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viernes, 28 de agosto de 2026

Juntos, nada más


 

Paulette Lestafier es una anciana que vive sola y que comienza a ser acosada por la enfermedad de Alzheimer. Por suerte, dispone de la ayuda de su vecina Yvonne Carminot, que vela por ella. También lo hace, a su modo bronco y esporádico, su nieto Franck, que trabaja como cocinero y que alimenta solamente dos sueños: las motos y la creación de un futuro restaurante. Camille Fauque es una chica que, en el borde de la anorexia, vive en conflicto consigo misma y con su madre, con la que no consigue reconciliarse. Es una magnífica pintora, pero por alguna razón misteriosa no parece dispuesta a exponer o vender sus creaciones. De hecho, vive en una buhardilla infecta (prestada), trabaja como limpiadora nocturna (donde es amiga de una negra apodada Mamadou, que se niega a confesar su nombre auténtico) y, en el colmo del autodesprecio, se ha rapado la cabeza. Philibert, aunque de estirpe noble, sobrevive vendiendo postales en la tienda de un museo, mientras habita una enorme vivienda de la familia. Es tímido hasta la hipérbole y acumula en su hogar miles de libros, sobre todo de historia. Vincent es un chico que, atrapado por el mundo de la droga y habiendo tomado la decisión de desengancharse, es cobijado por Camille, quien pronuncia una frase que quizá resume perfectamente la situación: “Formamos una buena panda de lisiados”. Es verdad. Todos ellos han sido heridos en su niñez, de un modo u otro (padres que abandonan o desprecian, madres que se desentienden); todos han sido también heridos en la juventud (Camille tiene incluso una cicatriz en el hombro, causada por un antiguo novio irascible). Hay quien suele permanecer en silencio (Camille); hay quien tartamudea (Philibert); hay quien escupe palabrotas cada cinco segundos (Franck); hay quien olvida palabras (Paulette); hay quien no sabe qué palabras emplear (Vincent). Pero Anna Gavalda los reúne en esta espléndida novela y todos descubren que, respetando y arropando a los demás, quizá sean capaces de encontrar quien los respete y los arrope a ellos. De nada sirven las corazas cuando el objetivo es quedar sanado. De nada sirven los puñales cuando el deseo es recibir caricias. De nada sirve la soledad cuando la meta es ser feliz.

Una obra con fascinantes diálogos, con bellísimas conexiones humanas y donde no se utiliza la ñoñería para provocar lágrimas fáciles. Se disfruta.

viernes, 19 de abril de 2019

La amaba




Escondemos secretos y, en ocasiones excepcionales, incluso los podemos contar a alguien especial en un momento especial. Y si esa persona sabe escucharte con atención y toma un extremo del hilo, tirará de él con suavidad, con firmeza, hasta conseguir que te vacíes, que te expliques, que te digas.
En la novela La amaba, de Anna Gavalda (traducida por Isabel González-Gallarza para el sello Seix Barral), la oyente es Chloé, una mujer hermosa que acaba de ser abandonada por su marido y que trata de rehacer su sistema mental y su vida al lado de sus hijas pequeñas. El entorno en que se produce la confesión es una vieja casa de campo que pertenece a la familia de su marido. Y su interlocutor (el dueño del secreto) es Pierre, su suegro, un hombre de gran riqueza que siempre se ha caracterizado por su adustez, su carácter gélido y sus mutismos inaccesibles. Entre estos dos personajes se establece una curiosa química cuando, a través del diálogo que mantienen, ambos descubren que les unen más cosas que Adrien (el marido de una e hijo del otro). En concreto, les une el hecho de haber sufrido un durísimo revés: haber perdido al amor de su vida.
Chloé piensa que la actual esposa de Pierre (Suzanne) es la única que ha reinado en el corazón del empresario, porque la aparente insensibilidad del mismo lleva a pensar en un hombre refractario a las dulzuras del amor. Pero se equivoca… Y lo que escuche durante los siguientes días va a poner del revés todas las ideas preconcebidas que tenía sobre su suegro.
Elegante, sutil, finamente psicológica, construida sobre una dinámica de frases cortas, la novela de Anna Gavalda resulta tan fluida como convincente y permite acceder a los meandros íntimos de una historia amorosa inesperada.