sábado, 17 de agosto de 2019

La imagen desnuda




Me leo los “afolirismos” del sueco Artur Lundkvist, traducidos por René Vázquez Díaz y completados con unos dibujos feísimos de Antonio Saura (Devenir, 1987).
Todo lo que encuentro en este volumen me parece un admirable intento de llegar a la greguería, pero sin que la mayor parte de las veces se consiga un resultado que se pueda calificar de bueno. Hay indicios y leves rastros de luz, pero nada que no pueda resumirse en diez o doce frases. Todo lo demás es relleno prescindible. Ahora bien, seamos justos: esas diez o doce frases son estupendas y me alegro de haberlas leído.
“Las palabras contagian más que los microbios”. “La realidad está a punto de abolir la parodia”. “El perro ladra para que no ladre su dueño”. “Dios tiene un apetito enorme. Por eso tantos curas son gordos”. “Los caminos rectos conducen demasiado pronto a la meta; ¿y después qué?”. “Si oyes que golpean fuertemente a tu puerta, no abras. Podría ser la verdad”. “El que se para a hablar con todos, nada tiene que decir”. “Las leyes sirven para evitar que la justicia se renueve”. “La duda es la fe más resistente”. “Cualquier obrero vale más que su sueldo”. “Ama a tu prójimo como a ti mismo, pero desármalo primero”.

viernes, 16 de agosto de 2019

Personajes en un paisaje de infancia




Me acerco hasta el checo Bohumil Hrabal y leo su novela Personajes en un paisaje de infancia, en la traducción de Monika Zgustová (Destino, Barcelona, 1981). La verdad es que me asaltan con ella pulsiones de muy difícil explicación, por su heterogeneidad. Hay pasajes que me encantan, sobre todo por la forma literaria en que Hrabal los ha resuelto (la matanza del cerdo en el capítulo 2 o las líricas rememoraciones sobre la infancia del protagonista en el capítulo 7); pero luego hay otros episodios en los que, francamente, no consigo “entrar”. Es como si me estuviera explicando la vida en otra galaxia. En ese orden, diré que no entiendo a Pepin, ni entiendo el sentido de muchos de los diálogos que entre él y Maryska se cruzan. Parecen extraterrestres que, recién llegados a nuestro planeta, hubieran aprendido glíglico para comunicarse.
Me ha encantado el símbolo del cabello cortado: lo veo como una clave de acceso al futuro. Un futuro anodino, gris y conformista, pero buscado con la parsimonia lánguida de quien se siente ingresando en la edad adulta.
“Yo soy joven, y por eso mismo por encima del bien y del mal”, nos dice uno de los personajes.

jueves, 15 de agosto de 2019

Llegada para mí la hora del olvido




Franco parece siempre agotado como tema, pero no es infrecuente que cada cierto tiempo afloren en las librerías nuevos tomos (de orden histórico o literario) donde se nos muestran nuevos datos u opiniones sobre su figura humana o política. Es el caso de la novela Llegada para mí la hora del olvido, de Tomás Val, que trata de explicarnos las ideas y los sentimientos de Francisco Franco desde dentro del personaje.
Un editor (al que sin problemas identificamos con José Manuel Lara) le pide que escriba sus memorias, y este borrador inconcluso e imposible es el que Tomás Val deposita en nuestras manos. ¿Resultado histórico? La condena de Carmen Polo como mujer horrenda, frígida y sanguinaria, que todo lo trastocó y lo enmierdó. ¿Resultado literario? Una pieza bonita, donde las indagaciones psicológicas, aunque estén adobadas de “dictadorismo hispanoamericano”, se presentan robustas y bien trazadas. Todo suena en estas páginas a lo “ya sabido”, pero se lee con cierto interés.
Tres frases quiero extraer del volumen, para dejarlas aquí: “La verdad no es jamás necesaria en política”. “¿Dónde iríamos a parar si se tuviesen en cuenta todas las opiniones? ¿Qué bandazos habría dado la historia si se hubieran escuchado todas las voces disonantes?”. “Siempre nos equivocamos con los muertos”.

miércoles, 14 de agosto de 2019

La Mitología contada a los niños




Me sorprenden varias cosas en este volumen titulado La Mitología contada a los niños, de Cecilia Böhl de Faber (que firmaba como Fernán Caballero), que publica el sello Irreverentes. La primera es el tono (léxico, ideológico) del que se vale la escritora decimonónica (nacida en Suiza y muerta en Sevilla) para dirigirse a los presuntos receptores de la obra. Dudo que exista niño en la actualidad (o que lo hubiese en su tiempo) capaz de comprender el elevado registro manejado en sus páginas. El segundo detalle que llama mi atención es el desdén continuo que la escritora manifiesta por el mundo cultural que representa la mitología, en nombre de un torticero uso de sus ideas religiosas: todo lo que aparece en los mitos clásicos son falsedades, absurdos e insensateces… cuando los compara con la rutilante religión católica. Así, nos habla de los griegos como “espíritus extraviados” (p.16), que cultivaron una religión “disparatada, descompuesta y hasta criminal” (p.16), “que carecía de todo destello divino” (p.31), llena de “ridículas divinidades” (p.37) y que constituía un “falso, ridículo y degradante paganismo” (p.91). ¿Para qué molestarse entonces en explicar estos episodios y los hechos de estos personajes legendarios, sabiendo que los niños quedarán contaminados por la inmundicia del error teológico?
Por suerte, hay también detalles que salvan el esfuerzo de la lectura, bien sea por algunos detalles humorísticos (nos dice que Saturno se engullía a cada uno de sus hijos varones “como si fuera un merengue”, p.19) o por los ribetes esperpénticos de su pudor (hablando de Príapo, elude toda mención a sus ostensibles atributos genitales y lo despacha diciendo que presentaba “una fealdad espantosa”, p.59).
Pero en conjunto, seamos sinceros, esto no pasa de ser una obrita de tercera fila, tanto desde el punto de vista erudito como desde un enfoque literario.

martes, 13 de agosto de 2019

La biblioteca de agua




Una calle. Simplemente una calle. Un entorno, un barrio, las gentes que viven o sobreviven en él. El fluir del tiempo. Y, por supuesto, una mirada (externa e interna a la vez) que sepa descubrir los hilos secretos, diacrónicos, líricos que lo unen todo. Es el gran experimento narrativo que la argentina Clara Obligado ha ido componiendo con un mimo artesanal durante varios volúmenes y que ahora encuentra su conclusión en La biblioteca de agua (Páginas de espuma), libro de excepcionales textura y belleza donde lo mismo nos encontramos en un convento, reunidas, a las hijas de Cervantes y Lope de Vega, como se nos invita a presenciar un duelo tremebundo en pleno siglo XIX, o acompañamos a un viejo molinillo de café en su viaje desde la guerra civil de 1936 hasta la actualidad, o escuchamos los barritos de un animal prehistórico (hembra) que se apresta a la extinción, o nos sumamos a la perplejidad de una mujer que descubre, escondidos por su marido en lo alto de un armario, unos juguetes eróticos y unos zapatos rojos de aspecto lúbrico o festivo.
Maravillosamente, todas esas visiones, todos esos detalles se van cruzando y relacionando a lo largo del tiempo, y esa mixtura entre relatos y novela (porque la fluctuación entre ambos territorios es tan deliberada como sugerente) adorna el tomo con unos brillos continuos, burbujeantes, asombrosos, que provocan la emoción y el aplauso de los lectores.
Clara Obligado tuvo que marcharse de Argentina, huyendo de las atrocidades de una dictadura militar, hace cuarenta años. Y desde entonces está entre nosotros, habitando el mismo paisaje madrileño que ahora (d)escribe con sensibles pupilas de entomóloga. Ella también es un híbrido de fronteras, calendarios y corazones, que nos habla de mujeres fuertes, espíritus heridos, supervivientes heroicos (del cuerpo y del alma), sexualidades alborotadas y perros que acompañan a fareros tristes... La literatura en español es mucho más rica gracias a sus páginas. España también es mejor con ella dentro. No dejen de comprobarlo.

lunes, 12 de agosto de 2019

El sueño de Tántalo




No voy a decir quién es mi hermano Antonio Parra Sanz. Quienes me conocéis a mí lo conocéis a él, porque siempre he traído aquí sus libros con entusiasmo, fervor y rapidez. Ahora, aprovechando las vacaciones, vuelvo a una de las obras que publicó antes de que yo inaugurase este Librario íntimo: El sueño de Tántalo, una colección de cuatro relatos que apareció en “La biblioteca del tranvía”.
Allí podíamos paladear la prosa increíble de su autor, su inteligencia para idear tramas y su infinita sabiduría a la hora de esculpir personajes.
El primero de estos cuentos, “Tras las cortinas”, está planteado en forma de carta amorosa, y nos depara algunas sorpresas, que poco a poco asaltan al lector con la lentitud con que embriaga un buen vino. El segundo, “Ícaro”, nos entrega como protagonista a Lajos Imrenhagy, un tragafuegos del que se enamora Sonia de Grandes y que se ve envuelto en un oscuro episodio en el que resulta muerto un hombre. “Delicatessen” es, como su propio nombre indica, una auténtica delicia para la inteligencia, no sólo por la maravillosa forma de su escritura sino también por ese humor macabro que destila el cuento en sus líneas finales. Y “El sueño de Tántalo”, que cierra el volumen y le da título, nos permite conocer a Arturo, un antiguo boxeador que, enamorado de una prostituta conocida como La Karenina, no teme encarar el ridículo y se embarca en un propósito tan dulce como anacrónico, que ella moderará cuando menos lo esperemos.
Cuatro demostraciones de que Antonio Parra Sanz ya era, hace diez años, un autor de cuentos muy valioso. Léanlo y se convencerán.

domingo, 11 de agosto de 2019

Las españolas




Termino hoy otra de mis incursiones en el vasto territorio literario de Francisco Umbral: Las españolas (Planeta, 1974).
El libro está atravesado por una creatividad metafórica y visual muy llamativa, pero que obedece al patrón que ya he degustado cien veces en las páginas de este escritor: buenas greguerías, comparaciones atinadísimas, adjetivos como trallazos y un dominio de vocabulario que roza la perfección. Ya no leo a Umbral para dar mi veredicto. Ya leo a Umbral por el puro gusto de seguirme nutriendo con su venero de preciosidades literarias. Forma parte (esto resulta evidente) de mi particular Olimpo de elegidos, de esos escritores y escritoras que conforman el paisaje predilecto de mis ojos. Seguiré ensanchando mis lecturas con más libros suyos.
He subrayado en el tomo algunas frases, que reproduzco aquí para tenerlas más a mano: “La carne, al fin y al cabo, es más sensata que el alma”. “El matrimonio, sesión continua del amor”. “(Marcel Proust) Quizás el escritor más grande que ha existido”. “El escote es la playa de la mujer, junto al mar de su cuerpo”. “El triunfo es una cosa en huecograbado y sonrisas, es como vivir en un perpetuo domingo, y eso entontece”.