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domingo, 14 de junio de 2026

El secreto de Papá Noel

 


Todos sabemos (y quien no atesore ese conocimiento debería poner remedio a su ignorancia cuanto antes) que el trabajo más duro del mundo es el que desarrolla Papá Noel, porque ha de cubrir las ansias de regalos y satisfacer las ilusiones de millones y millones de personas en el transcurso de una sola noche. Melchor, Gaspar y Baltasar, al menos, son tres, y la cosa anda mejor repartida; pero lo de Papá Noel es tan admirable como inconcebible. Todas sus horas de trabajo son, rigurosamente, extraordinarias. Pero incluso los personajes como él están sujetos a circunstancias que no pueden (ay) controlar, como ese inoportuno dolor de muelas que le sobreviene la tarde del 24 de diciembre y que amenaza con destruir todo el trabajo de sus duendes (que llevan un año fabricando juguetes) y toda la ilusión de sus renos (que se preparan para el largo viaje que los llevará por el mundo). Ningún dentista podrá acudir y curarlo en el plazo de unas pocas horas. ¿Qué hacer, entonces? ¿A quién recurrir? ¿De qué estrategias valerse para que los niños (y no tan niños) no queden desilusionados en esa noche mágica?

Alfredo Gómez Cerdá, felizmente auxiliado en la parte gráfica con las maravillosas ilustraciones de Carmen García Iglesias, nos relata el modo en que Papá Noel logró resolver aquel peliagudo conflicto del que, hasta ahora, nadie había tenido noticia. Léanlo con sus hijos pequeños y miren sus caras. Oro puro para el recuerdo.

sábado, 26 de abril de 2025

El negocio de papá

 


Que un padre cambie de negocio puede resultar, para su hijo, una anécdota sin más importancia… o transformarse en un drama. En El negocio de papá, de Alfredo Gómez Cerdá, asistimos a una historia donde ocurre lo segundo, porque cuando Ricardo decide sumarse al cambio la vida familiar dará un vuelco terrible. Durante mucho tiempo, él ha sido un humilde carpintero, que ha ganado lo justo para mantener su casa, pero desde que su cuñado comenzó a incordiarlo con la idea de que el barrio se estaba modernizando y que lo inteligente era convertir la carpintería en un local de copas todo ha ido de mal en peor. Y, ojo, no porque el negocio fracase, sino todo lo contrario: porque se convierte en un éxito arrollador.

Pronto, el dinero comenzará a multiplicarse en casa: cambiarán de muebles, de hábitos de vida, de coche… El problema será que su hijo comprende desde las primeras semanas que su padre no es feliz. A él le ilusionaba trabajar con sus manos y ser carpintero. Lo de ahora está bien (el río de billetes inunda la casa), pero no ha traído la dicha. Algo habrá que hacer al respecto.

Agradable narración, que he leído en voz alta para mi hijo Jorge, en sesiones nocturnas de diez páginas, y que lo ha hecho sonreír más de una vez.

jueves, 11 de junio de 2015

Barro de Medellín



Alfredo Gómez Cerdá es uno de los escritores juveniles más premiados y más reconocidos (más justamente reconocidos, añadiré) de España: raro es el libro que, saliendo de sus manos, no consigue situarse entre los más leídos por nuestros niños o adolescentes. En el año 2008, por ejemplo, constituyó un auténtico éxito su composición Barro de Medellín, que mereció el premio Ala Delta y que ilustró deliciosamente Xan López Domínguez. En 2009 le habrían de conceder, además, el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil.
Nos cuenta la historia de Camilo y Andrés, dos amigos inseparables que logran sobrevivir en un barrio pobre y marginal de Medellín (Colombia), y que deben luchar contra dos imágenes que les torturan: a Camilo lo persigue como un atroz estigma la embriaguez creciente de su padre, que se vuelve cada día más violento y que lo obliga a traerle alcohol, utilizando para ello los gritos y hasta la intimidación física; a Andrés lo persigue el hecho vergonzante de que tanto su padre como su abuelo se ganen la vida robando. Pero un singular edificio instalado cerca de sus casas variará el rumbo de sus vidas: la enorme y bien surtida biblioteca, a cuya inauguración acudieron los reyes de España unos meses antes. Allí se encuentran a Mar, simpática y comprensiva bibliotecaria, y un océano de libros que, al principio, sólo servirán para ser robados (de hecho, Camilo logra cambiar uno de ellos por una botella de licor para su padre).
Finalmente descubrirán que dentro de aquellos volúmenes se esconden la dignidad, el cambio y la posibilidad de ingresar en el futuro por una puerta menos mugrienta que la que ellos han conocido hasta ahora.

Sin ñoñerías, Alfredo Gómez Cerdá nos demuestra que, en ciento cuarenta páginas, se pueden concentrar muchos instantes de buena literatura, y que los mensajes educativos no tienen por qué ser plúmbeos.