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martes, 3 de marzo de 2026

La moneda de Carver

 


Me encantan las prosas que respiran limpieza, que dibujan su línea de un modo elegante y definido. Y la de Javier Morales, según tuve la oportunidad de descubrir en su libro Lisboa, que reseñé en el año 2018 (https://rubencastillo.blogspot.com/2018/04/lisboa.html), y en el no menos hermoso La despedida, del que di cuenta en este blog en 2020 (https://rubencastillo.blogspot.com/2020/04/la-despedida.html), pertenece sin duda a ese grupo exquisito. Ahora, he enriquecido dos tardes de mi vida leyendo su obra La moneda de Carver, publicada en Reino de Cordelia, que contiene ocho excelentes relatos donde se nos habla de unos personajes que saltan de un cuento a otro, trazando pasarelas bellísimas entre ellos. Así, el Samuel que, siendo niño, nos cuenta la historia que protagoniza con su padre y con el díscolo Dominico en la plantación donde trabaja su progenitor (“El tiempo del tabaco”), visita siendo joven la ciudad de Lisboa (¡otra vez la capital portuguesa!) y conoce allí a Tammy, con la que terminará contrayendo matrimonio (“Viaje a la Ciudad Blanca”). Algo más tarde, lo veremos documentándose para escribir una biografía de Gabriel y Galán (“Gayga”). Pero los juegos y los guiños textuales no se acaban ahí: la traductora que actúa como protagonista en el relato “El perrito de la dama” asiste a un intenso taller de escritura cuyo coordinador se llama Javier (el propio Javier Morales dirige talleres de ese estilo).

Como es natural, este tipo de recursos no se sustentarían por sí mismos, salvo en un plano anecdótico; pero es que el escritor cacereño los inserta en una prosa, como arriba indico, absolutamente espléndida, donde la mirada del narrador, los arabescos del lenguaje y la elección del punto de vista siempre resultan atinados. De esa manera, “Cementerio alemán” o “La moneda de Carver” (por citar solo dos de las propuestas) alcanzan una altura admirable y se convierten en textos de los que la memoria no querrá prescindir. Todos mis aplausos.

sábado, 15 de noviembre de 2025

Alves & Cía

 


Godofredo de la Concepción Alves (un próspero empresario de 37 años) sabe que su socio Machado (que tiene 26) anda sumido en un misterioso jaleo de faldas, pero no entiende que los devaneos eróticos del joven sean de su incumbencia. Lamentablemente, cuando se dirige por sorpresa hacia su casa para celebrar con su esposa Ludovina el aniversario de bodas, descubre a esta en los brazos del desahogado galán. Y todo su mundo se viene abajo (“Deseó verdaderamente morir”, anota Eça de Queirós en el capítulo III). Un dolor infinito lo desgarra y, tras descubrir los mensajes apasionados que ella ha escrito para su amante, Alves siente que llega al borde del acantilado (“Si una palabra bastase, una orden dada bajito a su corazón para que se detuviese, diría esa palabra tranquilamente”, III).

A partir de ese instante, oscilando entre la ira y el absurdo, Alves concebirá mil propósitos sin pies ni cabeza, que se contradicen unos a otros: matar al ofensor, quitarse la vida, plantear un duelo, expulsar a la mujer de su casa (circunstancia que su suegro aprovecha de forma mezquina para arrancarle una sustanciosa pensión mensual), requerir el consejo de sus amigos más cercanos, mantener el secreto del agravio… De tal forma que, en realidad, estamos siendo invitados para que contemplemos, en respetuoso silencio, la desolación de un hombre que, siendo feliz, es expulsado del paraíso, y que tiene que reconstruir su vida, advirtiendo desde el principio “de un modo agudo y doloroso la evidencia de su soledad” (cap.VIII).

Bondadosa y con un final feliz (o, al menos, resignado), esta novela de José María Eça de Queirós me ha deparado dos intensas tardes de lecturas. La recomiendo.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Dulce objeto de amor

 



He tenido la suerte de leer varios libros exquisitamente sensuales, relacionados con el universo del gusto (Como agua para chocolate), con el olfato (El perfume) o con el oído (los poemas de Ángel Paniagua o los cuentos de Jorge Luis Borges). Pero creo que Dulce objeto de amor es el volumen más absorbente que, sobre el sentido del tacto, he tenido hasta ahora la suerte de encontrarme.

Nos encontramos en la exclusiva cafetería del hotel Palace, donde coinciden los dos personajes protagonistas de la obra: Verónica, hija de un franquista chapado a la antigua y que trabaja como traductora de inglés, y Félix, un maduro millonario de maneras encantadoras. Con una endiablada habilidad (que Raúl Guerra Garrido construye sobre dos cadenas o columnas narrativas en segunda persona, las cuales dibujan un admirable ballet alterno), vamos observando cómo funcionan la mente de la chica (voluptuosa pero cauta) y la mente del hombre (seductor pero lento). En este singular partido de tenis novelesco seguimos a los protagonistas a través de la velocidad (salen del Palace y viajan en el Lotus Esprit Turbo de Félix), del peligro (padecen un intento de robo) y del lujo (la casa del millonario, auténtico museo de objetos valiosísimos), hasta desembocar en el cénit sexual… Pero con desconcertad0 asombro comprendemos entonces cuáles son los auténticos impulsos que palpitan en la mente del maduro protagonista.

Dispóngase, quien entre en la novela, a descubrir sedas y marfiles, matrioskas y cristales de Bohemia, cuadros delicados, estatuillas antiquísimas, sábanas de hilo, objetos de la dinastía Ming, ópalos y sándalo. Todo un prontuario de bellezas sensuales que nos permiten descubrir la textura anímica de Félix y las razones de su comportamiento erótico.

Poco se insiste en la grandeza literaria de Raúl Guerra Garrido, que obras como ésta (donde se disecciona con brillantez una inquietante patología) ponen de manifiesto.

miércoles, 6 de marzo de 2019

La cruzada de los niños




Los hechos históricos ocurrieron en el año 1212 y, según informa la Wikipedia, dieron lugar a varios libros que se ocupaban del asunto (en la nómina no incluye, por cierto, al jumillano Pedro Cobos, que dedicó páginas deliciosas a este asunto). Al parecer, un alto número de niños, animados por la voluntad de alcanzar la ciudad de Jerusalén y proclamar el triunfo de la fe cristiana, se encaminaron hacia allí sin ningún tipo de organización, respaldo militar o avituallamiento. Partían de varios puntos de Europa y se iban unificando como riachuelos que conforman al fin un río caudaloso. Les movía un impulso ciego de gloria, de evangelización, de testimonio que, a la postre, se iba a convertir en su condena: miles de muertos por hambre, otros tantos ahogados en el mar y el resto vendidos como esclavos.
Marcel Schwob refleja aquel espíritu (mezcla de inocencia, estupidez, terquedad y pasión) en su obra La cruzada de los niños, que edita, traduce y prologa Luis Alberto de Cuenca para el sello Reino de Cordelia. En sus páginas, líricas y duras, escucharemos al leproso que se encuentra a los niños y les pide su intercesión ante Dios; al papa Inocencio III, que interroga a ese mismo Dios sobre el sentido real de esta cruzada (no se atreve a creer ciegamente en ella, pero tampoco osa desdeñarla); a los niños desamparados o llenos de ilusión, que caminan con llagas en los pies y luz en los ojos; o al papa Gregorio IX, que recrimina al mar la infamia de haberse tragado a tantos de aquellos pequeñuelos.
Voces moduladas por la credulidad, el asombro o la estupefacción, que quedan maravillosamente retratadas por la pluma inigualable del escritor francés.