Vuelvo
por tercera vez a las páginas de Trilogía de Madrid, de Francisco
Umbral, un libro que me sigue pareciendo extremadamente duro y exhaustivo,
exquisito, reverencial, enciclopédico y biográfico, en el que su autor va
recordando e hilvanando todos los retazos de su juventud de escritor novel.
Huelga hablar (nos encontramos ante un estilista portentoso) de la calidad de
su escritura, que produce asombro y admiración. Este tomo es una sabia mezcla
de libros de viajes, de picaresca y de fresco anecdotario, lleno de boutades:
elogia a D’Ors y Gabriel Miró; declara ilegible a Pío Baroja; reputa de
mareante la prosa de Bergamín: eleva a los altares a Mihura, Azaña y Camilo
José Cela; define las sesiones de oficina como “horas/culo”; y dictamina que
Alberto Sánchez es el mejor escultor del siglo, sin comparación posible.
Intentar resumir este libro sería como intentar resumir Madrid: tarea absurda.
Pero el lector tiene, inauditamente, la sensación de haber recibido en los
ojos, en el corazón y en el cerebro, ese resumen. Es otro de los prodigios de
esta obra.
Anoto una muestra de las frases que he subrayado en el tomo: “El cosmopolitismo es la rama turística de la literatura y no conduce a ninguna parte. “El estilismo es el gran onanismo literario y no creo que se haya inventado nada más eficaz para pasar el rato, para pasar la vida”. “En arte no hay más que intérpretes. En arte no hay creadores. Los colores estaban ahí, el idioma o la música son creaciones colectivas y anónimas. El creador más radicalmente creador no es sino un intérprete afortunado, un virtuoso del instrumento que le esperaba: paleta, música o idioma”. “Romántico es el que tiene un instrumento, y clásico el que solo tiene una preceptiva”. “El novel sabe que es escritor, pero no sabe qué escritor es”. “La muerte burocrática, el homicidio legal nunca ha sido un crimen, o casi nunca, para los poderes de derecha/izquierda, mientras que el delito no burocratizado, aunque menor, es el gran delito que hay que castigar”. “España es una gran desperdiciadora de hombres”. “Ese intercambio de miserias que es el amor”. “El intelectual español, pues, el escritor, el creador, ha de encontrar un delicado equilibrio entre el cuervo localista que le come del costado y el perfil clásico, universal y perdurable de Prometeo”. “Hay gente que no apetece ni matarla”. “La huella digital del tiempo es una foto”.





