domingo, 22 de mayo de 2022

Mejor que no me lo expliques

 


Leamos el cuento que Imma Monsó coloca al frente de su libro Mejor que no me lo expliques, que publica el sello Alfaguara con la traducción de Roger Moreno: una mujer se obsesiona con descubrir la contraseña con la que su marido protege un documento donde, presuntamente, habla de ella. Incapaz de deducirla (o adivinarla) le pregunta de forma insistente a su esposo, pero él responde que, de vez en cuando, se la dice cuando ella está durmiendo. Leamos ahora el segundo de los relatos: una joven madre recibe la llamada telefónica de una amiga de más edad, francamente pesada, que la entretiene con sus bagatelas y meandros verbales durante el suficiente tiempo como para que se le quemen las cosas que tiene al fuego y su hijo pueda hacer las peores tratadas del mundo, huérfano de vigilancia. Leamos ahora el tercero, en el que un matrimonio formado por un hombre metódico y una mujer aburrida de la inercia conyugal experimentan una importante crisis que se resuelve con una carta larguísima, que el marido ni siquiera llega a leer... Podríamos extender este recorrido de resúmenes a los demás relatos del tomo, y los lectores advertirían de inmediato cuál es uno de sus temas nucleares: la incomunicación, que aquí queda envuelta en la fermosa cobertura de seis historias espléndidas.

Con gran elegancia expresiva, Imma Monsó nos hablará de muchachas que descubren paulatinamente a sus parientes de Burdeos, de chicas que viven en la ciudad de Asfixia o de mujeres casadas que, tras descubrir que en su interior crece un cáncer, descubren un nuevo modo de afrontar y expresar sus emociones.

Sin duda, un trabajo magnífico de la multipremiada y talentosa ilerdense, a la que terminaré (seguro) volviendo.

jueves, 19 de mayo de 2022

La finalista

 


Leer este libro e imaginárselo en la voz de Marisa López Soria es todo uno. Es habitual que suceda con sus historias, pero en ésta, especialmente, la sensación es vívida, inmediata, rotunda: ves la cara sonriente de Marisa; oyes la voz dulce y simpática de Marisa. De esa forma, la historia que nos cuenta La finalista (muy hermosamente ilustrada por Moisés Yagües y publicada por la editorial Mil y un Cuentos en 2013) adquiere unos tintes y unas resonancias especiales.

En sus páginas nos encontramos con la inagotable y ambiciosa Petigrís, una niña que corre, y corre, y corre, con el único objetivo de convertirse en ganadora de la carrera, de cualquier carrera en la que participe; pero el Destino le tiene siempre reservado el papel de finalista que, siendo honroso, a ella le parece insuficiente. Su obsesión es ganar, ganar, ganar. Para ello, practica, entrena, se esfuerza, se deja galvanizar por sus amigos, echa el bofe… pero nada parece ser bastante. Nunca accede a lo más alto del podio. Y, como es lógico, llega un momento en el que se impone reflexionar.

Un libro divertido, ágil y educativo, donde la competitividad y la insatisfacción permanentes son puestas en tela de juicio.

martes, 17 de mayo de 2022

La danza de los salmones

 


De pronto, el légamo del fondo del río comienza a alborotarse y burbujear: es el resultado que se produce cuando miles de huevecillos de salmón eclosionan y liberan a sus ocupantes. Comienza así la vida intensa y ajetreada de unos peces que, después de nacer en el río, viajarán hacia el mar. Allí permanecerán durante un tiempo hasta que, convocados por la llamada de la reproducción (la “danza”), vuelvan a sus orígenes, remontando la corriente para desovar y perpetuar la especie. Muchos sucumbirán antes, en las aguas marinas, devorados por depredadores de más envergadura; otros lo harán cuando se golpeen contra las rocas, después de uno de sus saltos prodigiosos para viajar contracorriente. Un pequeño porcentaje alcanzarán su objetivo.

La barcelonesa Mercedes Salisachs, otrora novelista de sólido prestigio y hoy bastante olvidada, nos cuenta en su novela La danza de los salmones una historia con estas líneas argumentales, en la que resulta muy fácil adivinar la intención metafórica que subyace en sus páginas. En ella conocemos a Patricio, un alevín que acaba de nacer y que, seducido por las enseñanzas del gran salmón Trueno, llega a la conclusión de que “la danza del amor suele ser la danza de la muerte”. Es decir, que resulta absurdo arriesgarse a perder la vida por cumplir un destino tan banal como la reproducción. ¿No será mejor mantenerse en el mar, rebelde, creciendo, fortaleciéndose, negándose a sucumbir a la llamada del instinto? Esa idea terminará dominándolo, incluso cuando aparezca en su vida Potámide, una hembra con la que, de buena gana, remontaría el río. Al final, después de sopesar las dos opciones, Patricio decide… lo que los lectores descubrirán en las últimas páginas de la obra. No soy quién para revelárselo.

Novela de textura y vocabulario sencillos, La danza de los salmones nos ayuda a reflexionar sobre quiénes somos, qué papel cumplimos en el ciclo de la vida y qué luces y sombras se esconden en cada uno de los senderos que podemos elegir.

domingo, 15 de mayo de 2022

La merienda de las niñas

 


Seguro que a ustedes les interesaría una historia donde se nos hablase de un hombre que ama y cuida en su casa a una sirena, a quien prodiga todo tipo de atenciones y mimos. Seguro que también les provocaría curiosidad acercarse a la extraña situación de un chico que, asqueado por la forma en que su hermana pequeña se viste de “putita” para sus ensayos y actuaciones de ballet, toma cartas en el asunto. Seguro que sentirían la tentación de acercarse hasta un conjunto de misivas donde se dibujan varias historias de amor, quizá de infidelidad, quizá de desengaño. Seguro que esbozarían una sonrisa cuando se enfrentasen a un breve relato donde se nos habla de la humanización de la megafonía en unos grandes almacenes. Y seguro (no les quiero fatigar con todos los cuentos del volumen) que les apetece conocer el modo humorístico en que se afrontan una serie de viajes utilizando una máquina del tiempo. ¿A que sí? Pues las que acabo de enumerarles son solamente algunas de las dieciocho propuestas que la granadina Cristina García Morales condensa en su libro La merienda de las niñas, que editó Cuadernos del Vigía en el año 2008.

Una obra arriesgada a veces, interesante casi siempre, que muestra el poderío narrativo de la por entonces joven becaria de la Fundación Antonio Gala quien, una década después, se consolidó con la brillante obtención del premio Herralde y el Nacional de Narrativa.

Les recomiendo que prueben a sumergirse en sus páginas.

sábado, 14 de mayo de 2022

Plantar un árbol

 


Laura, la hija del maestro republicano don Marcial, vive su infancia en Galicia, en cuyos paisajes se desenvuelve felizmente. Y durante ese tiempo construye una bonita amistad (que pronto se convierte en algo más profundo) con Paco, que soñaba con ser arquitecto y se ha quedado en maestro de obras. Pero, de pronto, aparece en su vida Fernando, un pianista en el que hay depositadas grandes esperanzas de futuro; y ella, soñando ser “como Zenobia”, se casó con él e hizo todo lo posible por ser dichosa a su lado. No tardó mucho en percatarse de que su marido “no era un genio, ni siquiera un gran artista”; y llegó la desilusión. Pero ha permanecido treinta años junto a él.

Ahora, justo el día en que cumple medio siglo, Laura está de nuevo en el territorio de su infancia, disponiéndose a plantar un magnolio. Sabe que no llegará a verlo crecer, y que cuando ese árbol dé sombra y florezca habrá pasado el suficiente tiempo como para que ella no pueda gozarlo. No importa. Sus hijos, que ya son mayores, han hecho su vida muy lejos; a sus nietos, si es que llega a tenerlos alguna vez, los verá en fotografía; su marido, neurasténico y fracasado, sigue en Madrid… Pero el magnolio, cuyo cuidado encomienda a Paco (quien ha tenido una nieta a la que han puesto el nombre de Laura), será su huella. Su recuerdo. Una vez que esté plantado, ella partirá.

Novela corta, delicada y melancólica, con la que Marina Mayoral obtuvo el premio Gabriel Sijé y que nos habla de ilusiones, de errores, de sueños y de esperanzas, que son el sustrato sobre el cual se construye siempre nuestra vida.

jueves, 12 de mayo de 2022

El llanto de Penélope

 


Recordemos, si hemos leído La Odisea, la figura de Penélope, la dulce compañera de Ulises, que queda en Ítaca durante veinte años mientras su esposo guerrea en Troya (al principio) y vuelve de forma accidentada a casa (después). Sabemos que el héroe griego no tuvo el menor problema en quebrantar durante su ausencia la fidelidad matrimonial, yaciendo con (y embarazando a) varias bellas féminas, tanto humanas como divinas; sabemos también que Penélope sí que resguardó su castidad de forma escrupulosa, acorazándose frente al asedio rijoso de los pretendientes que invadieron su casa; y sabemos que Telémaco, el joven príncipe, trató con altanería viril a su propia madre, exigiéndole que respetara su condición de macho dominante, en ausencia de Odiseo. Seguro que recuerdan bien esos ingredientes de la historia. Ahora realicen el esfuerzo de pensar el poema desde el lado de Penélope. ¿Cómo se sintió, mientras los años pasaban y su marido se diluía poco a poco en la memoria? ¿Es razonable pensar que no padeció momentos de duda, que no desfalleció, que no sintió deseos sexuales? ¿Es lógico pensarla como una especie de sacerdotisa de mármol, ajena a las erosiones de la flaqueza?

En este hermosísimo libro de poesía, la madrileña Ana María Romero Yebra nos propone repensar la historia desde ese particular, interesante y legítimo punto de vista: el de Penélope. Y lo hace en dieciséis capítulos que son dieciséis lágrimas, en los cuales nos desgrana (con magistrales endecasílabos) su desamparo, su espera ilusionada o cenicienta, lo que opina sobre el padre de Ulises, la extraña forma en que mira un día a su hijo Telémaco, su visión del mar como enemigo, su odio por la guerra (estupidez masculina, que la ha dejado durante años y años sin las caricias del hombre al que quiere) y, sobre todo, el increíble final, donde la atroz matanza de los pretendientes es interpretada de un modo muy distinto al “oficial” por parte de la mujer.

Sin duda, un volumen espléndido, que nos enriquece mostrándonos la mirada de una mujer sobre un clásico de la literatura occidental que, habitualmente, ha sido leído de otra forma.

miércoles, 11 de mayo de 2022

Estampaciones

 


Me gustan (siempre me han gustado) los libros de cuentos que me proponen un grupo de historias, temas y emociones diferentes, porque eso me permite valorar la versatilidad de quien compone la obra, su destreza para adaptarse a mundos y registros heterogéneos. Así que el volumen Estampados, que firma la madrileña Alena Collar y que publica el sello Editores Policarbonados, tenía que llamarme, casi seguro, la atención. Lo ha hecho. Me he encontrado en sus páginas con una autora que se permite jugar inteligentemente con sintagmas coloquiales (“les entró la soñarrera”, “a veces se le va la olla”, “nos dan las uvas”, “en cuantito lo hizo se murió”) y que da cabida generosa al humor, que impregna no pocos relatos y los hace muy agradables para los lectores: el hombre que descubre su destino tras encontrar en una casa abandonada unos paraguas rojos, el ángel que baja a la Tierra para elaborar un censo, el jardinero que vuelve del más allá para pedir que alguien riegue un rosal, la mujer mayor que considera reales las imágenes que salen de su televisor, el extraterrestre que se queda sin batería en su ovni, etc.

Pero, a la vez y de forma compatible, Alena Collar nos deja ante los ojos algunas historias profundamente tristes (el anciano arrumbado por su hija en un centro de la tercera edad) e incluso melancólicas (el hombre que se queda en un silencio profundo mientras contempla una vieja fotografía, donde se lo ve de niño junto a su madre).

¿Me permiten que subraye y les recomiende dos historias especiales de este libro? Si es así, apúntense los títulos “Como las flores” y “Mañana no irá al concierto”. Creo que me agradecerán la sugerencia.