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jueves, 10 de abril de 2025

Mucho pasado puede matarte

 


Se dirá mil veces y siempre serán pocas: qué complicado es crear un libro de cuentos que no sea una mera recopilación. Hace falta, primero, aquilatar cada una de las narraciones, pulirla, dejarla perfecta, tanto estructural como literariamente; y después hay que conseguir que el conjunto de las narraciones sea armónico, sin altibajos, sin desequilibrios. No vale que dos o tres de las historias sean magníficas, no basta que lo sean la mitad: han de serlo todas. Por eso, cuando cae en mis manos un volumen que cumple esas características me siento tan feliz y lo recorro con tanta gratitud. Es lo que ocurre con Mucho pasado puede matarte, del malagueño José Antonio Sau, de reciente publicación.

De sorpresa en sorpresa (siempre sólidamente redactadas), vamos descubriendo a verdugos que atraviesan una crisis y sufren sus consecuencias; a periodistas que son engañados en el desempeño de su labor profesional; a muchachos que se enamoran fatalmente de la persona equivocada; a mujeres que son capaces de anticiparse a la muerte de seres cercanos; a maestros que sufren un fusilamiento anómalo durante la guerra civil de 1936; a antiguos nazis que están a punto de ser capturados, muchos años después de haber escapado de la justicia; a tías que están seguras de escuchar voces de ultratumba; a empleados que, de pronto, incurren en la convicción de estar recibiendo mensajes extraterrestres; a drogadictos que lo único que quieren es ver de nuevo a su hija; o a niños que sufren el espectáculo de la violencia doméstica de su padre…

Poderoso en las tramas y elegante en la formulación literaria, José Antonio Sau nos dibuja con sus palabras un buen muestrario de horrores y grietas que, en síntesis, representan el mundo que nos cobija. Es un atributo que solamente pueden exhibir los grandes autores. Léanlo.

sábado, 7 de octubre de 2023

Penitencia



Una de las grandes lecciones que nos depara la vida (o que la vida simplemente nos ofrece y que nosotros deberíamos esforzarnos por aprender) es con quién no conviene meterse, porque podemos salir escaldados. Y una de las grandes lecciones que nos regala la literatura es el modo en que dicha astucia (en el caso de comprenderla) o dicha temeridad (en el caso de ignorarla) pueden generar una narración llena de claroscuros, indagaciones en el alma humana y dramas de contundente textura. En la novela Penitencia podemos observar cómo un gran narrador, Ismael Orcero Marín, moldea todos esos materiales y construye con ellos un libro lleno de interés, que además está embellecido por unas excelentes ilustraciones de Diana Escribano.

Estamos dentro de la prisión de la localidad y dentro de ella se nos pide que fijemos la mirada en Justin Evans, un capitán retirado del ejército (experto en operaciones especiales) que ha sufrido varios intentos “casuales” de asesinato y que, observada por parte de los responsables la inutilidad de los mismos, es subido a un furgón policial con dos vigilantes que lo han de conducir hasta el despacho de un juez. Pero Evans, que es perro viejo y que es consciente de que alguien ha puesto precio a su cabeza, comprende pronto que lo están llevando, esposado e inerme, al matadero. Al otro lado de la acción, conocemos a Turner, un eficaz pistolero implacable que ya ha matado a los tres compañeros de Evans y que, para terminar de cumplir su misión (encomendada por la todopoderosa doña Dolores y tutelada por el Colombiano), debe ultimarlo a él. Con esos ingredientes ya tenemos organizada la atroz cacería que vertebra la novela, donde menudean los disparos, las cuchilladas, las persecuciones, las sorpresas y un continuo olor a adrenalina, que empapa cada párrafo y que termina contagiando (así tiene que ser) a la persona que lee.

El resultado es espectacular, en mi opinión, porque Ismael Orcero no solamente es un atinadísimo orfebre de la prosa (basta con leer cualquier de sus libros anteriores para comprobarlo), sino también un observador atento y sagaz del alma humana, que es explorada hasta en sus pliegues más insondables. Quienes se acerquen a estas páginas no solamente van a recibir una sucesión de acciones trepidantes, sino una impecable y turbadora radiografía del Mal. Penitencia se sale, por arriba, del común de las novelas negras actuales.

jueves, 2 de marzo de 2023

Cuando todos sean sombra

 


Mi sentido arácnido de lector (que no juzgo infalible, pero que me permito creer que tampoco es flojo) ya se disparó cuando leí las primeras páginas de Manuel Susarte, en el verano de 2021 (Atropia, se llamaba el libro). Me pareció detectar en ellas a un escritor sólido, notable y digno de atención, cuyos méritos corroboré recientemente en su trabajo Literatura mínima. Y ahora, después de pasearme durante una semana por el interior de Cuando todos sean sombra (Cosecha Negra Ediciones), amplío y asiento mi juicio: es un escritor muy sólido, muy notable y muy digno de atención. Ya lo tengo absolutamente claro: no fue una impresión equivocada.

El planteamiento de arranque de esta novela es perturbador: la policía comienza a descubrir cuerpos de suicidas que, pocas horas antes de poner fin a sus vidas, se tatuaron una imagen relacionada con el modo de su muerte: un faro (quien se ahoga en el mar), una locomotora (quien se lanza al paso de un tren), etc. ¿Qué diablos está ocurriendo? ¿Qué macabra conexión existe los dibujos y la manera de escapar del mundo? Y, sobre todo, ¿qué protocolos nauseabundos vinculan al tatuador responsable de las imágenes con el deseo de morir de sus clientes? El inspector Imanol Ugarte, que se encarga del caso, está tan confundido como nosotros; pero no dejará que la perplejidad lo bloquee. Ni siquiera cuando descubra que en 1943 ya se produjeron unos hechos similares en la ciudad (siete suicidas, tatuados con imágenes relacionadas con su muerte). Ni siquiera cuando descubra que en 1903 también se produjeron siete suicidios con el mismo e inquietante leitmotiv. ¿Un imitador? ¿Una cadena de homicidas que proceden según un ritual cíclico y truculento? Permítanme que no les dé más pistas: la genialidad de Manuel Susarte no merece que destripe su ingeniería novelesca. Pero les aseguro que si acometen la lectura de esta obra no la olvidarán fácilmente: ni por su lenguaje, ni por su estructura, ni por la sobrecogedora explicación final, ni por lo que ocurrirá años después de que acabe la novela.

No lo duden: Cuando todos sean sombra, de Manuel Susarte (Cosecha Negra). Están tardando.

viernes, 23 de diciembre de 2022

Una investigación laica

 


En ocasiones, los viajes intrascendentes pueden desembocar en situaciones que se tiñen de un color inesperado para sus protagonistas. Es lo que sucede en la novela Una investigación laica cuando varios componentes de la Ertzainza se desplazan hasta Fuenrota, un pequeño pueblecito de la provincia de Burgos, para ayudar a uno de ellos a que vacíe la vieja casa familiar. El anterior propietario, José, fue asesinado en el año 1993, sin que jamás se descubriera al culpable; y los agentes, al comienzo de una forma superficial y después con verdadero ahínco, se obstinan en arrojar luz sobre los hechos, pese a ser conscientes de que en aquella aldea carecen de toda jurisdicción.

Poco a poco, van apareciendo los nombres de los posibles sospechosos, a los que van aproximándose, interrogando y descartando, mientras un temporal de nieve (que de pronto adquiere dimensiones espantosas) los deja aislados. Ahora sí que disponen de todo el tiempo del mundo para rastrear las pistas, que son mucho más abundantes de lo que al principio podían haber pensado.

La última narración de Laura Balagué, fiel a los mecanismos del género, nos va llevando de hipótesis en hipótesis de una forma rápida, y nos facilita posibles móviles y posibles culpables, hasta que llegamos (casi en el borde del precipicio) al sorprendente y doloroso final de la obra.

Si esta Navidad nieva, la ambientación para su lectura será impecable.

miércoles, 8 de junio de 2022

Los muertos de las guerras tienen los pies descalzos

 


Que el género negro es ahora mismo uno de los más frecuentados y leídos de España no es información que pueda sorprender a nadie: los escaparates de las librerías están repletos de títulos de esa temática, proliferan las Semanas donde se habla de ellos (Getafe, Gijón, Valencia, Cartagena, Córdoba), hay editoriales que publican mucho y bueno en el ámbito negro (estoy pensando en Erein) y los periódicos ofrecen continuas informaciones en sus páginas culturales sobre sus autores más significativos.

Precisamente ahora acabo de terminar una novela de ese tipo, que me ha gustado y que tiene la particularidad de que dos autores experimentados del género (Alfonso Gutiérrez Caro y Antonio Parra Sanz) unen sus plumas para redactarla. Y no sólo unen sus plumas, sino que unen (en un consorcio simpático y altamente eficaz) a sus criaturas narrativas, que suman fuerzas para resolver un complicado caso: Alfonso Gutiérrez aporta a Samuel Alonso, quien recibe el encargo de localizar a un chico llamado Cristian; y Antonio Parra añade a Sergio Gomes, que debe localizar a una chica llamada Carmen. Los hilos de sus largas investigaciones los llevan a confluir en Mister Witt, mítico local cartagenero; y deciden trabajar juntos después de descubrir que Carmen y Cristian son pareja.

Si quieren disfrutar este verano de una novela negra (o regalarla), pueden acudir a Los muertos de las guerras tienen los pies descalzos, editado por Cosecha Negra Ediciones. Quizá les guste.