lunes, 6 de febrero de 2023

Vuelo hacia dentro

 


Resulta difícil imaginar que pueda llegarse a la senectud (vital y literaria) con una majestad superior a la que despliega entre nosotros Dionisia García. Cada libro suyo es un pequeño diamante, bruñido y espléndido, que los lectores tenemos la inmensa suerte de disfrutar y conservar en nuestras estanterías. Da igual que sea en prosa o en verso; da igual que sean estrofas o máximas. Su palabra es siempre luz y agua fresca, sabiduría y novedad, columna jónica. Esta evidencia vuelve a quedar de manifiesto en Vuelo hacia dentro (Libros del Aire, 2022), volumen de aforismos que, como todos los suyos, procede de una larga acumulación y una larga decantación (las reflexiones que aquí se alinean comenzaron a fraguarse en marzo de 1999 y se prolongan hasta noviembre de 2018). Aquí se habla del ser humano, de Dios, de la libertad, de la muerte, de la necesidad de amar a nuestros semejantes, de los encuentros gozosos con poetas queridos, de voces que alegran desde el otro lado del teléfono, de la terca insensatez de las guerras, de la memoria, de Gutenberg y Steinbeck, de Borges y Montaigne, de música y de política, de la mentira y la verdad. La mirada ecuménica de Dionisia García planea sobre todo lo humano y lo divino, extrayendo para nosotros su gota pura de opinión o de saber, que deposita en nuestras pupilas.

Condensarlo es inútil, además de imposible, porque ningún color es más importante que otro en el arco iris. Pero no me resisto a dejar anotadas algunas de sus líneas, para que ustedes se hagan una idea de lo que encontrarán a raudales en este volumen mayestático: “Lo inquebrantable puede hacerse añicos”. “Vivimos de milagro y nos parece poco”. “Ruego: Quien sepa qué está pasando que ponga precio a su verdad”. “El no entender por qué estamos aquí es una penitencia de por vida”. “Quienes van a morir, buscan una mirada que los acoja”. “El lado triste de nuestra existencia lo vendemos, y tiene muchos compradores”. “Los poetas no mueren, se relevan”. “Para un ratito que estamos en este planeta, vaya revuelo que armamos”. “Los eminentes están arrinconados por tanto ruido”. “Cervantes, a la luz de una vela, creó un mundo perdurable. Quizá en esta época sobren resplandores”. “Cada noche me despido de mí, por si acaso”. “El último día no lo podremos contar…”.

sábado, 4 de febrero de 2023

El Goya del Titanic

 


No incurro en ninguna vileza ni en ningún spoiler (perdóneseme la palabra, tan usada últimamente en nuestro mundo de series televisivas) si adelanto algunos elementos argumentales que ya vienen insinuados en el título mismo de esta novela: Francisco de Goya, el sordo de Fuendetodos, pintó un retrato de Godoy, por encargo del ayuntamiento de Murcia, en los primeros años del siglo XIX. Y esa obra, por una serie de avatares asombrosos, casi rocambolescos, terminó en el camarote del capitán del Titanic, Edward John Smith; y, por tanto, se halla en el fondo del océano Atlántico desde el mes de abril de 1912. ¿Cómo se las organiza Santiago Delgado para introducir en esta trama seductora al conde de Floridablanca, a Antonete Gálvez, al marqués lorquino Pedro Rossique, al artista caravaqueño Rafael Tegeo, al duque de Wellington, al multimillonario John Jacob Astor IV (el hombre más rico del mundo en su día), al banquero Rothschild y a otros singulares personajes franceses, ingleses y norteamericanos entre 1800 y la actualidad? Pues oigan, se las organiza. Y lo hace (ningún asombro causará tal afirmación entre quienes conocen sus libros) con una desenvoltura y unos conocimientos históricos y artísticos que anonadan. Todos los detalles están milimétricamente calculados, todas las acciones se articulan de modo coherente, todos los emplazamientos resultan creíbles, todos los razonamientos (políticos, militares, económicos) se antojan impecables. El resultado es una novela de gran intensidad y marcado poder magnético, que la editorial MurciaLibro ha tenido la inteligencia de publicar y que nos ratifica algo que ya estaba clarísimo desde hace muchos años: que Santiago es uno de los creadores más firmes y poliédricos con los que cuenta la historia de la Región de Murcia.

Con este argumento, lleno de sorpresas, heroicidades, erotismo, argucias y viajes, un guionista avispado vertebraría una serie (hablaba de series al comienzo de mi comentario y quiero acabarla del mismo modo) de éxito asegurado. Lean ustedes la novela y seguro que me dan la razón.

jueves, 2 de febrero de 2023

La isla de los Pavos Reales

 


Con los detalles que el narrador va diseminando como pétalos tristes por esta novela podemos reconstruir, en parte, esa flor ahora tronchada que se llamó, en vida, Achternach. Trabajaba como experimentado fiscal en la Audiencia situada en la Witzlebenstrasse; y un día, para sorpresa de compañeros y familia, decidió defender a un acusado. A partir de entonces, malherido por una extraña melancolía, su temperamento se fue volviendo taciturno, silente, huraño. Se refugiaba de forma perpetua en el desván de la casa de su suegro, Fehrenmark, donde vivía con su esposa Gerda; y se volvió un hombre impenetrable y arisco. Lentamente, con la reiteración obstinada de su encierro, fue colmando la paciencia del octogenario Fehrenmark, quien llegó a pronunciar ante él unas terribles palabras (“El honor del nihilista, herr Achternach, consiste todavía en el suicidio”, p.87), las cuales no sirvieron más que para perfeccionar su abatimiento y su misantropía, hasta límites patológicos (“El desgarro existencial es incurable”, p.99). Un buen número de somníferos, disueltos en el café que le sirve su esposa, actuarán como drástica puerta de salida para su situación.

Pero su muerte acarrea para Gerda un trauma irresoluble, que la mujer mitiga por la vía más inesperada: actuando como si Achternach continuase vivo junto a ella. Así, le pone su plato y su copa a la hora de comer, habla en voz alta como si conversase con su esposo, mira el vacío como si él estuviera a su lado en la sala… Preocupado por la salud mental de su hija, Fehrenmark invita a la casa al médico Merten, antiguo amigo de Achternach y antiguo pretendiente de Gerda, con el objetivo de que la ayude en su recuperación emocional, quizá incluso casándose con ella. Pero la convivencia no va a resultar sencilla para ninguno de los tres. O de los cuatro.

La isla de los Pavos Reales, la novela de Hartmut Lange que Ana María de la Fuente tradujo y que fue publicada en 1988 por el sello Seix Barral, es un texto lánguido, donde la fatiga vital, el cansancio espiritual y unos paisajes moderados por la bruma consiguen aunarse para conformar un libro muy hermoso.

miércoles, 1 de febrero de 2023

Literatura mínima

 


Por influencia de la publicidad (o por otras razones que me imagino que serán tan variadas como respetables), hay ciertas personas que buscan sus lecturas entre los autores emergentes de Milwaukee, los fiordos escandinavos o la costa de Namibia. Yo, que soy más de andar por casa, suelo fijarme en escritores que tengo más cercanos: en Murcia, en Moratalla, en Alcantarilla, en Cartagena, en Molina de Segura, en Santomera. Imagino que no es ni mejor ni peor: es mi forma de ver las cosas. Y hoy, siguiendo esa línea, vuelvo a un interesante narrador de Mula al que conocí literariamente leyendo su volumen Atropia, que ya dejé anotado en este Librario íntimo. Mi nueva aproximación se ha centrado en la colección de cuentos titulada Literatura mínima, que el sello DobleCé Ediciones puso en circulación en 2022.

En estas nueve fabulaciones, Manuel Susarte Román nos deja pequeñas gotas melancólicas en la voz de un anciano (“Besos de membrillo”); historias que nos dejan sorprendidos en sus instantes últimos, con trallazos que nos hacen abrir los ojos (“Buscando el equilibrio” o “El monstruo”); regalos cuánticos sorprendentes que se instalan en el corazón y no lo abandonan nunca (“De cajas y gatos”); duras críticas a un mundillo literario que se basa en la mendacidad de unos y el candor de otros (“Incógnito”); e historias que traspasan la frontera de “lo real” para conducirnos a un territorio cenagoso y oscuro donde el espanto puede erizarnos la piel como se la eriza a los protagonistas (“Sombras”, “Campanas en la lluvia” o “Fotografías”).

En cada uno de estos viajes narrativos, Manuel Susarte resulta convincente y eficaz. Sabe perfectamente lo que está haciendo y, por eso, dispone sus materiales con alto sentido sobre las páginas. El resultado son nueve pequeñas maquinarias de gran belleza, sin fisuras, muy agradables de leer.

martes, 31 de enero de 2023

Desde el Asilo

 


De Mariano Sanz Navarro, el tuareg de la prosa murciana, me faltaba un libro por incorporar a mi Librario (su volumen Desde el Asilo, publicado en el año 2000). Hoy, gozosamente, relleno ese hueco. Y lo hago con una enorme felicidad, porque su lectura me ha encantado, con su equilibrada mezcla de humor, melancolía, costumbrismo, seriedad y crítica. Y esa diversidad tonal es la que facilita que los lectores nos mantengamos adheridos a las páginas del tomo, de principio a fin.

En unas ocasiones, nos hablará de las mutaciones urbanas (algunas de ellas, feístas) que los políticos activan sin solicitar ni considerar la opinión de los vecinos (“Aquellas plazas…”); en otras, nos dejará sus impresiones sobre el falso refinamiento tontucio de quienes fuerzan la -s final sin ser tal pronunciación natural en ellos e incurriendo de esa forma en el ridículo vergonzante (“Las seses”); en otras, nos resumirá un refinado y sorprendente juego erótico, trufado de picardía (“El impasible”); y en otras alzará su voz contra la impertinencia de quienes, juzgándose en posesión de la verdad, tratan con ademanes dictatoriales de imponerla a otros (“La intolerancia religiosa”). Mariano, versátil y chispeante, nos habla de los calvos, de personas que viajan en coche con perros demasiado proclives a la evacuación gaseosa, de accidentes acaecidos en Tetuán, de bonsáis, de los disparates continuos de Gabino, de don Obdulio (un médico que murió por un síncope de felicidad), de Ginés el Correo y su burro rijoso o de una educada conversación imposible con el escultor don José Planes.

Siempre ojo avizor, el prosista de San Antolín cartografía su entorno y lo plasma en páginas indelebles, de las cuales sería punto menos que imposible elegir la que más me ha gustado. Les recomendaría de forma especial la hermosa semblanza del lañaor, silencioso, solemne y eficaz (pp.103-106); la historia atribulada de un mariquita de pueblo, al que hicieron sufrir desde la infancia (pp. 137-139); y, por encima de todas, el escrito titulado “El hombre”, que cierra esta obra: uno de los mejores retratos literarios y emocionales que he leído en mi vida.

lunes, 30 de enero de 2023

Anoxia

 


Resulta imposible estipular de qué modo se cancela más eficazmente un período de dolor, de qué estrategias hay que valerse para superar la angustia, la soledad, el arrepentimiento. Es evidente que cada ser humano lo consigue de una manera distinta y a distinta velocidad. A veces, resulta suficiente con que transcurra un cierto lapso de días; a veces, el desgarro es más profundo y se requiere, ay, un tiempo mayor. No hay calendarios que sirvan para regular el vacío. Dolores Ayala, una de las grandes protagonistas de Anoxia, la última entrega novelística de Miguel Ángel Hernández (Anagrama, 2023), siente esa fractura íntima desde que su esposo Luis, una década antes, perdió la vida en un accidente de moto. Por circunstancias que el lector descubre gradualmente durante la lectura, ella no pudo cerrar el luto de un modo adecuado; y en su interior continúan habitando el desierto, la tristeza, la nada. Mente y cuerpo prosiguen con la tarea mecánica de existir, pero sin que ilusión alguna alborote su ánimo. Está desolada. Está hueca. Sobrevive. Y, de forma inopinada, una llamada de teléfono la pone en contacto con Clemente Artés, un anciano que ha vuelto de Francia para vivir en Murcia sus últimos años y que, con su peculiar forma de entender la fotografía (sobre todo, la fotografía mortuoria) y sus implicaciones emocionales, pronto se convertirá en un personaje clave para la recuperación de su espíritu y de su corazón.

Habilísimo a la hora de trazar la constelación de personajes que giran alrededor de Dolores (nombre altamente simbólico), Miguel Ángel Hernández construye un universo narrativo donde el hijo de la fotógrafa (Iván), su cuñada Teresa, el servicial Vasil, el intrigante Alfonso (director del Archivo Fotográfico regional) o la presencia poderosa y fantasmal del marido fallecido establecen una red muy poderosa de conexiones, que nos permitirán entender los vínculos entre las fotos mortuorias, los desastres medioambientales que han destrozado el Mar Menor y los huracanes íntimos que no permiten a la protagonista, zarandeada por la culpa, la oxigenación de su alma. Mientras no logre desprenderse de esa ciénaga íntima, seguirá siendo un ser vacío, errante y desconectado de la luz. El problema será descubrir cómo hacerlo.

Todos tenemos algún remordimiento o algún duelo (no necesariamente funeral) que nos sigue torturando, pese a que los años continúen su avance. Todos nos encontramos aquejados por algún trauma cuya extirpación se nos antoja punto menos que imposible. Anoxia se convierte, en ese sentido, en un canto de esperanza: la llave que nos permita cerrar la puerta puede llegarnos por los más inesperados conductos, siempre que seamos receptivos a su aparición.

Dejaré que cada persona que se acerque hasta la novela descubra por sí misma el delicado y sobrecogedor tema de los inquietos, sobre el que no quiero dejar aquí ninguna pista. Y dejaré, también, que cada persona reflexione sobre los matices riquísimos con los que MAHN construye la figura de Dolores, geoda que esconde un inmenso dolor invisible. En pocas novelas encontrará un análisis tan abisal sobre el sentir y el desgarro derivados de la ausencia.

Nos encontramos ante una novela madura, aplomada, mesetaria, llena de páginas inteligentes y de agudas sugerencias, donde las frases cortas actúan como alfileres sobre el lector, aguijoneándolo y desazonándolo. No se la pierdan.

miércoles, 25 de enero de 2023

Ahora tan lejos

 


Me acerco hoy hasta un volumen de relatos de un autor nuevo para mí: Javier Sagarna. La obra se titula Ahora tan lejos y apareció con el sello Menoscuarto en el año 2012. Salvo un par de relatos que quizá me han llamado menos la atención, el libro me ha parecido realmente bueno.

Convincente y sutil en la construcción de sus historias, Sagarna nos habla de la dureza con la que un niño maltratado por su padre calcina un grupo de hormigas, un alacrán y una culebra (“Bichos”); de la tristeza silenciosa de un hombre separado, cuya madre lo visita con la excusa de que su lavadora está rota (“Colada”); de los miedos de una niña, martirizada por el sadismo de su hermano mayor (“El vampiro en la baldosa”); de los jóvenes ilusionados que ocupan un descampado usado por drogadictos, el cual pretenden reconvertir en un oasis de árboles y sosiego (“Esto es un parke”); del padre miedoso que termina propinando un puñetazo a la persona equivocada en el lugar equivocado (“Bala de plata”); del recuerdo de aquella moneda que le daba el abuelo cuando, lleno de vergüenza, lo acompañaba a pasear por la orilla de la playa (“Oro robado”); del frutero pusilánime y abatido, que termina siendo abandonado por su esposa (“El tren”); o de los náufragos Olsson y Laplace, que sobreviven sobre un iceberg, que poco a poco se va derritiendo conforme la masa de hielo avanza por aguas cada vez menos frías (“El Ártico”).

Son relatos sólidos y bien construidos, con los que ha gozado de unas horas muy agradables de lectura. Repetiría con el autor.