martes, 21 de mayo de 2019

Calcomanías




Apenas una semana he tardado en volver a los versos de Oliverio Girondo, del que ahora descubro sus Calcomanías, cuya potencia verbal me sigue deslumbrando, al igual que la fortaleza imaginativa de sus recursos. Creo que no se ha hecho demasiada justicia a este hombre, amodorrándolo en un escalón secundario de la literatura. Su talento y sus armas líricas merecían más, mucho más. ¿Por qué no figura entre los “grandes”? Pues lo ignoro. Para mí, desde luego, se trata de un poeta valioso, al que aplaudo tras haber leído dos de sus producciones. Quizá (es una posibilidad que deslizo) cada lector deba construirse de forma individual su propio Olimpo, con los poetas, dramaturgos, cuentistas, ensayistas o novelistas que han logrado emocionarlo durante su vida. Creo que Girondo podría estar en el mío.
Dice de los parroquianos de los cafés que “los limpiabotas les lustran los zapatos hasta que pueda leerse el anuncio de la corrida del domingo”. Es magistral: un retrato insuperable. Habla también de personas que “se anestesian de siesta”. Y cuando retrata para nosotros la angustiosa visión de unos mendigos afirma que tienen “dos ombligos en los ojos y una telaraña en los sobacos”. Además, se permite la jocosa irreverencia de anotar que las figuras de un desfile de Semana Santa tienen “todas las características del criminal nato lombrosiano”.
Qué estilista. Qué agudo e implacable observador. Qué poeta.

lunes, 20 de mayo de 2019

1314, la venganza del templario




Quizá nunca se aclare, con nitidez o exactitud, por qué el 13 de octubre de 1307 se produjo una brutal redada contra la Orden del Temple, en la que fueron detenidos docenas de sus caballeros (entre ellos, Jacques de Molay, el último Gran Maestre). Para ofrecer una explicación a esta inesperada orden del rey Felipe IV de Francia se han barajado motivos económicos, religiosos, estratégicos e incluso esotéricos, pero ninguno que convenza a todos los especialistas, pues demasiados misterios quedaron en pie y nos siguen inquietando: ¿por qué se interrogó, encarceló y torturó durante siete años a De Molay, si sus enemigos no precisaban de ningún barniz legal para justificar sus acciones? ¿Por qué nunca aparecieron los ingentes tesoros que se presumían en posesión de la Orden? ¿Qué se hizo de las reliquias y documentos que, aparentemente, se hallaban en su poder? ¿Por qué nadie intercedió por ellos, ni dentro ni fuera de Francia, después de haber sido durante décadas los más grandes defensores de la fe en los Santos Lugares?
Aprovechando esas grietas para componer su relato, el escritor Francisco Javier Illán Vivas acaba de obtener el accésit en el VI premio Alexandre Dumas de Novela Histórica por su obra 1314, la venganza del templario, que ya desde su título promete (y en su desarrollo cumple) emociones, aventuras y misterios. Adentrándonos por sus páginas descubriremos las curiosas costumbres sexuales del monarca francés, las habilidades homicidas del sarraceno Amer Belhadj el Afalah, la sensualidad turbadora de la condesa Margarita D’Artois, la asombrosa fortaleza física y espiritual del torturado Gran Maestre o la fidelidad inquebrantable del freile aragonés que protagoniza la acción y cuyo nombre no conoceremos hasta la última línea.
Después de haber leído las anteriores producciones novelísticas del molinense Francisco Javier Illán, y resultando todas interesantes, creo que nos encontramos ante su obra más completa, más cuajada, mejor perfilada y más notablemente construida. Una novela llena de persecuciones, asesinatos sangrientos, torturas espeluznantes, misterios de fe y tórridas escenas sexuales, que impiden dejar el libro hasta su última página. Seguro que muchos de sus lectores corroborarán mi juicio.

sábado, 18 de mayo de 2019

Sab




Lo bautizaron como Bernabé, aunque prefiere ser conocido por otro nombre, con el que se identifica más cordialmente: Sab. Vive en Cuba, es mulato, procede de una estirpe muy elevada (afirma ser hijo de una princesa)… y es esclavo. Toda su vida ha transcurrido en la hacienda azucarera de don Carlos, donde jamás ha recibido (así lo asegura) vejaciones ni palizas. En su situación, incluso podría sentirse razonablemente dichoso (si cabe la dicha cuando se encuentro uno privado del derecho a la libertad), pero el problema es que está enamorado de su señorita, Carlota, la hija adolescente de don Carlos. Esta arrebatadora pasión, que logra mantener en secreto ante todo el mundo, sufrirá un duro golpe cuando se entere de que un rico heredero acaba de pedir la mano de la muchacha, y que los padres de ambos se muestran de acuerdo con la unión. Y el golpe es más duro todavía porque Sab está convencido de que el joven viene a conquistar a la chica no por su belleza o dulzura sino por el dinero de su progenitor.
Así arranca la novela escrita en el siglo XIX por Gertrudis Gómez de Avellaneda, una escritora hispanocubana que se inscribe en la corriente romántica y que nos muestra aquí sus opiniones sobre el amor, sobre la renuncia, sobre el sacrificio, sobre la esclavitud y sobre otro buen número de sentimientos humanos. A veces, éstos resultan exageradamente histriónicos, sobre todo en los tramos en que se dibuja al personaje protagonista como una especie de santo laico, virginal y abnegado, capaz de renunciar a todo por el amor purísimo de la jovencísima Carlota; pero en líneas generales se puede leer la obra sin demasiado fastidio.

viernes, 17 de mayo de 2019

Quién de nosotros




Ignoraba la existencia de esta primera novela de Mario Benedetti, publicada en el año 1953 con el título de Quién de nosotros. Para mí, erróneamente, La tregua (1960) constituía su primer asalto novelístico. Por fortuna, esta edición que ha caído en mis manos ha deshecho el equívoco y he podido acercarme a la historia protagonizada por Miguel, Alicia y Lucas, que se inicia convencional y se clausura sorprendente.
Miguel es un muchacho tímido, hijo de un padre brusco y enérgico y de una madre apocada. Nunca se ha considerado especial por ningún concepto: ni es brillante, ni resulta un gran conversador, ni destaca por su belleza física. Así que cuando en el liceo conoce a la fulgurante Alicia no alberga demasiadas esperanzas de llegar a resultarle atractivo. Son amigos, eso sí; y caminan siempre juntos hacia casa. Pero el muchacho siente que no logrará pasar de ese punto, y que en realidad está bien que así sea, porque él no se merece (ni sería capaz de retener) a una joven como ella. Es entonces cuando surge Lucas, de verbo fácil y ademanes bastante desenvueltos, que se situará involuntariamente entre ambos.
Dividida en tres bloques narrativos (donde toman la palabra cada uno de los tres implicados para dar su particular versión de los hechos y resumirnos el devenir de sus vidas), Quién de nosotros plantea el tema del triángulo amoroso (con sus mieles, pero sobre todo con sus acíbares) desde un enfoque muy original, sobre todo con el giro que Benedetti imprime a la historia desde el personaje de Lucas, que es escritor y que obliga a ralentizar la lectura para comprender los matices y los nuevos laberintos de la historia. Tras haber asistido a una narración bastante previsible en su línea argumental durante los dos primeros bloques, Benedetti nos zarandea por sorpresa en el tercero.
Un inusual debut del escritor uruguayo que, al parecer, pasó bastante inadvertido entre críticos y lectores.

jueves, 16 de mayo de 2019

Campos de Níjar




Acabo, en muy pocas horas, el libro de viajes titulado Campos de Níjar, de Juan Goytisolo, en una hermosa edición de Seix Barral. Y, a riesgo de convertirme en objeto de críticas o de dar una imagen siempre negativa de este autor, diré con claridad que no me ha convencido.
Me parece ridículo elegir como lugar de visita y crónica un territorio por el mero hecho de que otros lo omitieron en sus viajes (ese "descuido" achaca Goytisolo a los autores de la generación del 98 con respecto a esta tierra). Además, veo muy pocas “gracias literarias” en este texto. Quizá (habrá quien aventure esa explicación) ha querido reflejar con esta ausencia de “literatura” la sequedad de la zona descrita, pero conviene añadir de inmediato que Juan Rulfo lo hizo mejor: no se antoja excusa válida. 
Veo también falso el sentimentalismo llorica de las páginas finales, cuando el narrador ha tenido los santos cojones de dejar con la palabra en la boca al pobre Juan, quien en el capítulo IX le pedía que lo llevase a Barcelona para tener una meta en su vida: ¿cómo se pasa de la imperturbabilidad al llanto estremecido en cuestión de unas pocas líneas?
Lo que sí me ha impactado ha sido la descripción del vendedor de tunas en el capítulo V: sabe que el narrador se las compra por lástima y, por tanto, se niega a cobrárselas; pero le acepta el dinero… ¡como limosna!
Si efectúo la comparación de esta obra con los volúmenes de viajes de Camilo José Cela (por citar un solo caso egregio), esto no vale gran cosa.
Dudo que repita con este autor.

martes, 14 de mayo de 2019

Veinte poemas para ser leídos en el tranvía




Cuarto libro de poesía que leo o releo en este mes de mayo, y todos me aportan gratos instantes de felicidad. Ahora me sumerjo en las páginas de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, de Oliverio Girondo, en la edición de Trinidad Barrera (Visor, Madrid, 1995). Son espléndidos los juegos de palabras de este autor, su búsqueda de expresiones líricas renovadoras, su coqueteo constante con el ritmo, la sintaxis y el vocabulario. Formidable, formidable de verdad. Podría ahora añadir más explicaciones, pero serían palabrería innecesaria: me deja tan delicioso sabor de boca que lo más oportuno es, creo, comprometerme a seguir con sus versos dentro de unos días. Es el mejor homenaje.
Me encanta que explique cómo “las olas alargan sus virutas sobre el aserrín de la playa”, que nos hable de “chicas que se inyectan novelas y horizontes”, que nos indique que “no hay ternura comparable a la de acariciar algo que duerme” o que nos retrate “unos ojos excesivos, que sacan llagas al mirar”.
Delicioso.

lunes, 13 de mayo de 2019

El invierno en sus brazos




Me apetecía releer, dieciocho años más tarde, el libro de poemas El invierno en sus brazos, de mi hermano Pascual García (Universidad, Murcia, 2001), un ejercicio espléndido de bellezas y Belleza. Hay en su poesía latidos, emoción, susurros de un viento que pasa y se lleva la vida, latidos de un corazón que se asoma con timidez al brocal de los labios y expande su melancolía. Pascual ha encontrado el modo de decir con sus palabras la Palabra, y en eso se revela que es un poeta de honda configuración y de inquebrantable futuro, cuyos versos no son (no lo han sido jamás) meros pasatiempos estilísticos, sino profunda verdad revelada e inmortalizada en el papel.
Pascual ha habitado las palabras y se ha hecho en ellas refugio, vivienda, hogar; y ha aprendido a usarlas como un manto contra los fríos del tiempo. He aquí el amor, y las caricias, y la cascada de los meses, que moja el alma de los hombres. No es Pascual un poeta del tiempo, sino “de tiempo” (lo cual es más).
En la lectura inicial, que hice en diciembre de 2001, subrayé en el libro estos dos versos, que sigo encontrando magníficos: “Pasan los años y la vida tiene / el color de los sueños incumplidos”.
Es uno de mis poetas.