Daniel
Pennac, el autor de textos tan hermosos como Mal de escuela (https://rubencastillo.blogspot.com/2023/06/mal-de-escuela.html) o el famoso
decálogo sobre los derechos del lector (aunque, si nos atenemos a las
estadísticas, habría que decir más bien “de la lectora”), nos cuenta aquí dos
fascinantes aventuras del adolescente Kamo, que me ha gustado conocer. En la
primera, la madre del muchacho consigue que este se interese por la lengua
inglesa haciendo que se cartee con Catherine Earnshaw, una chica con la que conecta
gracias a la agencia Babel. Ella, solitaria y romántica, le escribe en papel
antiguo, usando un lenguaje arcaico y enviando sus líneas en sobres cerrados
con lacre, detalles que estimulan la curiosidad y provocan la fascinación de
Kamo. Solamente al final, cuando el narrador de la historia (el mejor amigo del
protagonista) decida investigar sobre la misteriosa agencia y sobre la
identidad de Catherine se descubrirá lo que ambos enigmas esconden. En la
segunda aventura, todo es más terrible y más inquietante: víctima de un
accidente automovilístico, Kamo se encuentra en coma en el hospital, y dos
amigos (entre ellos nuevamente el narrador) lucharán para seguir manteniendo el
hilo de la esperanza, mientras escuchan sus delirios y se preocupan de pensar
en él continuamente, ilusionados e impotentes a partes iguales.
El escritor francés (nacido en Casablanca, Marruecos, en 1944) demuestra una enorme habilidad para captar la psicología adolescente y, también, a la hora de plasmar las emociones de sus personajes mediante unos diálogos convincentes y líricos, que enamoran desde las primeras páginas. Pongan este libro en manos del adolescente que tengan más cerca. Acertarán.






