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viernes, 18 de julio de 2025

Después nos hicimos grandes

 


En todas las vidas hay encrucijadas, puntos de inflexión o episodios oscuros, que, sin que quizá seamos conscientes, se convierten en centros neurálgicos del vivir. Pueden ser decisiones equivocadas, pueden ser separaciones erróneas, pueden ser acciones que, pese a su aspecto indistinto, excavan un lago negro en nuestro corazón. Rara vez detectamos esos episodios, hasta pasado un tiempo. Rara vez descubrimos que, desde que se producen, somos esos episodios, ya para siempre. La bilbaína Elena Alonso Frayle reflexiona en los diez relatos de este volumen (que se titula Después nos hicimos grandes y que, tras obtener el premio Camilo José Cela 2023, fue publicado por el sello Trea) acerca de esos instantes.

En sus páginas descubrimos a niñas que provocan una muerte aciaga con la simple enunciación de una frase provocadora; al chico que mantiene un extraño diálogo con un camionero; a la preadolescente que, sola en casa, juega con el fuego de la provocación erótica a través de una ventana; al hombre que, tras la muerte de su tío Andrés, registra sus papeles para descubrir quién fue en realidad su misterioso amigo Enrico del Regato; a la bella anciana que, después de enviudar, decide embarcarse en un crucero de lujo para visitar la isla de Redonda (de la que fue rey el escritor Javier Marías) y cumplir así con la voluntad de su esposo; a la mujer envarada y de carácter agrio que, muchos años después de vivir un trauma infantil, decide trasladar su ponzoña a quien fue su compañera en aquella lejana situación… Todos los personajes viven aquejados por una culpa, impregnados por un mar de lágrimas o rodeados por una cortina de nieblas; y todos han de resistir los zarpazos de viejos traumas.

Magistral en la formulación literaria, Elena Alonso Frayle convierte esos traumas en relatos de sofocante intensidad, en cuadros psicológicos de intenso fulgor; y deposita en nuestras manos un volumen espléndido de cuentos, que conviene leer despacio y con toda concentración.

domingo, 20 de marzo de 2022

El hilo conductor

 


Me adentro en un nuevo y estupendo libro de relatos de Elena Alonso Frayle, que se titula El hilo conductor y que, tras haber obtenido el primer premio en el XVI Concurso de cuentos Manuel Llano y ser publicado por Tantín Ediciones, alcanzó merecidos aplausos en el certamen Setenil del año 2014, del que fue finalista. Son ocho historias donde la maestría formal de la escritora bilbaína queda bien patente, y que nos invitan a sumergirnos en mundos narrativos altamente seductores: la obstinada ocupación de una mujer que pierde la cabeza y se apresta a la labor de escribir sobre todos los seres humanos que han existido (“La ingravidez de las hojas”); el viaje a Grecia que emprende una pareja a punto de casarse y que les permitirá conocer a Fernando, soñador, farsante o metáfora (“Algo en el aire”); la visceral pelea que enfrenta a dos hombres sobre la arena ardiente de una playa, en presencia de sus hijos (“La sombra del padre”); la mujer que adquiere postales eróticas para satisfacer una fantasía de su esposo y que terminará construyendo con ellas su propia y secreta fantasía (“El cuarto cuerpo”); el hijo de padres divorciados que, por un fallo en la coordinación entre ellos, se ve obligado a pasar un mes de verano en un campamento, donde conocerá a un niño bielorruso (“Contar estrellas”); o la forma asombrosa en que confluyen las vidas, dolores y esperanzas de cuatro mujeres que, situadas en puntos muy distintos del planeta, se verán unidas por una misión espacial de la NASA (“El hilo conductor”).

Un volumen talentoso y de agradable lectura, que ocupa un puesto destacado en la bibliografía de la autora.

miércoles, 7 de agosto de 2019

La mala entraña




Otra sorpresa agradable para empezar el mes de agosto: los magníficos relatos que forman La mala entraña, de Elena Alonso Frayle, publicados por la editorial isleña Baile del Sol, donde se analizan con escrupulosa exactitud y con encomiable belleza literaria multitud de emociones del ser humano.
Aquí nos encontramos con chicos aburridos y malévolos, que no dejan de planear y ejecutar gamberradas (telefónicas y personales), hasta que su líder pergeña una que incluso a ellos les provoca un escalofrío (“La mala entraña”); o descubrimos la inquietante electricidad sexual que se genera entre una madre lactante y su joven vecino discapacitado (“Misericordia”); o contemplamos qué siente y cómo se comporta la hija de un etarra cuando su progenitor se encuentra en los últimos días de una enfermedad terminal (“La buena hija”); o nos desasosiega el corazón el modo en que una mujer madura aprovecha el fin de semana en que sus hijos y su marido se encuentran fuera para recuperar la relación con un viejo amante parisino de su juventud (“La calle de Mary Quant”); o nos subimos en avión con una madre amargada, triste e iracunda, que viaja a Nueva York para acompañar a su hija antes de que sea tarde (“Amados hijos muertos”); o nos enfurecemos con la crueldad sádica de una sirvienta, que atormenta a una niña rica con imágenes perturbadoras (“El ojo de Dios”).
El volumen, elegante y airoso, no decae en ningún momento, y demuestra que la autora (varias veces finalista del premio Setenil, además de ganadora de premios como el Alandar o el Ala Delta) es un valor firme de la narrativa actual, con un impresionante futuro. Conviene estar pendiente de sus libros: nunca defraudan.