Yo
tenía ocho años. Tal vez nueve. Y en televisión veía a una mujer que recitaba
versos y ponía voces peculiares en el programa Un globo, dos globos, tres
globos. Luego, cuando tenía unos veinte años, vi a los humoristas de Martes
y Trece imitando a esa misma mujer y la hacían referirse de forma jocosa a su
gata Chundarata. Posiblemente por esas escenas coloqué durante mucho tiempo
(demasiado tiempo) a la madrileña Gloria Fuertes en el grupo de la “literatura
infantil”. Tampoco contribuyó a variar la imagen una antología de poemas que
compré para mis hijos pequeños, donde la mayor parte de las composiciones se
centraban en rimas facilonas y tontucias, levemente apayasadas.
Pero
como el niño no dicta lo que tiene que pensar el adulto, he aquí que recorro con
felicidad y aplauso las páginas de Antología y Poemas del suburbio. En
el primer bloque descubro preciosos textos donde nos habla de su infancia
(“Nota biográfica” o “Nací en una buhardilla”); reflexiones sobre la mejor
forma (y el mejor sitio) para encontrar a Dios (“Un hombre pregunta”); un
bonito homenaje a la ciudad de Guadalajara; un estupendo padrenuestro laico,
que recuerdo haber leído en alguna antología (“Oración”); o una composición
donde define con bellas fórmulas cada mes del año (“Los meses”). Cómo no
subrayar de forma enérgica esa composición (“No perdamos el tiempo”) en la que
pide que el poeta se deje ya de lirios y amaneceres y se implique con quienes
sufren (“No decir lo íntimo, sino cantar al corro, / no cantar a la luz, no
cantar a la novia, / no escribir unas décimas, no fabricar sonetos. / Debemos,
pues sabemos, gritar al poderoso, / gritar eso que digo, que hay bastantes
viviendo / debajo de las latas con lo puesto y aullando, / y madres que a sus
hijos no peinan a diario, / y padres que madrugan y no van al teatro”); o esa
otra donde reivindica la necesidad de la alegría (“¿Quién dijo que la
melancolía es elegante? / Quitaos esa máscara de tristeza, / siempre hay motivo
para cantar, / para alabar el santísimo misterio / no seamos cobardes, /
corramos a decírselo a quien sea, / siempre hay alguien que amamos y nos ama”).
Poeta interesante, hija de un bedel y una costurera (que jamás alentaron su afición por la literatura), Gloria Fuertes se ha ganado mi admiración con estas páginas. Mi cariño de niño “globero” ya lo tenía desde hace décadas. Buscaré más obras suyas.





