miércoles, 20 de noviembre de 2019

Acción, cámara, rodando




Tras acabar la colección de relatos Acción, cámara, rondando, de Antonio Llamas-Cánaves, descubro que lo único feo del volumen es el título. Todo lo demás, sin excepción, me gusta: el lirismo melancólico de “El grito”, el frenesí narrador de “Tito”, la originalidad espléndida de “Asesinato frustrado de Petrarca”, la dulzura amarillenta de “Apuntes para un final de otoño”, el juego compositivo (tan soberbio, tan eficaz, tan literario) de “El bucle”, etc.
Es una lástima que este narrador no se haya prodigado más, porque me parece que tenía bastantes cosas que decir en el mundo de la literatura regional.
Y subrayo (y copio aquí) una frase memorable: “La vida consiste en ver cómo amanece un día en el que descubres que todo ha cambiado”.

martes, 19 de noviembre de 2019

La voz interior




Leo la breve novela titulada La voz interior, de Jordi Sierra i Fabra (SM, Madrid, 1998), un ejercicio blanducho y descafeinado que a mis alumnos les gustaría más que a mí, y donde se cuenta la historia de una chica (Isabel Carreras) que ha sufrido un profundo shock (con intento de suicidio incluido) cuando una de sus amigas se ha chivado de que mantiene entrevistas, en la habitación del internado de monjas en el que se encuentra, con su novio.
Una monja (sor María, profesora de lengua) tratará de aclarar quién ha sido la amiga lenguaraz, para hacerle comprender a la muchacha que ha procedido inadecuadamente y evitarle así futuros remordimientos de conciencia.
Una viscosidad ideológica, ciertamente. Eso no obsta para reconocer que el autor ha sabido manejar un lenguaje y unas estructuras mentales muy adecuadas para su público adolescente. Pero, en fin, esto no va a ningún lado.

lunes, 18 de noviembre de 2019

El príncipe Caspian




Presentar a C. S. Lewis y sus historias de Narnia al público español es tan innecesario como absurdo: los miles de lectores que han devorado sus libros y los millones que han abarrotado las salas cinematográficas para ver las películas que se han adaptado desde ellos conocen las excelencias de su fantasía demasiado bien como para que se les importune con detalles accesorios o repetitivos. Todos hemos disfrutado alguna vez con las aventuras que Edmund, Peter, Susan y Lucy protagonizan en el mundo mágico de Narnia. Y en esta nueva entrega volvemos a encontrarnos con ellos.
Los cuatro hermanos están ahora en una estación de ferrocarril, cargados de baúles y cajas de juegos, cuando de pronto, sin previo aviso, una fuerza mágica tira de ellos y los devuelve al reino prodigioso del que una vez fueron reyes.
Pero las cosas han cambiado bastante. Miles de años han transcurrido, y el recuerdo de sus nombres y proezas se ha convertido en leyenda popular en la remota isla, dominada por un conflicto bélico de enormes proporciones: el príncipe Caspian, legítimo heredero del trono, es apartado del mismo por un usurpador llamado Miraz, que se ha rodeado de un ejército para consolidar su posición. Los seres de la naturaleza (árboles, faunos, animales parlantes) se alían con Caspian, pero otras fuerzas no menos poderosas eligen apoyar a Miraz, e incluso invocar a la Bruja Blanca (a quien los cuatro chicos protagonistas derrotaron en un episodio anterior).
¿Qué ocurrirá cuando se enfrenten las dos facciones? ¿Qué misterioso juego de fuerzas emergerá a la luz? ¿Quiénes saldrán al fin victoriosos de tan fabuloso choque?
De la traducción de este libro de Lewis (publicado originalmente en 1951) se ocupa Gemma Gallart y de las ilustraciones del volumen Pauline Baynes.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Memoria de Prácticas




Fijémonos en las tres figuras que conforman el esqueleto de esta pieza teatral. De un lado, Maite, una maestra de 55 años que se ha curtido en mil batallas docentes y que se ha acorazado contra ciertas implicaciones emocionales que, aunque plausibles, resultan poco prácticas para el desempeño de su trabajo; del otro, Alma, una joven de 26 años que acaba de aprobar las oposiciones y que llega a la enseñanza con el corazón limpio, la voluntad indesmayable y las ilusiones intactas. En medio, José, un chiquillo de 8 años que procede de un entorno familiar y social bastante delicado, y que se convierte en el centro de atención de Alma, que trata de protegerlo, encauzarlo y salvarlo.
Fijémonos ahora en el paisaje que rodea a estas tres figuras centrales: el colegio Federico García Lorca, situado en una barriada difícil, con una atmósfera de drogas, pobreza y delincuencia, que erosiona la fe de sus docentes y que dibuja para los alumnos un futuro nada halagüeño, que pasa casi inevitablemente por el robo de coches o el tráfico de estupefacientes.
Alma, durante los meses que dura su período de prácticas, centrará sus mejores esfuerzos en José, al que intenta redimir de su destino (que intuye más bien aciago) enseñándole a hablar, a escribir, a dibujar y a concebir ilusiones (promete llevarlo a conocer el mar). Acabado ese curso, tendrá que presentar un informe donde exponga y razone qué ha hecho y por qué lo ha hecho… Pero el azar, con su crueldad inmisericorde, va a convertir ese documento administrativo en un terrible documento humano.
La gaditana Raquel Pulido Gómez, con esta pieza emotiva y excelentemente construida, que publicó el sello Algaida en 2017, fue la ganadora del LIII premio literario Kutxa Ciudad de San Sebastián, en la modalidad de teatro.

sábado, 16 de noviembre de 2019

La pequeña ciudad donde el tiempo se detuvo




Leo otra novela de Bohumil Hrabal, que se titula La pequeña ciudad donde el tiempo se detuvo. La traduce para la editorial Destino Monika Zgustová.
Encuentro de nuevo a los mismos personajes a quienes tuve la ocasión de conocer en una obra anterior (se alude al hermoso cabello ya cortado de la madre), y me sigue dejando perplejo el modo de vida de estos enigmáticos personajes, que viven entre cerveza, reacciones cuyos mecanismos me veo imposibilitado de explicar, cánticos estruendosos e invasiones nazis. Sigo sin entender de forma “esencial” al vocinglero Pepin, pero me divierto con sus peripecias.
Lo mejor de la narración, sin duda, la atmósfera melancólica que el autor ha sabido dibujar al final, y que me he dejado pensativo, rodeado de silencio. Hrabal es un autor en el que no consigo entrar del todo, pero que me fascina. Resulta un poco difícil de explicar.
Frases que he subrayado en el tomo: “A Dios le gustan los locos y los lunáticos”. “Dios admira las mentiras repetidas con fe, las mentiras entusiastas le resultan más agradables que una verdad razonable, sosa y aburrida”.

viernes, 15 de noviembre de 2019

La isla de Nim




Un niño es siempre una isla, un espacio virgen que se defiende del mundo rodeándose de un agua especial, aislante. De ahí que los niños sean los grandes imaginativos, los grandes constructores de mundos paralelos; y de ahí también que los autores que se han ocupado de escribir para ese público (Tolkien, Lewis, Rowling) hayan intentado convertir en protagonistas de sus historias a niños que, con la fuerza de su mente, con el músculo de su fantasía, han edificado grandes aventuras. Narnia o la escuela mágica de Harry Potter pueden ser dos ejemplos bien conocidos.
En La isla de Nim, de Wendy Orr, que publica Edelvives en la traducción de Herminia Bevia y con ilustraciones de Kerry Millard, se repite el procedimiento. Su protagonista es una niña que vive en una isla (no metafórica, sino real) con su padre, un investigador que, a causa de una tormenta, acaba perdido en el mar. Entonces la muchacha, auxiliada por tres amigos muy especiales (un león marino, una iguana y una tortuga), decide que no va a rendirse, y que pondrá todo de su parte para rescatar a su padre. ¿El modo de lograrlo? Pues su única idea pasa por el correo electrónico, mediante el cual se comunica con Alex Rover, un intrépido protagonista de novelas de aventuras… que en realidad es una escritora de éxito, huraña e introvertida.
Cuando Nim consigue que Alex Rover se interese por su situación y se implique en ella comienzan a suceder las auténticas aventuras de este libro, que se puede completar con la versión cinematográfica protagonizada por Jodie Foster.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Enciende primero, respira después




Ejercer un control absoluto sobre los infelices que se han visto obligados a caer en sus redes. Ése es el objetivo de Román Viniegra, un despiadado hospedero que, con la excusa de alquilar viviendas a precios módicos, se fija como objetivo absorber a quienes lo rodean, dominar sus almas, manipular sus miedos.
Durante años ha dedicado la más cruel de sus determinaciones para estrangular la voluntad y la vida de los inquilinos, forzándolos a las lágrimas, a la sumisión y, en varios casos, al suicidio. Pero ahora que se encuentra instalado en la vejez y que las fuerzas comienzan a abandonarlo descubre con horror que los espíritus de todos ellos permanecen entre aquellos muros y que desean cobrarse venganza por tantos y tan injustificados ultrajes: el fotógrafo al que obligó a impresionar imágenes bochornosas; el payaso al que ridiculizó y al que empujó para que recayera en sus vicios etílicos; la pianista de quien se burló, halagando su vanidad artística y obteniendo favores sexuales; la niña a la que defraudó y a quien condujo al borde del abismo… Todos esos espectros, con sus voces macabras y su aliento fétido, lo buscan en la oscuridad del edificio. Y su única defensa consiste en dejar encendidas las luces, que los mantienen a raya. Pero no es una solución que se pueda mantener indefinidamente.
Eficaz constructor de pesadillas, Javier Trescuadras resulta muy convincente en este trabajo narrativo, que publica con acierto la editorial Cazador de ratas.