Después
de dos aproximaciones muy gratificantes a la novelística de Claudia Piñeiro me
acerco hasta las páginas de Cuánto vale una heladera y otros textos de
teatro, que reúne seis producciones breves, pero muy valiosas, donde se
combinan humor y tragedia, cotidianidad y magia, claustrofobia y recuerdos. Me
ha parecido muy notable. Con las tres primeras entregas del tomo he disfrutado
por motivos distintos: en Cuánto vale una heladera, por el modo en que
combina un disparate burocrático con su solución humorística; en Verona,
por la telaraña familiar que condensa, llena de hilos pegajosos llenos de
reproches, cuentas pendientes, mezquindades y egoísmos; y en Morite, Gordo,
por el juego de avances y retrocesos temporales, que nos van completando una
historia de amor y muerte. Pero donde realmente la escritora argentina alcanza
su cénit dramático es en las tres propuestas que completan el tomo: Un mismo
árbol verde (donde Silvia y Dora, que viven en la Argentina, pero tienen un
duro pasado armenio, nos invitan a reflexionar sobre exilios y genocidios, que
parecen buscarse y tejer una malla atemporal), Tres viejas plumas (en
cuyas páginas asistimos a la reconstrucción de un viejo trauma familiar, que
separó a Marcelo de su padre durante ocho años, hasta que el azar vuelve a
reunirlos de manera agria) y Con las manos atadas (en la que la
escribana Elena y su empleado Gutiérrez son inmovilizados por un ladrón y
tienen que pasar unas horas aislados en la oficina, hasta que a la mañana
siguiente alguien venga a rescatarlos).
Con una admirable habilidad, Claudia Piñeiro rellena su coctelera con la letra Ñ, los crímenes de los turcos, algunas frases inmortales de William Shakespeare, un orgasmo inesperado, un chico incapaz de guardar rencor a su hermano, un tipo del que nadie parece recordar el nombre o una madre que no murió por culpa de la tos, sino por la lujuria insensata de su esposo. Y una vez agitada esa mezcla nos sirve un cóctel que contiene amor, deseo, irritación, soledad, melancolía, derrota y decepciones. No desaprovechen la oportunidad de adentrarse en este libro: les gustará, estoy seguro, tanto como a mí.






