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lunes, 24 de octubre de 2016

El alba oscurecida



La historia bíblica es conocida: el viejo Abraham está destinado a convertirse en patriarca (su nombre nos indica que iba a ser “padre de muchas naciones”) y en el origen del pueblo elegido por Yahvé. Pero pasan los años y su esposa Sara no da signos de alcanzar gravidez, por lo que el siervo de Dios se inquieta y espera un signo que erosione sus dudas. Éste se produce cuando Sara le entrega a su sirvienta Agar para que conciba en ella un hijo varón que perpetúe su estirpe... Hasta ahí, el Génesis.
Pero de pronto llega la poeta Josefina Soria e introduciéndose en el corazón de la historia bíblica se formula preguntas. ¿Qué sintió la enamorada Sara cuando tuvo que decirle a su esposo que yaciera con otra mujer, obtuviera placer con ella y la dejara embarazada? ¿Cómo se sintió la esclava egipcia, al ser utilizada como una vulgar vasija? ¿Cuántas y cuáles fueron las lágrimas de una y otra? El resultado lírico es El alba oscurecida, que se publicó en Cartagena en 1978 y que estaba dedicado a Carmen Conde. El ejemplar en que he leído sus versos presenta dos curiosidades: la primera, que las páginas 19 y 20 no están (en su lugar, se repite la hoja 15-16); y la segunda, que pueden observarse varias correcciones con bolígrafo (¿de la propia autora?) en los errores tipográficos.
Inmerso en los deliciosos poemas del volumen me emociona comprobar cómo Sara nos explica que “ha encontrado la pena / el camino a mi sangre” y que, pese al dolor, “es difícil morirse. / El corazón no sabe y continúa”. Y la sierva Agar constata que sus horas “son hostiles” y que su amor deshabitado se desvela “al costado de las noches”.
Unas líneas para degustar con lentitud y en silencio, porque son alta poesía.

Admirable.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Es mi fiesta y lloraré si quiero




Los poetas e intelectuales que integran el grupo La sierpe y el laúd (treinta años de esfuerzo, recitales, publicaciones y difusión de la literatura) siguen dando a los enamorados de las letras una serie de pequeños libros valiosos, que reúnen bajo el nombre de Colección Acanto. El número ocho de la misma tiene como ilustre protagonista a la escritora albaceteña Josefina Soria, de quien se nos ofrece la obra que lleva por título Es mi fiesta y lloraré si quiero.
El poemario, que viene engalanado con magníficas ilustraciones de Isidro Ferrer, se abre con un texto lleno de luces (“Hora prima”), en el que Josefina nos presenta la vida como una inundación castálida, al modo de sor Juana Inés de la Cruz (Abro a la vida sus compuertas altas / y en resplandor me anego), y donde nos traslada una confesión luminosa: ¡Soy yo la que amanece! A ese bello poema situado en el inicio del día se le suman otros varios de similar textura y ambientación, como “Capricho del alba” o “Milagro de la luz”, que nos demuestran que el tono auroral de este inicio no es ocioso. Así, podemos descubrir en sus líneas que se acerca la mañana (18), viene el alba (19) y que el alba conserva su perfume (20), por ceñirme a tres páginas consecutivas. Y a partir de ahí, el contenido de esta obra delicada y breve es la vida misma: poetas que numeran sus sueños y que los van ordenando con delicadeza; muchachas de diecisiete años que sufren los golpes del amor; avalanchas de palabras y sentimientos que se ciernen sobre la escritora, cuando ésta permanece aún en la cama (“Asalto a medianoche”); las ansias de hallar la palabra exacta, perfecta, que complete el poema de amor que le ronda por la cabeza (“Desvelo”); una predicción leída en la prensa, que resulta suficiente para llevar la alegría al ánimo de la escritora (“Horóscopo de domingo”); un amor que le escoció, por su unilateral devoción sincera (“Deslumbramiento”)... Pero también en los versos de Josefina Soria aparecen con rotundidad, sobre todo en la segunda parte, las noches. Esos espacios de sombra, aislamiento y melancolía donde el alma se vuelve hacia sí misma, se repliega, se adensa, se aquilata. Esos instantes en los que se niega a dormir por si dormida yo / pasaras por mi lado y no te oyera (33); esos instantes atormentados en los cuales un fragmento de luna / atraviesa mi pecho, y de la herida / manan ríos de hielo (34)
Esa joven que ha vuelto a suspender las matemáticas (37) y que no hace más que llamar / al profesor de griego por tu nombre (38) es también aquella que escribe poemas tan memorables como “Era mi fiesta” y que certifica una verdad esencial para todos los seres humanos, sean poetas o no: En mi alma callada / nadie puede penetrar (43).
Si es verdad que cada rosa es la pacífica respuesta / que da el rosal / al caótico mundo ciudadano (47), sin duda podríamos decir que este hermoso libro de versos es la respuesta sensible, dulce, íntima, emocionante y plena que dio la poeta Josefina Soria para que todos pudiésemos escucharla y leerla.