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sábado, 14 de febrero de 2026

Oscuro vuelo

 


Hace unas semanas (es mi particular reina maga de Oriente), Marta me regaló un libro de poemas que se titula Oscuro vuelo, del madrileño César Rodríguez de Sepúlveda (Bajamar Editores, 2022). Es una obra delgada, pequeñita, con menos de cincuenta páginas; pero la belleza que contiene y la elegancia de su composición la convierten en mucho más que un libro de bolsillo: es una concha marina, una pluma que baila en el viento, una lámina que no es oropel sino oro.

Como siempre hago con los libros de poesía (mis hijos deben de pensar que estoy mal de la cabeza), he leído cada texto en voz alta, dejando después que lo rodee el silencio. Y en estas líneas he encontrado una respiración cultural que me ha entusiasmado, porque Rodríguez de Sepúlveda nos habla de varios cuadros, que él recrea con versos espléndidos (Mondrian, Pollock, Vermeer, Coninxloo); de escenas relacionadas con el mundo de la religión (una interesante reflexión sobre la rebeldía de Lucifer, una diapositiva sobre la forma en que Yahvé se ensañó con la inocente curiosidad de la esposa de Lot, unos versos sobre el estupor malbaratado de quien, como Lázaro, solamente deseaba descansar); de referencias literarias que harán las delicias de los amantes de Homero o Julio Cortázar; y también de composiciones que los enamorados al cine (“Vivir para ver”) y los odontólogos (“Sala de espera”) disfrutarán de forma especial. Y, como cierre, un poema que me gustaría copiar aquí, pero que prefiero que disfruten por sí mismos acudiendo al libro: se titula “Despedida” y no les va a resultar fácil sustraerse a su embrujo.

Poemario hermoso, sólido y poliédrico, que me ha convencido de principio a fin.

Qué alegría tenerlo en mi biblioteca y en mi blog.

viernes, 5 de enero de 2024

Misivas del desvelo

 


Hay que escuchar siempre a los poetas con mucha atención, con los sentidos afilados al máximo, porque cada palabra, cada coma, cada silencio, están en sus líneas planeados para que recubran el mensaje y permitan el acceso solamente a quienes realicen el esfuerzo emocional de vibrar en la misma onda. En Misivas del desvelo, la nueva mostración poética de Anabel Úbeda Bernal, creo que obra ese principio desde la primera página, cuando invoca los nombres de José Cantabella para hablar de una isla, de Izal para hablar de cimientos y de Alfonsina Storni para hablar de un corazón “que ninguno entiende”. Ya tenemos desde ahí insinuados, acuarelados, entrevistos, los senderos por los que debemos caminar para entrar en la poeta.

Y apenas hemos caminado unos pasos, ya descubrimos una cueva desde la que emerge una voz (“Eres un grito en la inopia / sin un hogar más definitorio / que el del aislamiento”); y comenzamos a preguntarnos, con la autora, cómo somos (quiénes somos) cuando nos miramos en la mirada de los demás (“Se emborronan los pixeles de tu reflejo / cuando te reproduces en extraños”); y nos planteamos dudas sobre la (in)comunicación que establecemos con los demás, y hasta qué punto nos enriquece o lacera ese vínculo (“Tu llanto es un secreto en las espumas, / dos agallas emergen de tu sien, buceas en el silencio / tallas un deseo que no llegará a la otra orilla”). Caminamos por un territorio sensible, inestable y donde se mezclan con pudor (y también con ráfagas de acrimonia) las aristas y las arenas movedizas: el lector que se adentre en este manglar ha de tener cuidado y, sobre todo (muy importante esta advertencia, en mi opinión), ha de estar pendiente de las señales de tráfico. En estas páginas, esa función vi(t)al la cumplen las cursivas. No se avance rápido sobre ellas: deténgase la mirada y reflexiónese sobre lo que intentan, en el fondo, comunicarnos.

Estás a punto de sumergirte en un prontuario de lágrimas, de desafíos, de daños, de súplicas, de desnudeces, de corazones abiertos; en un vademécum de zozobras y de brazos tendidos. Deja que tus pupilas se mezan con las notas de ese vals triste que Anabel Úbeda te propone. Te asombrará la densidad de colores y de reflejos que el diamante de sus palabras irradia sobre tu propio corazón.

Es hora de empezar.