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viernes, 5 de junio de 2026

Mi profesorado favorito


 

La gratitud es uno de los atributos que con más nitidez y con más vigor nos habla de una persona, porque comporta matices de reconocimiento, de humildad, de alegría y de divulgación. Supone decir “Siento orgullo por haber conocido a esta persona y lo manifiesto públicamente”. Lo cual, en tiempos de egolatría, de vanidad y de altivez como los que vivimos, en los que sentirse “discípulo” se antoja desdoro y en los que pocos se avienen a reconocer sus deudas intelectuales o humanas, es alto y noble sentimiento. Pascual Vera Nicolás, adhiriéndose a esa línea egregia, acaba de publicar el volumen Mi profesorado favorito, donde informa de aquellas personas que, en su vida, han cumplido un papel digno de aplauso y apuntación.

En esa enciclopedia emocional habitan lecturas, cafés, charlas y anécdotas que se extienden por décadas, de tal forma que las doscientas ochenta páginas del tomo se aproximan al espíritu de un diario: mucha emoción, mucha intimidad, mucha sinceridad. Pascual Vera nos habla del venerable Manuel Muñoz Cortés (que vino a Murcia tras haber trabajado con Menéndez Pidal), del bioquímico José Antonio Lozano Teruel (“que comenzó la democratización de la UMU”), del traductor Ángel-Luis Pujante (cuyas versiones de Shakespeare son legendarias), de Javier García del Toro (“El Indiana Jones cartagenero”), de Francisco Javier Díez de Revenga (gloria viva de la universidad española), del filósofo Jorge Novella (quien siente debilidad por María Callas y por el buen vino), de la filóloga Charo Guarino (a la que atribuye el don de la ubicuidad), de la incansable promotora cultural Isabelle García Molina (responsable del Aula de Poesía de la UMU) o de los escritores Aurora Saura, Santiago Delgado o María Dueñas.

Nadie en su sano juicio elevará protestas porque falte esta o aquella persona, pues el autor ya establece desde el posesivo del título su espíritu subjetivo. Tampoco nadie en su sano juicio dejará de acercarse a este tomo si quiere conocer a algunas de las personas más valiosas de la cultura murciana, desde María Moliner hasta la actualidad. Muy recomendable.

sábado, 21 de febrero de 2026

El cine en la educación de los españoles

 


Hay pocas cosas más satisfactorias en el mundo que estar atrapado por una pasión noble. Y si esa pasión, además, te sirve para refinar tu gusto, incrementar tu cultura, enriquecer tu tiempo y ensanchar tu alma, es probable que sientas la necesidad de compartir con las demás personas tu entusiasmo. Eso explica que se redacten y se publiquen volúmenes como esta maravilla de Pascual Vera Nicolás, El cine en la educación de los españoles, que editaron conjuntamente la UNED y Editum.

En sus páginas no solamente se analiza la importancia capital que el cine tiene desde hace décadas en la conformación de nuestras vidas (nuestras referencias visuales, nuestros ídolos, nuestros modelos de comportamiento, incluso algunas de nuestras frases), sino el papel imprescindible que desarrolla en nuestros hábitos, nuestra forma de pensar. Y como el autor es consciente de que no puede existir “ninguna cinematografía que pueda dar la espalda totalmente a la realidad en la que ha sido generada” (p.25) se sumerge en un impresionante ejercicio de análisis que conecta películas y elementos sociológicos de la España de las últimas décadas. Recurriendo a diálogos y secuencias memorables de cientos de obras (el recorrido anonada por su ambición), Pascual Vera disecciona y explica las férreas conexiones entre la “realidad” y su conversión en imágenes, mostrando que el cine y la vida dialogan, se dan la mano, se conectan e impregnan entre sí. En ese sentido, recomiendo de forma especial la intensísima y valiosa sección cuarta del tomo (“La representación de la realidad social española a través del cine (1966-2000)”), donde utiliza innumerables películas de Pedro Lazaga, Manuel Gutiérrez Aragón, Mariano Ozores, José Luis Garci, Fernando Colomo, Pedro Almodóvar, Jaime de Armiñán, Fernando León de Aranoa, Bigas Luna, Josefina Molina, Luis García Berlanga, Carlos Saura o José Luis Borau para explicarnos de qué manera sus títulos han servido como reflejo del país en que surgieron; y de qué forma nos hablaron de temas tan interesantes como el amor, el matrimonio, la infidelidad, el machismo, la represión franquista, la homosexualidad, la emigración, la política o la educación de la época.

Pero, por encima de todos sus valores ensayísticos (que son muchos y que asaltan al lector en cada página que recorre), el atractivo principal de este volumen es, en mi opinión, la manera en que nos despierta volcánicamente las ganas de ver, o volver a ver, muchas de las películas que se mencionan en el texto. Solo por eso ya tendríamos que darle las gracias a Pascual Vera puestos en pie y aplaudiendo.

lunes, 25 de abril de 2022

De buen ayre e de fermosas salidas

 


Después de dos semanas leyendo el libro a pequeñas dosis (no quería que se terminara: es delicioso), concluyo De buen ayre e de fermosas salidas, la bella y bien compensada “Crónica de 777 años de la Universidad de Murcia (1243-2020)” escrita por Pascual Vera, donde me he encontrado con infinidad de detalles que no conocía sobre el lugar donde cursé mis estudios superiores.

Ignoraba, por ejemplo, que su primer rector (ateniéndonos a la nomenclatura de la modernidad) fue Mohámed Ibn Ahmed Ibn Abubéquer, el célebre Al-Ricotí; o que la primera mujer matriculada en sus aulas fue (en el año 1915) Gabriela Fernández Váquer, que venía ni más ni menos que desde Filipinas; o que Caridad Sánchez Ledesma fue la primera mujer que consiguió licenciarse (y con unas calificaciones altísimas), allá por 1927; o que la única librería universitaria que había en Murcia en 1917 era La Covachuela (lugar mítico donde yo mismo compraba revistas culturales, setenta años después).

Tras haber leído hace pocos días la obra La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero, me emociona volver a encontrarme en las páginas de este libro con la polaca Marie Curie, que se entrevistó en Murcia con el rector José Loustau (sin que existan, ay, fotografías de aquella visita ni de aquel encuentro). Como también me ha emocionado encontrarme referencias e imágenes de la cartagenera Carmen Conde (que visitó la universidad en mayo de 1936), de la genial lexicógrafa María Moliner (que impartió clase en sus aulas y que no pudo ser conocida por Gabriel García Márquez por motivos de salud, pese al interés extraordinario del novelista) o de la unionense María Cegarra (que cursó en sus aulas la carrera de Química). Y no menor conmoción me han provocado las imágenes (que nunca había visto) de las dependencias universitarias convertidas durante 1937 en hospital de guerra.

Y si nos acercamos a tiempos más modernos, qué voy a decir de las fotografías (para mí entrañables) de Manuel Muñoz Cortés, Francisco Javier Díez de Revenga, Mariano de Paco o Pedro Olivares, a quienes me he ido encontrando en mi vida, y de quienes he aprendido infinidad de cosas. O de la sonrisa que se me ha puesto en la cara al ver de nuevo una imagen del primer ejemplar de la revista universitaria “Campus”, en la que participé, si no me falla la memoria, desde el número 2.

En suma, que Pascual Vera me ha enseñado lo que ignoraba y me ha recordado lo que amaba, todo ello con una selección estupenda de informaciones, imágenes bellísimas y una prosa pulcra y admirable. ¿Se le puede pedir más a un libro? Yo me pongo en pie ante volúmenes como éste.

viernes, 15 de julio de 2016

Los poetas del 27



Es habitual que, cuando se produce la jubilación de un profesor universitario, se le tribute por parte de algunos de sus discípulos o compañeros de trabajo un volumen donde se recogen estudios en su honor o textos que él mismo ha redactado y que se unen bajo el manto de una publicación exquisita. Esto último es lo que acaba de ocurrir con el catedrático Francisco Javier Díez de Revenga, una de las figuras más sobresalientes de la intelectualidad murciana del siglo XX. Publicado por Editum, y con un delicioso prólogo firmado al alimón por Ana Luisa Baquero Escudero, Francisco Florit Durán y Mariano de Paco de Moya, el volumen nos ofrece medio millar de páginas en las que el insigne homenajeado nos traslada una ingente cantidad de informaciones sobre aquel impresionante elenco de poetas que formaron la llamada Generación o Grupo del 27: Federico García Lorca, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Luis Cernuda, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Rafael Alberti...
Conocedor insuperable de estos autores, el profesor Díez de Revenga nos lleva de la mano para que paseemos por los versos y prosas que redactaron estos vates irrepetibles, cuyas páginas él disecciona con inteligencia y finura, consultando sus libros, sus colaboraciones en revistas, las antologías donde se les acogió, las entrevistas que concedieron o los manifiestos que firmaron. En suma, condensando sus enciclopédicos saberes en un tomo imprescindible para la bibliografía del 27, donde nos habla de las vinculaciones de Picasso con estos poetas, del humor que desplegaron en algunas de sus composiciones, de la grata presencia de Murcia en algunos de los versos que redactaron, de la poesía que el maravilloso Vicente Aleixandre compuso durante la guerra civil de 1936, de las melancolías romanas de Rafael Alberti... Es decir, una constelación inmensa de versos, metáforas, temas, cartas, amistades y homenajes que nadie conoce mejor que el catedrático murciano.
Lo que diferencia este volumen de otros similares es que Los poetas del 27: Tradiciones y vanguardias no representa en la trayectoria del profesor Díez de Revenga “la obra de su vida”, sino la máxima expresión de una de las obras de su vida. Y no es lo mismo, ni mucho menos. Él, que ha investigado y escrito sobre Lope de Vega, Saavedra Fajardo, Buero Vallejo, Garcilaso, Juan Ramón Jiménez, Rubén Darío, Carmen Conde, Miguel Hernández, Castillo-Puche y más autores de los que caben en esta reseña (y quizá en toda una página), puede presumir de que su contribución a los estudios filológicos hispanos no es tan sólo el Everest, sino toda la cordillera del Himalaya: el K2, el Kanchenjunga, el Lhotse, el Makalu y los demás ochomiles.

No sé hasta qué punto los contemporáneos de Cervantes, Quevedo o Saavedra Fajardo eran conscientes (realmente conscientes) de las figuras egregias junto a las que el azar les había posibilitado convivir. Yo sí que tengo claro que recibir clases de Francisco Javier Díez de Revenga en la universidad de Murcia y tener la fortuna de leer sus libros ha sido un auténtico privilegio. Este volumen es una oportunidad más de reencontrarme con el Maestro.

sábado, 12 de abril de 2014

El arte, las palabras y las horas



Afirma una canción popular, con sintaxis harto discutible, que veinte años no es nada. Pero no es cierto. Veinte años son muchos, para lo bueno y para lo malo: para el amor, para el odio, para el trabajo, para la tristeza, para el esfuerzo. Y veinte años son los que lleva Pascual García (Moratalla, 1962) publicando obras “en papel”, como dicen los neotontos. Hablo del año 1995, en una de cuyas tardes aquel muchacho que era amigo mío desde finales de 1990 se presentó ante mí con un libro de cuentos en la mano. Se titulaba El intruso y me lo tendió como quien entrega un trozo especial de su alma: ilusionado, tímido, feliz. Desde entonces, raro ha sido el año en que Pascual no ha publicado un poemario, una novela, un ensayo, una recopilación de artículos, un volumen de relatos. Algunos privilegiados los tenemos todos, con dedicatoria, leídos y subrayados, con las huellas dactilares del autor. Y en 2014 ha nacido El arte, las palabras y las horas, que hoy ocupa esta página.
En este volumen se recopilan un buen número de escritos culturales que, diseminados en el espacio y en el tiempo, adquieren aquí el gozo de la reunión. Con su prosa excelente y su finísima inteligencia, Pascual García nos ofrece la oportunidad de que lo acompañemos en un viaje proteico, lleno de pinturas, palabras e imágenes del ayer: nos sentaremos en el estudio del pintor Pedro Serna, para escuchar la sencillez cercana de sus explicaciones; visitaremos las calles estrechas de Blanca, para que Pedro Cano nos muestre sus ideas y sus colores; escucharemos durante tres horas torrenciales a Francisco Cánovas; nos aproximaremos a la sensibilidad humilde y honda de Francisca Fe Montoya; bucearemos en la poesía de Eloy Sánchez Rosillo y en la prosa de Pedro García Montalvo, Salvador García Aguilar o Miguel Espinosa; o, en fin, nos deleitaremos con el análisis de un emocionante poema de José Selgas y Carrasco.
Pero quizá la parte más suculenta del tomo sea la que aparece rotulada con el marbete de “Las horas”, porque en ella descubrimos al Pascual García más personal, menos académico, que nos habla de su paso por la universidad de Murcia (y sus impresiones sobre algunos de los docentes que allí encontró), de sus lecturas sobre la institución matrimonial a lo largo de la historia de la literatura (un gracioso escrito que se titula “Vilipendio y refutación del matrimonio en algunos textos literarios” y que se encuentra entre las páginas 271 y 307) o de sus invectivas contra la estación primaveral.
En suma, las diferentes caras y aristas que, combinándose al modo libérrimo de los caleidoscopios, forman el rostro y el alma de ese escritor dúctil, brillante y magnético al que conocemos como Pascual García.

Copiaré unas palabras suyas del prólogo: “No existen apenas razones para escribir un libro, por mucho que nos empeñemos, pero no conozco ninguna, salvo la vanidad, para publicarlo” (p.16). A mí, francamente, sí que se me ocurre una, y se me figura que es poderosa: el afán de comunicarte con otras personas mediante el uso de los vocablos y la literatura. Yo disfruto y aprendo con cada libro que publica Pascual, al que nadie supera como escritor en Murcia. Y me honra seguir mereciendo de sus labios el calificativo de “hermano”.