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domingo, 15 de mayo de 2022

La merienda de las niñas

 


Seguro que a ustedes les interesaría una historia donde se nos hablase de un hombre que ama y cuida en su casa a una sirena, a quien prodiga todo tipo de atenciones y mimos. Seguro que también les provocaría curiosidad acercarse a la extraña situación de un chico que, asqueado por la forma en que su hermana pequeña se viste de “putita” para sus ensayos y actuaciones de ballet, toma cartas en el asunto. Seguro que sentirían la tentación de acercarse hasta un conjunto de misivas donde se dibujan varias historias de amor, quizá de infidelidad, quizá de desengaño. Seguro que esbozarían una sonrisa cuando se enfrentasen a un breve relato donde se nos habla de la humanización de la megafonía en unos grandes almacenes. Y seguro (no les quiero fatigar con todos los cuentos del volumen) que les apetece conocer el modo humorístico en que se afrontan una serie de viajes utilizando una máquina del tiempo. ¿A que sí? Pues las que acabo de enumerarles son solamente algunas de las dieciocho propuestas que la granadina Cristina García Morales condensa en su libro La merienda de las niñas, que editó Cuadernos del Vigía en el año 2008.

Una obra arriesgada a veces, interesante casi siempre, que muestra el poderío narrativo de la por entonces joven becaria de la Fundación Antonio Gala quien, una década después, se consolidó con la brillante obtención del premio Herralde y el Nacional de Narrativa.

Les recomiendo que prueben a sumergirse en sus páginas.

viernes, 17 de abril de 2020

Horizonte de sucesos




Comencemos con un relato ecologista, titulado “El último zarapito”, en el que un escrupuloso fotógrafo de marisma decide vengarse de un cazador furtivo que, por puro placer, mata ánades y otras aves del lugar. Sigamos con “Cuestión de números”, donde se plantea una especie de orgasmo narrativo en forma de cuenta atrás, con una sorpresa en las últimas líneas. Avancemos hacia “La campanilla”, mucho más emotiva y centrada en el regreso de la narradora al hogar familiar, donde se encuentra con la campanilla que su padre usaba durante su enfermedad para reclamar atención. Continuemos con “Gliese”, la peculiar visita turística que una estrella enana marrón decide rendir a la Tierra. Y, ya bien adentrados en el libro, encontraremos “Quien pisa raya, pisa medalla”, la crónica de una niña que, desde un internado dirigido por monjas, nos cuenta la tristeza de sus días, mientras su madre “está lejos y no me oye, nunca me oye” (página 46).
En este Horizonte de sucesos, escrito por Carmen Peire y publicado con elegancia por Cuadernos del Vigía (Granada, 2011), podremos también encontrar niñas hurañas que no toleran ser tocadas, pintores bohemios que odian al género humano, dipsómanos que esperan la llamada telefónica de su mujer e incluso insectos que protagonizan fábulas modernas, tan inesperadas como simbólicas.
Una interesante aventura narrativa, qué duda cabe.

miércoles, 15 de abril de 2020

Un koala en el armario




Es posible que el microrrelato siga siendo (y lo digo con todo el respeto y con todo el cariño del mundo) el “pariente pobre” de la narrativa, pero la aparición de autores que, en número creciente, nos entregan brillantísimos volúmenes de este tipo de textos está provocando que el género se encuentre ya consolidado como tendencia y como espléndida realidad literaria.
El volumen Un koala en el armario, de Ginés S. Cutillas, ingresa sin lugar a dudas en la zona más rutilante de esa realidad. Con una inventiva musculosa y una ágil variedad de personajes y situaciones, el escritor valenciano nos entrega muestras memorables de humor geométrico (“Dark side of the spoon”), nos permite asistir a inquietantes partidos de fútbol (“Desconfianza ciega”), pone ante nuestros ojos metáforas sobrecogedoras sobre el mundo en que vivimos (“Los bárbaros”), nos explica cómo el desamor puede llegar a erosionarnos con singular eficacia (“Un pequeño problema”), nos obliga a ver cómo actúa un trío de depredadores huérfanos de piedad (“Los cazadores”) o nos deja claro que una serie de crímenes brutales pueden encauzar y mejorar tu vida (“El silencio de las fábricas”).
Dominador, versátil, ingenioso, arquitecto y druida, Ginés S. Cutillas consigue que no nos planteemos ni siquiera una pausa durante la lectura, porque la pluralidad de sus bellezas y logros es tan asombrosa y a la vez tan tenue que, simplemente, te sientes feliz mientras buceas entre las distintas historias. Piezas como “Fusilamiento preventivo” o “Notas falsas” tendrían que figurar en cualquier antología del género.

jueves, 31 de enero de 2019

Caso de duda




Los buenos libros de aforismos (porque también los hay abominables: no todo el monte es orégano) destilan un aroma a reposo y decantación que los vuelve un lujo para la inteligencia. El lector que decide bucear en sus páginas tiene que deslizarse sobre ellos con pausa, sin urgencias, dejando que su mensaje cale y se extienda por su cerebro: el matiz de los sustantivos, la intención particular del adjetivo, el verbo usado, el ritmo que se imprime a la frase… Todo cuenta para el buen escultor de aforismos; todo debe ser saboreado por el buen lector de aforismos.
Ocurre en Caso de duda, un delgado e intenso volumen de Andrés Neuman que editó Cuadernos del Vigía en 2016.
Allí se nos habla sobre amor frustrado (“Usted es una fiesta a la que no me invitan”), psicología (“El cincuenta por ciento de cualquier insulto es un autorretrato”), hedonismo (“El placer que se ahorra se malgasta”), la actualidad que nos rodea (“Los medios nos informan sobre aquello que causan”), paradojas emocionales (“Los pesimistas quieren evangelizarnos”), análisis anímicos (“El dolor es contenido. El lamento, forma”), costumbres vocingleras (“La gente que habla alto tiende a pensar bajo”), cleptomanías disculpables (“Alguien que roba un libro para leerlo es más respetable que alguien que lo compra y nunca lo lee”) o reflexiones sobre la escritura y la lectura (“Escribir: adelantarse a la memoria”, “Leer fabrica tiempo”).
Una obra llena de sabiduría, que nos suministra reflexiones hondas y perdurables sobre muchos aspectos de nuestra vida.

domingo, 19 de febrero de 2017

Vosotros, los muertos



Hay que ser muy atrevido, muy inconsciente o estar muy seguro de sí mismo para embarcarse en la composición de un libro de microrrelatos, porque se trata de un género tan exigente como ingrato. El límite entre la genialidad y la simpleza es, en él, más delgado y quebradizo que en ningún otro. Lo saben los estudiosos (y en Murcia tenemos a Basilio Pujante como elevado ejemplo) y lo sabemos también los lectores, que sufrimos noventa decepciones por cada diez alegrías.
Con Vosotros, los muertos, de Ginés S. Cutillas, nos encontramos por fortuna en el platillo bueno de la balanza, allí donde las sorpresas agradables, los guiños felices, los aciertos formales y los cierres impolutos dominan de forma clara. Y el autor valenciano no lo consigue por el camino fácil (es decir, acuñando un molde y geminando sus mecanismos), sino al método nietzscheano: actuando como un bailarín y exigiéndose un giro más complicado en cada vuelta, un salto más intrépido en su siguiente acrobacia.
Así, recurre a atrocidades sangrientas (“Asuntos de familia”); a humoradas lingüísticas (“Los cantones de mi casa”); a muertos que formulan legítimas peticiones (“Cemento”); a reuniones de antiguos alumnos de instituto, tan decepcionantes como melancólicas (“Memorias estancas”); al influjo de los pequeños movimientos sísmicos sobre la prosa del microrrelato (“Terremoto”); a ancianos que frecuentan pliegues espacio-temporales, para estupor y pánico de sus familias (“Los abuelos”); a curiosas meditaciones sobre las bifurcaciones que nos plantean en la vida y que nos obligan a elegir (“Vidas posibles”); o al modo en que ciertas costumbres pueden adquirir unas dimensiones inesperadas al cambiar de situación (“El siguiente”). Y, si me permiten una apreciación rigurosamente subjetiva, en sus páginas van a poder encontrarse la mejor historia que he leído jamás con un teléfono como eje del argumento (“Tiempos felices”).
El resultado es, como les digo, un volumen elegante, sin fisuras, pulido hasta la perfección y donde el autor de Un koala en el armario consigue una auténtica obra maestra del género. Vayan corriendo a su librería de confianza y háganse con él.