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jueves, 11 de mayo de 2023

Bienamada

 


Para Remedios Durán, la llegada de la menopausia coincide con la aparición en la vida de su marido de una nueva (y joven y atractiva) compañera de trabajo, de la que la atribulada esposa tiene la convicción de la que se enamorará. Ninguno de los dos protagonistas (que son miembros de una orquesta) es consciente de esta situación irremediable, pero la esposa (que es una reputada ilustradora) sí. Ve venir esa situación con pasos almohadillados de pantera, y no sabe cómo debe enfrentarse a esa situación. ¿Celos? ¿Despliegue de agresividad posesiva? ¿Tibia indiferencia? ¿Llanto? Lentamente, Óscar (al que Remedios llama “Neptuno” en la intimidad del hogar) va dejando que Cristina se incruste en sus vidas y en su casa: ensaya en el sótano, come o cena con ellos, charla con la hija del matrimonio y termina, en un proceso gradual pero irreversible, quedándose alguna noche a dormir. El proceso de conquista (que Remedios juzga desde el principio inocente, pero también imparable) alcanzará su culminación cuando Óscar se atreva a ir un poco más allá: sin duda, Cristina no opondrá resistencia.

Lentamente, gracias a los recuerdos infantiles y juveniles que Remedios nos va relatando, comprendemos los episodios menos luminosos de su ayer; y también las zozobras que, pese a su condición de mujer aún atractiva (corre por el monte todos los días y sigue utilizando la ropa de cuando tenía treinta años), destrozan su corazón con fiereza de zarpazos. ¿Dónde están los límites entre la conformidad y el miedo? ¿Cuál es el protocolo que debe observar frente a la sonriente y juvenil invasora?

Empar Moliner, con una prosa hipnótica y de gran poder psicológico (su retrato de la mujer que está ingresando en la “madurez” me ha parecido cautivador), nos entrega una novela de espléndida textura, que se va adentrando en la mente de los lectores con sencillez de agua, pero que, una vez dentro, se convierte en fuego, en termita, en túnel oscuro. Por obra y gracia de su talento narrativo, yo he sido una mujer menopáusica; he sentido el desgarro de la sustitución; he notado cómo necesitaba alcohol, o lágrimas, o correr por el monte; he notado el simún dentro de mi cabeza.

Admirable.

martes, 15 de junio de 2010

No hay terceras personas




Diez propuestas cuentísticas son las que Empar Moliner nos lanza en este bello tomo, elaborado con la difícil excelencia de la sencillez. Y fíjense bien en lo que estoy diciendo, porque es exactamente lo que quiero decir: la difícil excelencia de la sencillez. Entiendo que esa fórmula que manejo es la exacta traducción de lo que esta maravillosa escritora catalana consigue con sus páginas: dibujar con una desnudez inmejorable una serie de segmentos o de aristas de la realidad. Que no se esperen los lectores un despliegue apabullante de retórica, ni construcciones donde los juegos narrativos enarbolen su arquitectura. Nada hay de eso en este volumen. Lo que sí hay son historias muy bien contadas, donde los personajes femeninos (sobre todo los personajes femeninos) se elevan hasta cotas de acuarela emocional y donde los argumentos quedan en la memoria con su tenuidad de caricia. Así, la chica ignorante y mascachicle de “La sesión de maquillaje”, la actriz desaforada de “La pregunta es: ¿Por qué este cambio de registro?”, la servidumbre espeluznante que flota en las líneas de “Qué chica tan animosa” o, por no agotar los ejemplos, la demoledora historia que cierra el tomo, donde nos encontramos con una mujer que no es feliz con su marido ni con su amante porque, esencialmente, no es feliz consigo misma. Cuando acabé la lectura recuerdo que suspiré, pensando que hacía bastante tiempo que no me encontraba con un libro tan completo, y donde se me revelase una voz narrativa tan solvente y tan notable. Luego, acudí a la página web de la editorial y pude ver y escuchar una interesante entrevista con la autora, que me subyugó por su frescura. Tengo muy claro desde entonces que leeré el siguiente trabajo de Empar Moliner; y no es una sensación que experimente con frecuencia.