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lunes, 22 de julio de 2019

Siete noches




Nuevamente al lado de Jorge Luis Borges, de quien releo las conferencias que se incluyen en el interesante tomo Siete noches (Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1985), con epílogo de Roy Bartholomew. Sigo pensando que el maestro argentino es uno de los más grandes estilistas de nuestro tiempo; aunque en este caso (lo confesaré con rubor) me ha fatigado un poco. Entiendo que una cultura tan descomunal como la suya tiene que brotar de modo espontáneo, pero aquí he tenido la incómoda sensación de que no lo estaba escuchando a él, sino que asistía a un espectáculo en el que veía cómo el narrador amontonaba voces y voces superpuestas, que sepultaban la suya. ¿Por qué abusa tanto aquí de las citas, cuando poseía una voz tan admirable? Es una modestia ampulosa (no son unos términos incompatibles) que no alcanzo a explicarme. Con todo, sigo admirando al viejo maestro como el primer día.
Anoto las frases que he subrayado en el tomo: “No estoy hablando con todos ustedes sino con cada uno de ustedes”. “Cada uno se define para siempre en un solo instante de su vida”. “Los sueños son la actividad estética más antigua”. “En el desierto se está siempre en el centro”. “Hay personas que sienten escasamente la poesía; generalmente se dedican a enseñarla”. “Alfonso Reyes, el mejor prosista de lengua castellana en cualquier época”. “El mayor poeta español, fray Luis de León”.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Llorar en la sopa



Aunque toda regla incorpora sus excepciones y todo enunciado sus asteriscos, no resultaría muy desatinado distinguir entre autores de éxito y autores de prestigio (dejaremos aparte la siempre peliaguda cuestión de la calidad literaria, tan discutible como discutida). Los primeros conformarían un grupo caracterizado por sus altísimos logros numéricos: ediciones grandes o  directamente mastodónticas, masas de lectores esperando la aparición de sus libros, gran aparato propagandístico... Hablamos de gentes como Tom Clancy, J. K. Rowling, Stephen King o Dan Brown, por citar tan sólo cuatro nombres emblemáticos. Los segundos serían aquellos que, por el contrario, concitan solamente el fervor incondicional de un grupo más limitado de lectores, pero que están empapados por la aureola de la excelencia o la exquisitez. Aduciré también cuatro nombres, para equilibrar la balanza: Wislawa Szymborska, Seamus Heaney, Jaroslav Seifert y Elena Poniatowska.
Y hoy traigo precisamente a esta sección el último libro de la mexicana Poniatowska: la colección de relatos que lleva por título Llorar en la sopa, que le publica acertadamente Fondo de Cultura Económica. Después de haberle sido concedido el premio Cervantes en 2013 (segunda mujer que lo obtiene en lo que llevamos de siglo, junto a Ana María Matute), muchos fueron quienes anotaron su exótico apellido y lo incorporaron a la lista de “autores que había que leer”. No sería mala idea empezar por estos relatos, para quien no conozca nada de la autora de Hasta no verte, Jesús mío, De noche vienes o El tren pasa primero (con la que obtuvo el premio Rómulo Gallegos en 2007).
Pero son relatos, eso sí (conviene matizarlo desde el principio, para que ningún lector se llame a engaño), donde abundan las palabras y expresiones de raíz mexicana, lo cual puede dificultar en ocasiones la lectura o la comprensión del texto. Salvado ese obstáculo, quien se sumerja en el volumen encontrará la historia de una mujer que escribe una carta de amor a Martín, a quien ama en secreto (“El recado”); las peripecias que rodean a un viejo perro vagabundo del que anda prendada una anciana que quiere a toda costa mimarlo en los años finales de su vida (“Chocolate”); la dulzura seductora e inocente de Esmeralda Loyden, que está casada simultáneamente con cinco hombres y que a todos los quiere y cuida con idéntico mimo (“De noche vienes”); la intensa amargura que embarga a Pancho, un maquinista de ferrocarril que sufre dos pérdidas igual de dolorosas: su vieja máquina y la mujer a la que ama (“Métase, mi Prieta, entre el durmiente y el silbatazo”); la decepción que arrasará el alma de un guardián de museo, que está convencido de haberse enamorado de una maestra que lleva a sus niños de visita al museo y que padecerá el acíbar del desencanto (“Los bufalitos”); o la grisácea existencia de una solterona que ha visto quemarse su vida entre llamadas telefónicas incorrectas y citas sin éxito (“Esperanza número equivocado”). Brillando en ese río de cuentos, quizá destaque un poco más que los restantes “El corazón de la alcachofa”, que nos habla de parejas rotas y de amores que no terminan de cuajar.

Elena Poniatowska entrega en este volumen veinte historias donde nos propone un viaje por el interior del ser humano, sobre todo por la zona de umbría. Imposible resistirse al encanto de muchas de ellas.

lunes, 12 de agosto de 2013

Interior azul



Lo mejor que tienen los milagros, aparte de su condición sobrenatural, es su carácter imprevisto. Como dijo el pintor James Whistler con respecto al arte: simplemente suceden. En medio del centenar de libros que suelo leer al año, es normal que aproximadamente una docena me parezcan buenos o muy buenos; pero apenas dos o tres los marco con un asterisco, para recordar que los quiero releer dentro de unos años o (me guía el optimismo) dentro de unas décadas. Son lo especial entre lo bueno, lo selecto entre lo admirable. A veces es un poemario; a veces, una novela; más raramente, un libro de aforismos o uno de ensayo. El libro de relatos Interior azul, que firma Anna R. Ximenos y que edita hermosamente Fondo de Cultura Económica, ya tiene su asterisco en la página de respeto. Y supe que se lo pondría desde la mitad del volumen. Así me pareció de acertado y hermoso.
Todas sus historias tienen como título un nombre de mujer (una poeta, una novelista, una pensadora) y se construyen con una técnica sólida y muy bien meditada: seleccionar instantes, diapositivas, ángulos privilegiados o secretos de sus personajes, para ir esculpiendo con ellos su retrato íntimo. El resultado final es un ramillete de historias donde todos los grandes y pequeños recovecos del alma resultan retratados y diseccionados con elegante prosa: el deseo entre dos mujeres, la derrota y la sumisión, la escritura como exorcismo, la búsqueda de un remedio a la enfermedad, la traición, el suicidio, el amor imposible... Mil pasillos interiores del ser humano que encuentran acomodo y análisis en estas páginas.
Anna Ajmátova se plegará a escribir un poema laudatorio sobre el inicuo José Stalin, que enviará a su hijo Lev, preso en un durísimo campo de concentración por orden del dictador; Jane, la esposa de Paul Bowles, no podrá evitar la atracción que sobre ella ejerce su sirvienta Cherifa; Marguerite Duras envejecerá dificultosamente junto al joven Yann Andrea; la poeta Anne Sexton comenzará a redactar versos por sugerencia de su psiquiatra, como mecanismo para liberarse de sus demonios; Anna vivirá inmersa en una relación más que difícil con su padre, el célebre Sigmund Freud; Karen Blixen (inmortalizada en el mundo de la literatura con el seudónimo de Isak Dinesen) quedará dibujada en cuatro viñetas memorables; Katherine Mansfield atravesará un auténtico calvario emocional y físico junto al esotérico Gurdjieff; Carson McCullers podrá conocer la enrevesada condición de algunos hombres mientras toma clases de piano con Mary Tucker; Hannah Arendt se enamorará, pese a su condición de judía, del filósofo pronazi Martin Heidegger...

Las historias que este libro contiene son, como decía, bellísimas; pero también amargas, melancólicas, reveladoras del atroz sufrimiento que todas sus protagonistas, sin excepción, tuvieron que atravesar y del que no salieron ni mucho menos indemnes. A veces, las vidas son pantanos o tienen instantes de pantano, y atravesarlas sin bajar la frente y sin dejarse derrotar es un ejercicio durísimo que no todos pueden culminar con éxito. Las mujeres que dan nombre a estos relatos son sometidas a experiencias traumáticas, a momentos terribles de prueba o de abatimiento. Unas sobrevivieron, otras no. Anna R. Ximenos, que posee una mirada inteligente y una escritura muy eficaz, convierte todas esas peripecias en prodigiosos relatos. Sin duda, uno de mis descubrimientos del año 2013.