jueves, 6 de mayo de 2021

Solo con hielo

 


Me sumerjo en las páginas de Solo con hielo, el volumen de relatos que Talentura le publicó en octubre de 2014 a Silvia Fernández Díaz, una autora que, como se indica con sencillez en la solapa del tomo, “compagina el trabajo administrativo con el aprendizaje en cursos de escritura creativa”. Y me encuentro con una veintena de narraciones que cubren un arco temático muy variado y sugerente: dos niñas que no aceptan la nueva situación familiar que ha generado su madre; un hermano que trama una larga venganza contra su gemelo, por antiguas deudas jamás olvidadas; una esposa que logra denunciar a su maltratador; unos padres que se pliegan a las tropelías de su vástago; una mujer que no admite de buena gana la nueva situación sentimental de su hijo; la propuesta indignante que una joven triunfadora desliza ante los ojos de su amiga fracasada… Todos ellos son relatos muy correctos que nos presentan la labor meticulosa de una aplicada narradora.

miércoles, 5 de mayo de 2021

Fiume

 


Es cierto que nuestras vidas son ríos que van a dar a la mar, que es el morir (por usar la fórmula serenamente aterradora, aterradoramente serena, que Jorge Manrique popularizó en el siglo XV); pero no es menos cierto que, en su fluir, esos ríos van generando modificaciones en el paisaje por el que transitan. De tal modo que el balance existencial no solamente incluye el líquido que se mueve, como en un principio podría sospecharse, sino también los derrubios estáticos que genera.

Tristam Vedder fue, en 1919, un periodista del New York Tribune que se acercó hasta el Estado Libre de Fiume, un experimento prefascista ideado y dirigido por el escritor Gabriele D’Annunzio, para entrevistar al famoso Vate. Esa experiencia lo marcó de tres maneras distintas: la primera, en el campo profesional; la segunda, en el ámbito ideológico (se le quedaron adheridos muchos tics e ideas de raigambre totalitaria, de los que tuvo que irse desprendiendo luego de forma traumática); la tercera, en el terreno sentimental (descubrió el amor profundo al lado de Sarah, una mujer bella y enigmática que quizá también fue amante de D’Annunzio). Tres décadas más tarde, Vedder vuelve a Italia, acompañado por su esposa Cynthia, su hija Laura y su yerno Nathan, con un objetivo doloroso y tal vez catártico: visitar el sitio donde fue abatido su hijo Ben, una de las últimas e inútiles víctimas de la Segunda Guerra Mundial. En ese viaje laten (en las dos acepciones del verbo: palpitar y ladrar) unas contradictorias emociones, que zarandean a Tristam y que lastiman su ánimo: la pésima relación con Cynthia (de la que está seguro que va a divorciarse), el desprecio que le provoca el insulso Nathan (al que considera un paleto), los recuerdos tumultuosos que provienen del ayer… Vedder se convierte desde el principio en la piedra angular sobre la que Fernando Clemot construye Fiume, una novela densa, desgarrada, turbadora, que indaga en los orígenes cenagosos del histrionismo fascista y que nos advierte sobre la facilidad con la que puede sucumbirse a ese tipo de ideologías, en las cuales “el abismo del todo era el único límite” (p.31) y que deja a los seres humanos “preparados para el fanatismo” (p.52).

Dueño de una escritura sólida y convincente, el escritor barcelonés consigue en esta obra unos retratos magistrales (los de D’Annunzio o De Carolis impresionan de principio a fin), un dibujo agrio sobre las peores sombras del ser humano y un fresco impagable sobre el auge y la pudrición (nunca la muerte absoluta) de las ideas nacionalistas.

Para quitarse el sombrero.

martes, 4 de mayo de 2021

Padre (2002-2016)

 


Lo explica con exactitud conmovida el autor en la nota que figura en la página 51 de este tomo: “Padre (2002-2016) es una obra integrada por veinticinco poemas que hablan de mi padre, desde el instante preciso de su muerte hasta el momento en que sus cenizas son esparcidas catorce años después”. Esos poemas, muy distintos entre sí pero atravesados todos por una emoción hondísima, expresan de manera clara la voluntad de Coriolano González de recortar (en el recuerdo, en la emoción, en el ayer y en el hoy) la figura de su progenitor, aquel hombre que le fabricó su primera cometa (p.24) y que unos años más tarde estaba ya sometido a “la humillación del velatorio” (p.27).

Algunos de los textos provienen de volúmenes publicados con anterioridad por el poeta isleño (Otra orilla (Cuadernos de Guillermo Fontes), en 2006, o El tiempo detenido, en 2008), pero también incorpora algunas composiciones inéditas, que completan la visión y el homenaje añadiéndole perfiles, matices y ángulos de una desoladora hondura. El resultado final es un libro estremecido y sobrio a la vez, que conmociona al lector en cada verso y que a muchos nos recuerda las lágrimas, las reflexiones, las congojas y las orfandades que nos asaltaron cuando tuvimos que atravesar por el mismo trance que el poeta tinerfeño.

Esta antología, oportunísima y desgarradamente humana, apareció a finales de 2020 bajo el auspicio de Ediciones La Palma.

lunes, 3 de mayo de 2021

Azul ruso


De vez en cuando me gusta encontrarme con libros que, saliéndose de los cauces más o menos trillados, me ofrecen propuestas literarias distintas. Y es evidente que Patricia Esteban Erlés ha cumplido esa misión en su libro de relatos Azul ruso (Páginas de Espuma), un volumen que llegó a ser finalista en el premio Setenil del año 2010. La autora de Zaragoza, lejos de plegarse a moldes clásicos, inventa formatos más creativos, juega, se aventura, se arriesga. No se refugia en sólidas estrategias sedimentadas por la tradición, sino que dibuja su propio espacio y lo dota de colores únicos. Frente a Newton (permítaseme la broma), la mecánica cuántica.

Partiendo de esa posición de pirueta y funambulismo podría haber edificado una obra “moderna” (esto es, fulgurante y rápidamente vieja, explosión y ceniza), pero ha conseguido algo más difícil: unas narraciones sólidas, aplomadas, con aire de eternidad, en las que nos ofrece segmentos de vidas inolvidables para el lector. Nos llena los ojos con trabajadores de tanatorio, dependientas tristes, exparejas a las que se ha olvidado de manera imperfecta, pluriempleados que descubren con languidez la infidelidad de su esposa, viajeros que perdieron a su familia en un accidente aéreo, mujeres de nombre borgiano que convierten a los hombres en gatitos indefensos, drogadictas que esperan con ansiedad una llamada de teléfono, profesores que han abandonado su vida conyugal y comienzan a lamentarlo, superhéroes cansados o mujeres que siempre se han sentido inferiores a su hermana.

Habilidosa y dueña de unos magníficos recursos verbales, Patricia Esteban Erlés, creadora de charcos que “tartamudeaban nubes” (he subrayado dos docenas de hallazgos literarios de ese esplendor), me ha convencido plenamente. Repetiré.

domingo, 2 de mayo de 2021

A veces un caballero


Vuelvo cíclicamente a las recopilaciones de artículos de Javier Marías, y siempre salgo del volumen con la agradable sensación de haber disfrutado con la prosa y con los argumentos y enfoques del escritor. En ocasiones, me muestro conforme con él; en ocasiones, no. Esto se me antoja tan natural como sano. Pero me gusta de forma invariable la manera en que se introduce en los temas y la solidez con la que desarrolla sus razonamientos. Rara vez lo encuentro estridente, o vengativo, o atrabiliario, o mezquino. Al contrario: suele parecerme ponderado, respetuoso y firme en unas convicciones (lingüísticas, cívicas, literarias) que son también las mías, pese a que en muchos casos se trate de actitudes “a contracorriente” (odios al gregarismo, al ruido, al silencio hipócrita, a la desfachatez de tantos políticos, etc).

Sé que el tiempo desmenuzará o vaciará de contenido algunos de estos artículos, al diluirse los referentes personales que los sustentan (el criminal Arzallus, el polémico Álvarez del Manzano), pero sé también, o al menos intuyo, que el fondo permanecerá intocado, porque Marías nos habla de arquetipos, más allá de las menudencias coyunturales. No estará Javier Arzallus, pero estará cualquier otro antropoide que justifique o azuce los crímenes; no estará Álvarez, pero vendrá un nuevo alcalde prevaricador, desconsiderado o fraudulento, aquí o allá, repitiendo dislates.

En resumidas cuentas, que una vez más me convence el escritor madrileño y que no me extrañaría repetir dentro de poco con otro libro suyo.

sábado, 1 de mayo de 2021

El hotelito

 


Cuando se entra en las páginas de esta obra de teatro de Antonio Gala (que se estrenó en 1985 en el teatro Carlos III de Albacete, y que leo en la edición que tres años más tarde preparó Ediciones Antonio Machado) no hay más remedio que esbozar una sonrisa, porque contemplamos las agrias, y risibles, y verduleras, y constantes disputas entre cinco mujeres, que representan a otras tantas partes de España: Carmiña (Galicia), Rocío (Andalucía), Monserrat (Cataluña), Begoña (País Vasco) y Paloma (Madrid). Pero conforme se avanza por el texto se va ensombreciendo el ánimo, pues las pendencieras muchachas están discutiendo entre sí porque se han propuesto vender el hotelito donde viven (y que tiene diecisiete dormitorios) a una extranjera que ha decidido invertir su capital en esta compra. Descubres entonces que son nietas de "Isabel y Fernando" (p.21) y que las últimas reformas del edificio las hizo "el tío Paco" (p.30). Y adviertes la dimensión seria que la obra tiene: estamos hablando de España, de sus agravios históricos, de sus cuentas pendientes, de sus desigualdades, de sus atrocidades y hermosuras, de sus odios larvados, de sus robos y esplendores y mezquindades.

Escuchando las cinco voces escuchamos la variopinta y estruendosa voz de la Historia, la voz de las Españas, las voces de España, el catálogo de traiciones y esperanzas frustradas que el paso de los siglos incrementó hasta límites inauditos. Las chicas se miran con sorna, se insultan con acrimonia o con gracejo, se alían y se enfadan; y al final se tiene la sensación agridulce de que no pueden vivir juntas, pero que, a la vez, consideran inviable vivir separadas, porque lo que en realidad desean con más fervor es seguirse agrediendo las unas a las otras ("Si nos separamos, ¿cómo vamos a odiarnos?", suspira Begoña en la página 46).

Una obra ligera, pero quizá más solemne o profunda de lo que podría pensarse en un primer acercamiento a la misma, que Antonio Gala resuelve con donaire, chispa... y buena documentación histórica.