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martes, 24 de agosto de 2021

El suplicio de las moscas


Invierto unas horas en leer un libro enigmático (inteligente, pero también oscuro) de Elias Canetti, titulado El suplicio de las moscas, que traduce Cristina García Ohlrich (Anaya & Mario Muchnik, 1994). Sin duda, se trata de un escritor que se sabe sujetar bien el cíngulo del aforismo, aunque reconozco que en determinadas ocasiones (quizá porque ignoro el contexto que genera algunas de sus reflexiones, quizá por su brevedad excesiva) se me escapa el sentido de sus palabras. Es una especie de tiniebla seductora, en la que creo ver luces y figuras… cuyos contornos exactos se me desdibujan. Me pasa también con Nietzsche, con Schopenhauer, con Pavese, con Ferlosio: autores admirables con los que me esfuerzo por estar a la altura.

Me gusta cómo bromea con el paso del tiempo (“Confiaba en vivir mucho tiempo sin que Dios se diera cuenta”), con la condición luciferina de ciertas personas (“Es tan malo que sus oídos se asustan de su lengua”), con la trascendencia vital del conocimiento (“No se puede aprender impunemente”), con la insuficiencia perpetua del saber (“El que ha aprendido bastante no ha aprendido nada”), con el irónico análisis de un carácter (“Es inteligente como un periódico. Lo sabe todo. Lo que sabe cambia cada día”), con las exégesis oníricas (“Ningún sueño es tan descabellado como su interpretación”) o con la ternura que provoca la inmadurez (“Qué convincente suena todo cuando se sabe poco”).

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Las voces de Marrakesh



Resulta curioso que, no gustándome nada viajar, me gusten tanto los libros de viajes, los volúmenes donde quienes sí frecuentan paisajes distintos, países que no son el suyo y atmósferas diferentes, anotan sus impresiones. Me ha vuelto a ocurrir con el tomo Las voces de Marrakesh, de Elias Canetti, que traduce José-Francisco Yvars y publica el sello Pre-Textos.
En sus páginas me he paseado por el mercado de camellos ante la muralla en Bab-el-Khemis; he visitado bazares de especias y marroquinería; he asistido a través de los ojos y los oídos del escritor búlgaro al espectáculo interminable del regateo (“Podríamos pensar que existe mayor variedad de precios que personas distintas sobre la Tierra”); he escuchado la salmodia repetitiva y hasta cierto punto hipnótica de los ciegos que mendigan en la ciudad; he sabido de la inconveniencia de hablar en la calle a las mujeres que llevan velo; he conocido algunos vericuetos del barrio judío (el Melah); he contemplado con respeto los minaretes (“Faros habitados por una voz”); y me ha asombrado, sin entender el idioma (como a Elias Canetti, que tampoco lo entendía), el poder seductor de los cuenteros del mercado.

Ese mundo abigarrado, especial, tórrido, donde se abrazan la felicidad y el hambre, la pobreza y la dignidad, queda retratado bellamente en un volumen que me siento dichoso de haber encontrado y leído.

domingo, 18 de febrero de 2018

Apuntes 1992-1993




Continúo con la lectura de Elias Canetti. Son ahora los Apuntes 1992-1993, en la traducción de Juan José del Solar (Anaya & Mario Muchnik, Madrid, 1997). Pero esta vez, por desgracia, no me ha gustado. La cantidad de informaciones y de reflexiones que me han llegado de su lectura se han reducido muchísimo con respecto al volumen anterior, que reseñé hace poco. ¿Se fue volviendo Canetti más y más críptico con la vejez? ¿Recortó demasiado la conexión lógica de sus pensamientos? ¿Se enclaustró en un cierto autismo autorreferencial? No lo sé. Sólo sé que me paro a meditar los aforismos y soy incapaz de desentrañarlos y saber a qué se refiere. Obviamente, eso reduce el placer lector y anula (al décimo o vigésimo reto “traductor” frustrado) todo interés para mí. Se impone un barbecho con este autor.
“(La psicología) Amplía los enigmas que pretende resolver”. “Uno se enamora de una mujer para destruirle su pasado”. “Nada desea tanto el viejo como impartir consejos”. “Es indiferente lo que lea, siempre quiere decir algo él mismo”. “Sólo cuenta el saber vacilante”. “¿Cómo puede querer pasar por sabio alguien que se conoce?”. “El hombre es un leño que se arroja él mismo al fuego”. “Los inadaptados son la sal de la Tierra”. “De quien mucho dice se olvida incluso lo poco que podría quedar”.

miércoles, 31 de enero de 2018

Apuntes (1973-1984)



Reincido en Elias Canetti, en su libro Apuntes (1973-1984), traducido por Genoveva Dieterich (Círculo de Lectores, Barcelona, 2000). Me sigue pareciendo un autor inteligente, aunque se me escapan algunos de sus hilos mentales y no comparto otros (su clara antipatía literaria por Borges, que para mí es un dios de las letras). Lo negativo de estos volúmenes donde se alinean de forma vertiginosa los aforismos —siempre lo he pensado— es que te obligan a una concentración ajedrecística o filosófica. Me gusta más descubrir por mí mismo las “sentencias”. Pero seguiré insistiendo en este autor, estoy seguro.

“Insoportables, los que siempre se creen auténticos”. “La extraña idea de Ha. de que se puede luchar contra todo menos contra la muerte. Como si hubiera otra cosa contra la que tuviéramos que luchar”. “La historia de la propia vida le parece a uno tan aburrida porque no ha sido realmente inventada”. “Amo demasiadas cosas. Debería amar todavía más”. “Los ancianos están tan solos que les perdono incluso sus riquezas”. “¿Podríamos tener aún esperanzas para el pasado?”. “Sigo sin creerme que tengo que morir, pero lo sé”. “Nubes de palabras usadas, ¿qué lluvia van a dar?”. “Un dolor que se olvida no es un dolor”. “Dios se mantiene demasiado quieto, como uno que acecha. ¿Qué?”. “Empieza de una vez a plantear las preguntas a las que nunca llegarás a responder. Lo has evitado durante demasiado tiempo”. “Un amigo para respirar juntos”. “La palabra más imprecisa de todas: yo”. “El que supera la alabanza la merece”.

viernes, 18 de marzo de 2011

El Pentateuco de Isaac



Guionista y realizador cinematográfico, Angel Wagenstein (nacido en la ciudad búlgara de Plovdiv en 1922) ha desarrollado también una interesante labor como novelista que comenzó, sorprendentemente, a la avanzada edad de 70 años. Su primer fruto fue El Pentateuco de Isaac, que en España publica con acierto Libros del Asteroide gracias a la traducción de Liliana Tabákova, y que lleva el largo subtítulo de "Sobre la vida de Isaac Jacob Blumenfeld durante dos guerras, en tres campos de concentración y en cinco patrias".

En esta obra excepcional seguimos el relato en primera persona que nos dirige un pobre infeliz, hijo de un sastre judío, que desde los 18 años ha visto cómo su existencia, por el capricho de los políticos, los militares y los visionarios, ha estado sometida al albur de los combates, los campos de concentración, las persecuciones, los cambios de nacionalidad y la pérdida de sus seres queridos (entre ellos, su esposa e hijos). Eso no le impide contarnos su peripecia con serenidad y con altas dosis de humor (hay bastantes chistes sobre judíos en esta novela). Entre lágrimas, persecuciones, estupor, hambre, azares que le han salvado la vida y un sinfín de pormenores que dejo al libre descubrimiento de quienes lean la obra, la narración de Isaac constituye un fresco inigualable de la Europa del siglo XX. Sabe que le ha sido asignada una vida compleja ("No he sido la piedra del molino, ni el agua que la hace girar: he sido la harina", nos dice en la página 17), y que lo fácil hubiera sido acusar a Dios de sus desventuras ("Si Dios tuviera ventanas, hace tiempo que le habrían roto los cristales", página 62), pero también nos explica que lo importante es contar el dolor y luego seguir caminando, llenos de esperanza ("Hay tiempos para arrojar piedras y tiempos para recogerlas y construir con ellas", página 251).

Sin duda, una de las novelas más lúcidas, estremecedoras y completas que se pueden leer sobre la Segunda Guerra Mundial, desde el punto de vista literario y desde el punto de vista humano.