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domingo, 16 de febrero de 2025

Carmen Conde en la luz de sus palabras

 


Me siento muy feliz de saludar, puesto en pie, la aparición del libro Carmen Conde en la luz de sus palabras, del catedrático universitario Francisco Javier Díez de Revenga, columna imprescindible de nuestra docencia, nuestra investigación y nuestra crítica. Es una obra que publica la Real Academia Alfonso X el Sabio, en su colección Biblioteca Murciana de Bolsillo (Vol.164), y que contiene una valiosísima recopilación de los escritos que el autor le ha dedicado a Carmen Conde durante los últimos cuarenta y cinco años: desde los comentarios sobre El tiempo es un río lentísimo de fuego (1979) hasta los tributados a Pues soy mujer y escribiré (2024). Y es delicioso observar de qué manera tan hermosa los distintos escritos se van ensamblando entre sí, como los cristales de una vidriera, para convertirse en un espectáculo de luz y color, que nos entrega la forma entera (humana y literaria) de la escritora: sus primeros pasos como periodista y poeta; su admiración inicial por la figura de Juan Ramón Jiménez; su expansión nacional e internacional; su matrimonio con el también poeta Antonio Oliver Belmás; sus vínculos fraternos con María Cegarra, Amanda Junqueras o Miguel Hernández; la presencia del mar en sus versos; su condición de primera mujer que ingresó en la Real Academia de la Lengua; sus páginas (no tan conocidas) sobre la inicua explotación de los mineros o la crueldad de quienes vencieron en la guerra civil de 1936; ciertos documentos realmente espléndidos, que incluyen instancias redactadas por Carmen Conde, manuscritos de exámenes y otros…

El profesor Díez de Revenga explora y documenta desde una enorme cantidad de ángulos el vivir y el escribir de la cartagenera, logrando que rigor y cariño se unan en cada uno de sus análisis (aportaré un breve florilegio de adjetivos que le dedica en estas páginas: “inquieta” (55), “vehemente” (63), “original” (74), “apasionada” (77), “luchadora” (104), “inolvidable” (132), “intensa” (161), “pionera” (162)…), de tal forma que cuando cerramos el volumen experimentamos dos sensaciones muy fuertes: la primera, que nuestra admiración por la escritora se ha incrementado o, al menos, se ha despertado; la segunda, que Francisco Javier Díez de Revenga es, a su vez, un post-poeta, es decir, un ser sensible que crea belleza mientras rinde tributo a la belleza ajena.

Permítanme que les copie media página de este libro: aquella en la que el autor rememora cómo conoció personalmente a dos de los escritores que más han concentrado su labor como investigador: “Quiero yo recordar a la Carmen activa, siempre joven y decidida que yo conocí muchos años antes, la Carmen que contestaba a mis cartas cuando nadie hacía el menor caso de un joven licenciado indagador de pasados. La Carmen que vi por primera vez (ya nos habíamos escrito mucho) una tarde de Jueves Santo frente a la Iglesia de Jesús. Ella había acudido a oír a los Auroros, y Antonio Segado del Olmo, tan buen amigo, tan joven e impulsivo también, que la acompañaba, se apresuró a presentarme a ella. Recuerdo muy bien su reacción: “Este y yo ya nos conocemos hace tiempo”. Sería 1976. Luego vendría el reconocimiento nacional, la Academia, que elevó a Carmen a la cima del mundillo literario por ser una vez más, como tantas veces ha sido, una gran excepción: la primera mujer que entraba en el sagrado recinto. Me invitó Carmen a su recepción en la Real Academia Española que presidieron los Reyes, entonces muy jóvenes (1979), y recordaré siempre aquel acto entrañable, una tarde fría de domingo de enero, porque a la salida alguien me presentó a Gerardo Diego, y volvió a ocurrir lo mismo. No nos habíamos visto nunca, pero ya éramos viejos conocidos” (p.126).

Otra maravilla de Francisco Javier Díez de Revenga, que enriquece los anaqueles de mi biblioteca.

sábado, 5 de noviembre de 2022

Salzillo, la procesión y los escritores

 


Tres son los caudales que, ya desde el título de la obra, nos indican qué podemos encontrar en el último trabajo del profesor Francisco Javier Díez de Revenga: el mundo del arte (en concreto, la escultura), el ancho espacio de la devoción religiosa y el universo de la literatura. Esos tres latidos se unen para nutrir las páginas de Salzillo, la procesión y los escritores (Real Academia Alfonso X el Sabio, 2022), donde se recopilan los artículos que el autor ha ido publicando durante el último cuarto de siglo en la revista Nazarenos de la Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Murcia. En ellos, se acerca con gran detalle a los escritores que sintieron curiosidad y admiración por las figuras inmortales del imaginero. Por ejemplo, la gallega Emilia Pardo Bazán, que visitó Murcia en el otoño de 1899, tras la sugerencia que le formuló la marquesa de Salinas para que conociese personalmente las figuras de Salzillo. Por ejemplo, la cartagenera Carmen Conde, quien dedicó varios artículos de prensa (y una hermosa página de su libro Por el camino, viendo sus orillas) a las tallas barrocas de don Francisco, y de la cual nos ofrece Díez de Revenga una visión cercanísima (“Conocí personalmente a Carmen Conde […] en la puerta de la iglesia de Jesús la tarde del Jueves Santo, 15 de abril de 1976”, p.69). Por ejemplo, la detallada aproximación al libro que Antonio Oliver Belmás publicó en 1944 sobre la figura de Salzillo (con el seudónimo de Andrés Caballero) y que ilustró Luis Garay. Por ejemplo, la resonancia internacional que adquirió la figura del imaginero cuando en el año 1966 una editorial milanesa publicó un estudio de Giovanna Grandi, con asombrosas fotografías de gran creatividad y belleza (fotografías que, según nos cuenta Francisco Javier Díez de Revenga, se tomaron en su presencia, porque en aquel tiempo trabajaba como meritorio en el museo). Por ejemplo, la única visita registrada del gran filólogo Marcelino Menéndez Pelayo a Murcia (abril de 1898), en la que pudo presenciar la procesión del Viernes Santo, aunque por desgracia no acabase escribiendo sus impresiones sobre la misma. Por ejemplo, la celebrada llegada a Murcia en marzo de 1902 del poeta malagueño Salvador Rueda, quien terminaría componiendo dos sonetos dedicados al Ángel y a la Dolorosa de Salzillo. Por ejemplo…

El profesor Francisco Javier Díez de Revenga sabe; y, además, sabe contar. De ahí que sus libros no defrauden nunca, porque con ellos se aprende y se disfruta. Un lujo para los lectores.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Carmen Conde, desde su Edén

 


En la universidad española, como imagino que ocurre en los sistemas universitarios del resto del mundo, proliferan los docentes que, ensimismados en la comodidad muelle de sus cátedras, se abandonan a la pereza investigadora o a la concentración fervorosa sobre un diminuto tema, alrededor del cual giran hasta que el retiro académico los exonera de urdir más inútiles artículos. Pero también existe una reserva de profesores que, brillantes y laboriosos, trabajan de forma incansable para ampliar el campo científico de sus disciplinas. A este último grupo pertenece, desde hace años y con singular mérito, el catedrático y académico Francisco Javier Díez de Revenga, cuya espectacular trayectoria como investigador es conocida en las universidades de todo el mundo y ha sido aplaudida de forma unánime por los lectores que hemos tenido la feliz idea de leer sus libros para aprender.

Este mismo año ha visto la luz el último de ellos, titulado Carmen Conde, desde su Edén, que ha publicado la Real Academia Alfonso X el Sabio y que reúne más de trescientas apretadas páginas, en las cuales se nos facilita el acercamiento a la insigne escritora cartagenera y se nos explican sus vinculaciones con otros escritores de admirable estatura, como Gabriel Miró, Miguel Hernández o Juan Ramón Jiménez. El volumen se inicia con un análisis interesante y minucioso sobre las obras poéticas de la escritora, que el profesor Díez de Revenga va desgranando con sensibilidad y acierto. Después se sumerge en su producción teatral, de la cual afirma que “no está destinada a la escena, sino que, en realidad, sus textos, literariamente muy cuidados, son fronterizos y se aproximan a otros géneros como la poesía y la narrativa” (p.41). Aplaudiendo y recordando las conclusiones a las que sobre estas obras llegaron los profesores Virtudes Serrano y Mariano de Paco, el profesor Díez de Revenga nos conduce después al interior de algunas de sus piezas emblemáticas, como Mineros o Nada más que Caín (donde el influjo de Antonio Machado es tan notorio), que nos permiten comprender con más detalle su importancia.

Y si esos dos bloques primeros nos resultan enriquecedores en grado sumo, igual podría afirmarse del resto de la obra, donde el autor expone y estudia las relaciones epistolares de Carmen Conde con destacados intelectuales de su tiempo; nos informa sobre sus vínculos con la Revista de avance de La Habana (con la que mantuvo un estrecho contacto entre los años 1927 y 1930); o nos permite acercarnos, con delicadeza y con primorosos detalles, al lazo emocional que unió durante años a la cartagenera con la también escritora Amanda Junquera, desde que se conocieron en febrero de 1936, un poco antes de que los respectivos esposos salieran desplazados fuera de Murcia (el de Carmen, a Baza; el de Amanda, a Valencia).

En suma, un volumen que, además de ofrecer exhaustivos análisis sobre la vida y la obra de Carmen Conde, permite a los lectores aproximarse a una rica variedad de textos inéditos y de imágenes poco conocidas de la escritora cartagenera, conformando todos esos elementos un tomo exquisito y de valiosa densidad.

domingo, 24 de marzo de 2019

Gerardo Diego en sus raíces estéticas




Se quejaba hace años el eficaz futbolista Hugo Sánchez (y después lo ha hecho también el más eficaz aún Cristiano Ronaldo) de que los aficionados del Real Madrid no valoraran sus constantes goles por el hecho notorio de que fuesen, precisamente, constantes. Y al hilo de esa afirmación podríamos recordar la atinada sentencia de Francisco Umbral en la que advirtió que nada fatiga tanto a los seres humanos como un perpetuo vencedor. Yo he recordado ambas frases mientras leía este libro de Francisco Javier Díez de Revenga, vencedor perpetuo y lujo intelectual para Murcia.
La primera reacción, para quienes no conozcan demasiado la vida y la obra de este singular poeta del 27 (malherido por la justa fama de casi todos sus demás compañeros de promoción), estará teñida por una cierta frialdad, pues esbozarán la conjetura de que el volumen está destinado a especialistas, y que poco o escaso interés puede cobijar para los simples lectores de poesía o los enamorados de la literatura sin preparación filológica. Pero conviene desmontar cuanto antes esa hipótesis errónea, y enriquecerla con unos cuantos asertos de tanta verdad como contundencia: nadie puede entender y gozar con plenitud la belleza poética del 27 si no se aproxima a Gerardo Diego con humildad y con los ojos bien abiertos; nadie puede, tampoco, llegar a formarse una idea completa de este maravilloso grupo poético si no se adentra en los pliegues más desconocidos de sus vidas y sus obras; y nadie, en fin, podrá encontrar en mucho tiempo un trabajo tan equilibrado, denso y amenamente expuesto como el que el profesor Díez de Revenga (uno de los mejores conocedores españoles de la generación del 27) nos regala en estas páginas impagables.
En ellas nos encontramos a un Gerardo Diego que se interesa por la pintura, por el mundo de la música, por la arquitectura, por los toros, por la Historia de España, por los escritores de su generación (y también por los anteriores y los posteriores, en un loable ejercicio de humildad y buen gusto)… Y tenemos a un Francisco Javier Díez de Revenga que, conociendo miles y miles de detalles acerca de este versátil creador, nos los entrega en un perfecto orden, redactados con prosa elegante y consiguiendo que hasta el lector más escéptico se enamore un poco del escritor santanderino, y se proponga su lectura o relectura.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Las traducciones del 27




Que los integrantes de la generación del 27 fueron personas cultas y poetas de gran curiosidad intelectual no es afirmación que pueda ser puesta en duda. Viajaron por el mundo, enseñaron en universidades de varios continentes, leyeron a los mejores escritores en sus idiomas originales y, al fin, maravillados por la gran influencia literaria que de ellos recibieron, trataron de rendirles un tributo fervoroso y de más amplia repercusión: trasvasar aquellos poemas que tanto les habían impresionado al idioma de Cervantes.
El libro que hoy traigo a esta página recoge una amplia y escrupulosa antología de esos textos, patrocinada por la Fundación José Manuel Lara y con un estudio preliminar del profesor Francisco Javier Díez de Revenga, quien en medio centenar de páginas aborda (y borda) un recorrido luminoso por la actividad traductora de nueve miembros del 27: Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Emilio Prados, Luis Cernuda, Rafael Alberti y Manuel Altolaguirre.
Al final, después de todas las consideraciones técnicas y biográficas, el catedrático murciano aporta una cuidada bibliografía y una amplia selección de esas bellas traducciones (doscientas cincuenta páginas), donde descubrimos una nómina de escritores realmente prodigiosa, que podría servir como resumen de la cultura universal: Víctor Hugo, Mallarmé, Rimbaud, Shakespeare, John Milton, William Blake, Eliot, Walt Whitman, Leopardi, Petrarca, Hölderlin, Rilke, Pessoa, etc. (Sin olvidar las traducciones de otros autores peninsulares, cuyos poemas se redactaron en gallego o catalán, como Rosalía de Castro o Verdaguer).
En suma, un prontuario de gran amplitud que nos demuestra, una vez más, que los poetas del 27 no sólo fueron “la promoción más importante de la poesía del siglo XX” (p.11), sino un selecto grupo de intelectuales de gran porosidad, que se abrieron a otras lenguas y otras culturas y que nos legaron el testimonio de su entusiasmo.

lunes, 9 de julio de 2018

Hicieron historia



En ocasiones, la ignorancia sobre el pasado comporta matices de ingratitud que conviene solventar, porque nos abalanzan hacia el talud de la injusticia. Y una de las formas más inteligentes de hacerlo es escuchar con atención a las personas que saben. Es lo que debemos hacer en el caso del profesor Francisco Javier Díez de Revenga, quien ha vuelto a publicar una obra de valioso contenido. Se titula Hicieron historia, la ha publicado la Real Academia Alfonso X el Sabio y en sus páginas se aborda la vida y obra de cuatro murcianos insignes, a quienes quizá tributamos menos reconocimiento del que merecerían.
Comienza el recorrido con la figura de Diego Clemencín, celebrado comentarista del Quijote, cuya lírica no juzgó con demasiada benevolencia (“los versos me parecen, como generalmente los de Cervantes, mal”) pero que fue el primero en abordar el análisis de la inmortal novela con rigor académico. Tras él se detiene en Gerónimo Torres, deán de la catedral, copresidente de la Junta Revolucionaria (1868) y diputado a Cortes en dos legislaturas, además de Rector de la Universidad Libre de Murcia, ilusionante proyecto intelectual que se mantuvo solamente durante un lustro, por las dificultades económicas y el escaso número de alumnos.
A continuación se sumerge en las dos semblanzas más extensas, dedicadas a Enrique Fuster y a Emilio Díez de Revenga Vicente. Del primero se nos explica que fue conde de Roche, bibliófilo y estudioso de Saavedra Fajardo, así como presidente del Casino de Murcia. Apoyándose en numerosos recortes de prensa, el autor del libro nos detalla episodios tan curiosos como su participación en un banquete ofrecido al dramaturgo José Zorrilla o la invitación que cursó al polígrafo Marcelino Menéndez Pelayo para que visitase Murcia y pudiera conocer, durante la procesión de Viernes Santo, las tallas inmortales de Salzillo. Y al segundo le ofrece cien páginas de fotografías, detalles biográficos y curiosidades (su amistad con Azorín, su trabajo legislativo en apoyo de los registradores de la propiedad o la publicación de su inteligente libro Artículos adocenados), que nos resumen la figura de quien siempre mostró (lo leemos en la página 276 de este trabajo) “inquebrantable y permanente amor por Murcia, por sus tradiciones, por su cultura y por su literatura”.

sábado, 14 de octubre de 2017

Miguel Hernández: en las lunas del perito



Catulo, el bravo poeta italiano, lo dijo imperecederamente en una de sus páginas: “Difficile est longum subito deponere amorem”. En efecto: es casi imposible abandonar de pronto un largo amor. Y como “amor” conviene definir, porque el sustantivo resulta exacto, el vínculo que el catedrático Francisco Javier Díez de Revenga ha establecido desde siempre con la figura y la obra del escritor oriolano Miguel Hernández, sobre quien ha compuesto y dictado lecciones imborrables.
De ese fervor se nutre el volumen Miguel Hernández: en las lunas del perito, que acaba de ver la luz en la Fundación oriolana que lleva el nombre del poeta. Allí, reunidos en feliz orden, encontramos un buen número de detalles sobre el “genial epígono” del 27 (Dámaso Alonso dixit), sobre “el sorprendente muchacho de Orihuela” (habla ahora Juan Ramón Jiménez) o, si nos ceñimos al fulgor de la poesía, sobre el autor de las “Nanas de la cebolla”, la “Elegía a Ramón Sijé” o los versos incandescentes de El rayo que no cesa.
Con el acostumbrado rigor que preside sus trabajos, el catedrático murciano se acerca a la historia de cómo Perito en lunas se fue conformando (con octavas descartadas, con rectificaciones textuales) y vio la luz en la colección Sudeste (se reproduce incluso el contrato de edición en la página 27); nos aproxima hasta los dialectalismos que aparecen en los versos juveniles de Hernández; nos sintetiza jugosas anécdotas sobre la amistad que lo unió a grandes periodistas murcianos, como José Ballester o Raimundo de los Reyes; nos informa sobre las colaboraciones de Miguel con la Universidad Popular de Cartagena; nos explica las vinculaciones literarias y amistosas que lo unieron a los componentes del 27; nos aporta explicaciones acerca de las deudas que la poesía de Hernández tiene con Góngora y Quevedo, con Lope y con Calderón de la Barca, con Rubén Darío… pero también con el fresco y sencillo venero de la poesía popular, que humedeció sus raíces líricas de principio a fin; nos habla de sus conexiones con el artista murciano Ramón Gaya (ambos nacieron en octubre de 1910, con veinte días de diferencia); o nos transcribe unos versos donde el malogrado poeta de Orihuela llega a sugerir y anhelar “nada menos que el trasvase del Tajo y del Ebro a las huertas de Levante” (p.298).
¿Un libro para profesores? Qué duda cabe. ¿Un libro para especialistas y críticos literarios? Por supuesto que sí. Pero, sobre todo y ante todo, un libro para lectores enamorados de Miguel Hernández, para quienes se hayan sentido conmovidos hasta las lágrimas con sus versos. Porque, por encima de su erudición y de su vasta sabiduría, eso es Francisco Javier Díez de Revenga: un lector de Hernández que nos ayuda a entender mejor muchas de sus composiciones.

viernes, 15 de julio de 2016

Los poetas del 27



Es habitual que, cuando se produce la jubilación de un profesor universitario, se le tribute por parte de algunos de sus discípulos o compañeros de trabajo un volumen donde se recogen estudios en su honor o textos que él mismo ha redactado y que se unen bajo el manto de una publicación exquisita. Esto último es lo que acaba de ocurrir con el catedrático Francisco Javier Díez de Revenga, una de las figuras más sobresalientes de la intelectualidad murciana del siglo XX. Publicado por Editum, y con un delicioso prólogo firmado al alimón por Ana Luisa Baquero Escudero, Francisco Florit Durán y Mariano de Paco de Moya, el volumen nos ofrece medio millar de páginas en las que el insigne homenajeado nos traslada una ingente cantidad de informaciones sobre aquel impresionante elenco de poetas que formaron la llamada Generación o Grupo del 27: Federico García Lorca, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Luis Cernuda, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Rafael Alberti...
Conocedor insuperable de estos autores, el profesor Díez de Revenga nos lleva de la mano para que paseemos por los versos y prosas que redactaron estos vates irrepetibles, cuyas páginas él disecciona con inteligencia y finura, consultando sus libros, sus colaboraciones en revistas, las antologías donde se les acogió, las entrevistas que concedieron o los manifiestos que firmaron. En suma, condensando sus enciclopédicos saberes en un tomo imprescindible para la bibliografía del 27, donde nos habla de las vinculaciones de Picasso con estos poetas, del humor que desplegaron en algunas de sus composiciones, de la grata presencia de Murcia en algunos de los versos que redactaron, de la poesía que el maravilloso Vicente Aleixandre compuso durante la guerra civil de 1936, de las melancolías romanas de Rafael Alberti... Es decir, una constelación inmensa de versos, metáforas, temas, cartas, amistades y homenajes que nadie conoce mejor que el catedrático murciano.
Lo que diferencia este volumen de otros similares es que Los poetas del 27: Tradiciones y vanguardias no representa en la trayectoria del profesor Díez de Revenga “la obra de su vida”, sino la máxima expresión de una de las obras de su vida. Y no es lo mismo, ni mucho menos. Él, que ha investigado y escrito sobre Lope de Vega, Saavedra Fajardo, Buero Vallejo, Garcilaso, Juan Ramón Jiménez, Rubén Darío, Carmen Conde, Miguel Hernández, Castillo-Puche y más autores de los que caben en esta reseña (y quizá en toda una página), puede presumir de que su contribución a los estudios filológicos hispanos no es tan sólo el Everest, sino toda la cordillera del Himalaya: el K2, el Kanchenjunga, el Lhotse, el Makalu y los demás ochomiles.

No sé hasta qué punto los contemporáneos de Cervantes, Quevedo o Saavedra Fajardo eran conscientes (realmente conscientes) de las figuras egregias junto a las que el azar les había posibilitado convivir. Yo sí que tengo claro que recibir clases de Francisco Javier Díez de Revenga en la universidad de Murcia y tener la fortuna de leer sus libros ha sido un auténtico privilegio. Este volumen es una oportunidad más de reencontrarme con el Maestro.

jueves, 3 de marzo de 2016

Poetas españoles del siglo XXI



No es tarea fácil distinguir, entre el maremágnum de publicaciones líricas que anegan el mercado editorial todos los años, cuáles de esas obras sobrevivirán a la erosión del tiempo y quedarán como testimonio de calidad y de pureza para las generaciones futuras. Y la tarea resulta aún más ardua cuando el período de análisis no se circunscribe a un año, sino que se dilata hasta una década y media. Esta arriesgada exégesis es la que ha ejecutado el profesor y académico Francisco Javier Díez de Revenga en su valiosa contribución Poetas españoles del siglo XXI (Aproximaciones al mapa poético actual), cuyo primer volumen publica con elegancia inteligente el sello Calambur.
Para acometer esta ciclópea tarea, el estudioso debía atesorar al menos tres cualidades en grado sumo: un vastísimo bagaje de lecturas, una acendrada capacidad de selección y un riguroso estilo expositivo. Sin duda, el catedrático murciano brilla en los tres ámbitos, lo cual le permite trasladarnos unos juicios literarios de enorme valor, que extiende a autores de toda condición, edad o nivel de fama. Con transparencia y rotundidad, Díez de Revenga nos va diseccionando las figuras de José Manuel Caballero Bonald (“Poeta egregio, de muy larga y veterana trayectoria literaria, a quien los años han nutrido de lucidez y de conocimiento, y también de precisión para comunicar ansiedades, dudas, insumisiones y rebeldías”), Clara Janés (“Con un estilo brillante y muy personal, lacónico porque lo exige la materia tratada, con un verso que es expresión de un ansioso balbuceo, revelador tanto de inseguridad como de pasión por el conocimiento, formaliza la autora un estilo y un vocabulario únicos en la poesía española del presente siglo”), Pere Gimferrer (“Inagotable, apasionado, entusiasta poeta contemporáneo, arrebatado por su propia inspiración”), Jaime Siles (“Revela, a lo largo de su dilatado itinerario poético, coherencia y solidez, al unir la deliberación de su propio yo poético con la comunicación con el mundo a través del lenguaje, en la seguridad, en la convicción, de que la palabra poética tiene una potencia salvadora que, a su vez, convence y atrapa irremediablemente al lector”), Pascual García (“Es dueño, hace muchos años, de un lenguaje poético (y desde luego narrativo) de una gran fuerza expresiva. Domina plenamente los recursos más imaginativos para dotar a sus representaciones poéticas de verdad, pero también de naturalidad y elegante estilo. Sus formas poéticas muy clásicas, sus endecasílabos, alejandrinos y heptasílabos, claros y serenos, pero potenciadores de un ritmo necesario, confirman la calidad de un estilo inconfundible”) o José Cantabella (“Palabra natural, distendida, acogida en un verso elegante y dúctil, que imprime el ritmo de realidades que fueron, o que son, pasiones; palabra poética revestida tenuemente de realismo y de evidente sensualidad mostradora de realidades sublimadas o expresadas con desnudez”).

Podría seguir anotando citas, porque el libro está enjoyado de ellas, pero estimo que las seleccionadas son bastante ilustrativas de la capacidad que el catedrático murciano tiene para condensar en media docena de líneas sus reflexiones lentas y enriquecedoras. Son solamente seis ejemplos de los veintiséis excelentes trabajos que este volumen contiene, en los que Francisco Javier Díez de Revenga expone con insuperable agudeza su documentada visión sobre el panorama lírico de la España actual. Un tomo que no debería faltar en la biblioteca de ningún docente que se dedique a la enseñanza de la literatura.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Creación y memoria



De los grandes estudiosos de la poesía española (y sin duda el catedrático Francisco Javier Díez de Revenga figura en esa primera línea excelente) siempre cabe esperar volúmenes que enriquezcan nuestro conocimiento. Es lo que ocurre con Creación y memoria, una colección de escritos de José García Nieto y Gerardo Diego donde los dos poetas (ambos miembros de la Real Academia Española y ganadores del premio Cervantes) se observan el uno al otro, se analizan, se comentan y se elogian. Las dos fundaciones que llevan sus nombres colaboran en este tomo, que publica el sello Anthropos y que brilla por las descomunales erudiciones, siempre sorprendentes y crecientes, del editor... Leemos en estas páginas cómo Gerardo Diego constata que “una constante floración de revistas irrumpe por todos los jardines poéticos de España” (p.3), y entre ellas destaca la célebre Garcilaso, cuyo director es José García Nieto, quien fulge por “la diplomacia, el buen gusto y el equilibrio conjugador” (p.4). De ahí que se le pueda considerar con justicia como “nieto de Garcilaso” (p.6), “dueño de una seria elegancia” (p.7) que lo convierte en un “perfecto poeta” (p.22)... Por su parte, el ovetense aplaude como “acertadísima” (p.30) la elección de Gerardo Diego como académico y considera que en el panorama de la lírica nacional hay “pocos poetas tan necesarios, tan naturales” (p.37), porque resulta evidente que “entronca rigurosamente con esa serie de escritores que dan seriedad y fortaleza a nuestras letras” (p.41). En todo momento muestra su más rendida admiración personal y literaria por “el humano, el divino, el creacionista, el clásico, el libérrimo, el sumiso, el absoluto, el terrenal, el testigo, el delirante Gerardo Diego” (p.43), a quien considera “gloria ya de nuestro siglo” (p.51), porque a su condición de poeta excelso une la de “prosista inigualable” (p.62)... Esta rica colección de escritos se completa con un cuidado epistolario (que ocupa casi treinta páginas del volumen), con unos poemas (sólo dos de Gerardo Diego, por una docena del ovetense) y con dieciséis fotografías delicadamente escogidas donde se puede ver a ambos escritores en el Café Gijón, en una recepción de Adonais o en congresos de poesía... En suma, un volumen francamente curioso e interesante, donde podemos sentirnos más cerca de estos dos magníficos poetas gracias a la labor investigadora y unificadora del profesor Francisco Javier Díez de Revenga, uno de los ensayistas más laboriosos y eficaces del panorama nacional.

miércoles, 27 de junio de 2012

La novela política



Sería muy difícil encontrar en el panorama universitario español a algún docente que superase el ritmo de trabajo y publicaciones del catedrático Francisco Javier Díez de Revenga. Y no me refiero, como es natural, a publicaciones patéticas o ratoneras, del estilo de El diminutivo en las novelas de Emilia Pardo Bazán o Variedades florales en la poesía de Manuel José Quintana, sino a libros de investigación serios, valiosos, germinadores, que aporten algo útil a los lectores, estudiantes y profesores que vendrán después de nosotros. En el amplísimo catálogo de estudios del Dr. Díez de Revenga hay, desde hace pocas semanas, un nuevo título, editado en la colección Ensayos Literarios de la Cátedra Miguel Delibes, que dirige Mª Pilar Celma: La novela política (Novelistas españolas del siglo XXI y compromiso histórico). Está integrado por las lecciones que el profesor murciano impartió como curso de doctorado en el Graduate Center de la City University of New York en el año 2011, y supone un interesante recorrido por las páginas de veintiuna escritoras que han abordado en sus narraciones últimas algún aspecto destacable que se pueda relacionar con la sociedad y/o la política españolas. En este análisis gozan de un merecido espacio desde autoras provectas (Esther Tusquets) hasta jóvenes (Laia Fàbregas), que cubren un abanico temático y estilístico de notable vigor: terrorismo, delincuencia, malos tratos a la mujer, enfermedades mentales, conflictos de identidad, emigración, pobreza, disecciones psicológicas... Y para todos estos enfoques encuentra el profesor Díez de Revenga un comentario lúcido, un resumen inmejorable, que adoba con fragmentos de reseñas periodísticas tributadas a la obra en cuestión, construyendo así un mosaico riquísimo que ilumina de un modo diferente cada novela y extrae de ella lo más significativo y perdurable. De esa forma, nos hablará con respeto de la minuciosa, comprometida y galdosiana El corazón helado, de Almudena Grandes; del riguroso retrato sobre la burguesía pro-franquista catalana que aparece en Habíamos ganado la guerra, de Esther Tusquets; del universo colonial de El tiempo entre costuras, de María Dueñas; del completo y complejo dibujo que Mª Jesús Orbegozo lleva a cabo sobre el mundo vasco en su extensa narración Hijos del árbol milenario, o de la deliciosa reconstrucción que Cristina Cerezales elabora en torno a la figura de su madre, la también escritora Carmen Laforet, cuyos años finales estuvieron golpeados por la consunción y el silencio (Música blanca). En estas aproximaciones, el profesor Díez de Revenga no solamente resume y define, sino que también valora. Y esa decantación es otro de los ingredientes encomiables de este trabajo, porque nos traslada la autorizada opinión de alguien que, lejos de la asepsia estéril, se instala frente a las novelas y adopta una postura frente a ellas. Así, nos manifestará sin ambages que María Dueñas “merece plenamente el éxito editorial que está viviendo” (p.74); que la novela de Mª Jesús Orbegozo “no la consideramos una novela esta al uso” (p.88); que Dime quién soy, de Julia Navarro, “muestra carencias estructurales y argumentales a la hora de crear una novela completa, creíble y valorable” (p.104) y que, de hecho, “no se sostiene a pesar de las muchas páginas” (p.107); que la escena final de Landen (Laia Fàbregas) “es un tanto decepcionante” (p.159); o que Lo que me queda por vivir, de Elvira Lindo, es una novela de la que puede predicarse que es “posiblemente la mejor entre las suyas” (p.171). Estamos, pues, ante unas lecciones que desbrozan, interpretan y fijan un volumen de veinticinco novelas publicadas por mujeres en la primera década del siglo XXI. Obra de calidad llamada a convertirse en referencia.

lunes, 18 de mayo de 2009

Los poetas del 27, clásicos y modernos





Enfrentarse a la lectura de un libro del catedrático Francisco Javier Díez de Revenga sobre los poetas del 27 es siempre una tarea que enriquece y que deslumbra. Y lo es por varios motivos. En primer lugar, porque somos conscientes de que estamos leyendo las palabras de quien, según afirmó Santiago Delgado en su libro Apuntes murcianos de literatura, es “el más significado albacea literario de la crítica universitaria acerca de la Generación del 27”; en segundo lugar, porque siempre nos aporta unos enfoques nuevos sobre aquellos escritores, unos detalles en los que no habíamos reparado con anterioridad, un nuevo punto analítico desde el que contemplarlos; y en tercera instancia porque el profesor murciano redacta sus trabajos con sencillez y transparencia (lo cual no es tan frecuente en el mundo farragoso de la exégesis erudita). Ahora, el sello Tres Fronteras Ediciones nos acaba de iluminar con la aparición del tomo Los poetas del 27, clásicos y modernos en su colección de Estudios Críticos. En él, Francisco Javier Díez de Revenga nos regala un paseo impagable por la poesía satírico-moral de Pedro Salinas, por la primera vanguardia de Rafael Alberti, por el creacionismo de Gerardo Diego, por la visión de la ciudad de Nueva York que nos legó Federico García Lorca después de su estancia en tierras norteamericanas, por los poemas paradisíacos de Vicente Aleixandre o por la innovación y la revolución que supusieron los postulados líricos de Dámaso Alonso (amén de aproximaciones a otros poetas menos conocidos por el público general, como Manuel Altolaguirre o Emilio Prados, a los que Díez de Revenga ha dedicado estudios magníficos anteriormente). Pero es que, además de aportarnos un buen número de juicios inteligentes y de reflexiones de hondo calado, el catedrático murciano también desliza algunas anécdotas más “humanas”, como cuando explica en la página 36 que Pedro Salinas detestaba la coca-cola, y “no permitía que fuera bebida en su casa, en Estados Unidos”. Una sonrisa de vez en cuando también contribuye a que obras como ésta recubran de piel a los poetas más célebres de nuestro siglo. Particularmente, me han parecido deliciosos y llenos de apreciaciones de gran valor, el estudio que le dedica a García Lorca y las glosas a los poemas “Los insectos” e “Insomnio”, de Dámaso Alonso. Pero, insisto, todas y cada una de sus páginas encierran sabiduría y la transmiten con elegancia eficaz. Es el mejor elogio que se le puede hacer a un libro de este género. Los profesores de literatura tenemos un nuevo documento crítico al que aproximarnos para aprender o renovar nuestros conocimientos.