No
solamente el inquietante Jean-Baptiste Grenouille estaba capacitado para la
creación de asombrosos perfumes: también lo está la ingenua adolescente Marion
Dutilleul, que, huérfana de madre e hija única de un jardinero del palacio de
Versalles, resulta admitida como sirvienta por la marquesa de Montespan, amante
del rey Luis XIV. Ese giro en su vida le permite acercarse al mundo del poder,
el lujo, el despilfarro y la vanidad; pero también descubre que se trata de una
mera fachada tras la que se esconden la vileza, la falta de higiene, el más turbio
oscurantismo (misas negras, sangrías absurdas, ejecución de niños para utilizar
su sangre) y, sobre todo, la ambición sin límites que lleva a los personajes a
urdir crímenes, derrochar dinero y pisotear a los de abajo como si fuera
escoria. Por fortuna, la muchacha encuentra la amistad de algunas personas que
le servirán como escudo para protegerse de tanta ignominia y, después de
utilizar su asombroso olfato para ayudar a la pareja real, se ganará el respeto
y una mejora en su vida.
Aunque originalmente se titulaba Los naranjos de Versalles, la traducción que se publica en Alfaguara adopta el rótulo, más comercial pero no más poético, de Conspiración en Versalles. La autora es Annie Pietri y el libro, indudablemente, traslada una historia agradable para lectores juveniles.





