoltura estilística que les imprime el narrador de Cacabelos.

Un volumen memorable, sostenidamente atinado, que merecerá los aplausos incluso del público más exigente.