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domingo, 17 de diciembre de 2023

Del desorden y la herida

 


Que levante la mano quien no haya sufrido una herida. Que levante la mano quien no se encuentre o se haya encontrado aturdido por el desorden durante una etapa de su vida. Que levante la mano quien no guarde dentro del corazón o de la memoria un buen caudal de lágrimas, de decepciones, de desgarros. Sería inútil que esperase más tiempo: nadie la alzará. Tampoco podrían hacerlo, como seres humanos que son, los protagonistas de la novela Del desorden y la herida, que supone el debut en el género de Salva Robles, en el sello Talentura. Ya lo conocía como poeta (Y tú, por tanto, otra cosa, que quedó consignado en este Librario íntimo), pero ahora amplío mi juicio con sus páginas en prosa, que son elegantes, sólidas y, sobre todo, están muy bien pensadas. Tres son los factores que, en mi opinión, convierten este libro en una experiencia lectora de primera magnitud: el primero es la forma en que construye a sus personajes, dotándolos de un grave espesor de emociones, pensamientos y traumas. No son planicies ni clichés, sino entes vivos, baúles llenos de sombras, pasillos que necesitamos recorrer enteros para conocer sus auténticas dimensiones, árboles con brotes verdes y también con ramas secas. Y lo más admirable es que realice ese esfuerzo narrativo con una franja de edades muy amplia: desde adolescentes que sufren acoso escolar hasta adultos traumatizados o devorados por la culpa. En ninguno de ellos flaquea la exactitud del dibujo. El segundo factor llamativo de la novela es el modo en que Salva Robles se acerca hasta los dolores íntimos de sus personajes: con ternura, pero también con rigor. Para mostrar la hondura de sus corazones tiene que usar (no hay más remedio) el bisturí, aunque previamente anestesia y calcula: que no brote más sangre de la necesaria, que no se inflija más dolor del imprescindible. Es un cirujano de almas, no un matarife visceral. El tercer factor (el que conforma, a la postre, el cuerpo visible de la novela) es el lenguaje que maneja, elegante y sólido, como he indicado arriba: un perfecto equilibrio entre lo coloquial y lo culto (cada personaje, su registro), un desarrollo rítmico de la prosa, una utilización inmejorable de las revelaciones, los recuerdos, los porqués.

Si andan buscando para estas Navidades una novela que contenga amor, dolores, infidelidad, búsquedas, ilusiones, decepciones y una estructura que los mantenga pegados a las páginas, me atrevo a sugerirles esta.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Y tú, por tanto, otra cosa



El amor que nutre las páginas de Y tú, por tanto, otra cosa no puede tener un inicio más natural ni más sencillo: “Empezamos siendo dos vidas desconocidas”, nos asegura Salva Robles casi en el inicio del poemario. Pero pronto esos senderos iniciales se fueron “agostando entre las sombras” y brotó el itinerario común, que se llenó de películas, manos, libros, ojos, música, labios, cuadros y piel.
Todo cabe en esta acumulación sedimentaria o explosiva de sensaciones: el brote lírico que puede surgir de cualquier producto de belleza (“Cosmética necesidad”); la hermandad dulce que forman las pupilas y los dedos a la hora de buscar un libro en la estantería (“Aspiración”); la cotidianidad lánguida de todos los objetos y paisajes que rodean el amor (“No olvidemos, vida mía, / que más allá de nosotros / están los semáforos, el lavavajillas, / los bancos y la ropa para planchar”); o el sofá donde la pasión ultima y aquilata sus detalles de fuego.
Entregado a la ceremonia de las palabras, el poeta alcanza cimas como el texto de la página 45, que no me resisto a transcribir:
“Quiero habitarte.
Tú eres la casa por amueblar
en la que caben esas estanterías
que ahora me sostienen.
Repisa a repisa,
espero derramarme sobre ti
como si a la vez yo fuera
un libro que quieres leer
y un espacio que necesito ocupar
para leerte”.
Todo el poemario burbujea con instantes voluptuosos, filosóficos, cultos, sensuales, reflexivos, que obligan a los lectores a sumarse a su dibujo interior, del que termina impregnado.

Deliciosa obra, en verdad.