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martes, 4 de mayo de 2021

Padre (2002-2016)

 


Lo explica con exactitud conmovida el autor en la nota que figura en la página 51 de este tomo: “Padre (2002-2016) es una obra integrada por veinticinco poemas que hablan de mi padre, desde el instante preciso de su muerte hasta el momento en que sus cenizas son esparcidas catorce años después”. Esos poemas, muy distintos entre sí pero atravesados todos por una emoción hondísima, expresan de manera clara la voluntad de Coriolano González de recortar (en el recuerdo, en la emoción, en el ayer y en el hoy) la figura de su progenitor, aquel hombre que le fabricó su primera cometa (p.24) y que unos años más tarde estaba ya sometido a “la humillación del velatorio” (p.27).

Algunos de los textos provienen de volúmenes publicados con anterioridad por el poeta isleño (Otra orilla (Cuadernos de Guillermo Fontes), en 2006, o El tiempo detenido, en 2008), pero también incorpora algunas composiciones inéditas, que completan la visión y el homenaje añadiéndole perfiles, matices y ángulos de una desoladora hondura. El resultado final es un libro estremecido y sobrio a la vez, que conmociona al lector en cada verso y que a muchos nos recuerda las lágrimas, las reflexiones, las congojas y las orfandades que nos asaltaron cuando tuvimos que atravesar por el mismo trance que el poeta tinerfeño.

Esta antología, oportunísima y desgarradamente humana, apareció a finales de 2020 bajo el auspicio de Ediciones La Palma.

miércoles, 28 de junio de 2017

Obra poética completa



Aconsejado por mi amigo Pascual García, cometí durante el año 1993 un leve pecadillo de rebelión, y devoré la Obra poética completa, de C.P. Cavafis, en la bella edición bilingüe de Alfonso Silván Rodríguez (Ediciones La Palma, Madrid, 1991), que ahora releo. Y digo que incurrí en una “rebelión” porque durante aquel año yo estaba cumpliendo mi servicio militar en Lorca (Murcia) y me propuse no frecuentar más que libros escritos por mujeres, para compensar el exceso de testiculina que dominaba en el mundo castrense.
Los poemas de Cavafis me parecieron, en líneas generales, fascinantes. Creo que algunos (leídos ahora con más edad y con menos arrebato) no llegan a una gran altura lírica, pero la mayor parte de ellos sí, con lo que el tomo constituye una delicia para la sensibilidad del lector.
Podría referirme a la exquisitez de su música, a la elegancia de sus referencias culturales, al ritmo tenue de sus versos, a la justeza de sus vocablos, pero me guardaré de reducirlo a fórmulas filológicas o críticas y dejaré que sus palabras lleguen directamente hasta los ojos de quien ojee esta reseña. Si le gustan, no me queda más que invitar a la lectura completa del volumen.
(Nota bene: con el fin de evitar que esta página se llene de barras diagonales, lo que haré será copiar los versos como si fueras prosa. Perdóname, Constantino).

“Dijiste: “Iré a otra tierra, iré a otra mar. Otra ciudad habrá de hallarse mejor que ésta. A cada esfuerzo mío, una condena escrita queda; y mi corazón está, como un muerto, enterrado. Mi mente hasta cuándo va a quedarse en esta consunción. Doquiera vuelva mis ojos, mire a donde mire los escombros de mi vida veo aquí, donde tantos años pasé y arruiné y destruí”. Nuevos parajes no hallarás, no hallarás otros mares. La ciudad irá tras ti. Por las calles vagarás, por las mismas. Y en los mismos barrios envejecerás; y en estas mismas casas irás empalideciéndote. Siempre arribarás a esta ciudad. A otra parte —no esperes— no hay barco para ti, no hay camino. Así como tu vida la arruinaste aquí en este rincón reducido, en toda la tierra la destruiste” (La ciudad). “Teme ¡oh alma! la grandeza” (Idus de marzo). “Tu suerte que se rinde ya, tus obras que fracasaron, los planes de tu vida que resultaron extravíos...” (El dios abandona a Antonio). “A un día monótono otro día monótono, idéntico le sucede. Ocurrirán las mismas cosas, de nuevo volverán a ocurrir, los momentos parecidos nos encuentran y nos dejan. Un mes pasa y trae otro mes. Lo que se acerca puede fácilmente presumirse; es lo de ayer, aquello tan tedioso. Y en eso acaba ya el mañana, como si no pareciera un mañana” (Monotonía). “Siempre en tu mente ten Ítaca. La llegada allí es tu destino. Pero no apresures en nada el viaje. Mejor que por muchos años se prolongue; y, ya viejo, ancles en la isla rico con cuanto ganaste en el camino, sin esperar que te dé riquezas Ítaca” (Ítaca). “No quiero volverme para no ver y horrorizarme” (Velas). “Cuando llega la felicidad produce menos contento del que uno esperaba” (Cuando el centinela vio la luz). “Imprescindible, y único, y grande, siempre se encuentra inmediatamente algún otro” (Cuando el centinela vio la luz). “No se mitiga la desgracia por mucho que la hablemos. Pero hay dolores que no se quedan tranquilos en el corazón. Sedientos están de salir por desfogar la queja” (Un amor).