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lunes, 26 de noviembre de 2018

Las mil noches y una noche (2)




En este segundo tomo de Las mil noches y una noche se reducen de forma muy considerable los episodios sexuales, que tanto proliferan en el volumen inicial de la serie; pero esa reducción temática no supone una merma del interés narrativo, porque accedemos a un buen número de relatos en los que el humor, la crueldad, las reflexiones sobre la muerte o los resortes retóricos asaltan al lector con gran eficacia.
Sorprende, por ejemplo, la habilidad mostrada en la noche 25, en la cual se nos informa sobre la hilarante historia del jorobado al que se mata por accidente y cuyo crimen se atribuyen varias personas por diferentes motivos, todos ellos erróneos. O la espantosa falta de humanidad que manifiesta aquella dama que, al ver que las manos del hombre con quien se acaba de desposar huelen a ajos, le hace cortar los pulgares, ofendida (noche 27).
Para los amantes de la literatura comparada también resulta chocante descubrir la temprana aparición literaria de una “celestina”, a quien se entrega una bolsa de dinares por actuar de eficaz intermediaria entre el narrador y la hija del cadí de Bagdad (noche 28). O advertir cómo El-Aschar protagoniza una versión oriental del cuento de doña Truhana, pero encarnándolo en un vendedor de cristalería (noche 32).
En el orden filosófico, creo que resulta muy llamativa la forma en que define a la muerte, con mayúsculas menos fervorosas que asqueadas (“Arrebatadora de todo goce, la Dislocadora de toda intimidad, la Separadora de los amigos, la Sepultadora, la Invencible, la Inevitable”, noche 32).
Apuntaré también una fenomenal hipérbole, que he subrayado con admiración en la noche 35: nos habla de la ropa mísera de un pescador y nos dice que está “llena de chinches y de pulgas en número suficiente para cubrir la superficie de la Tierra”.

jueves, 4 de octubre de 2018

Las mil noches y una noche (I)




Empiezo a leerme (lo haré con lentitud, durante meses, a pequeños sorbos), los diecisiete tomos de Las mil noches y una noche, en la traducción de J. C. Mardrus, que versiona Vicente Blasco Ibáñez (Foro Ediciones). Los adquirí hace un año y medio y creo que ya va siendo hora de sumergirme en sus millares de páginas.
El primer tomo se inicia con una alabanza destinada a las personas que conocen y respetan las historias de la tradición, porque de ellas se obtiene siempre una gran enseñanza provechosa (“¡Gloria a quien guarda los relatos de los primeros como lección dedicada a los últimos!”). Y, a continuación, se inicia la conocida leyenda del rey Schahriar, que posee cada noche a una doncella, a quien ordena matar al rayar el alba. Scheherazada, hija del visir, asume el reto de mantener el interés del monarca con cuentos que, inconclusos al amanecer, promete continuar durante la noche siguiente, si goza de su benevolente autorización.
Así, le hablará de hechiceras que convierten a los hombres en animales (noche 1), de efrits encerrados en jarrones en el fondo del mar (noche 2), del rey que mató a un halcón sin saber que éste le había salvado la vida (noche 5), de un libro de páginas envenenadas que mata por contacto (noche 5), de un chico que fornica con su hermana (noche 12), etc.
Me han provocado asombro y sonrisa algunas hipérboles eróticas, como la que puede consultarse en la noche 15: “Pasé con ella toda la noche. Le di cuarenta asaltos de verdadero asaltador y correspondió a ellos, y cada vez me decía: “¡Ay, ojos míos! ¡Ay, alma mía!”. Y me acariciaba, y la mordía yo, y ella me pellizcaba, y así durante toda la noche”. La mujer, agradecida y saciada, no tendrá empacho en reconocer al fogoso varón sus innegables virtudes: “Tú eres verdaderamente el cabalgador más rico en corvetas y en medida de largo y grueso”. Tales ímpetus genitales se repetirán en otro hermoso muchacho de quien, protagonista de la noche 20, se nos dice que “ha sido creado para poner en combustión todas las vulvas”; o en aquel otro del que se pregona, en la noche 21, que “ataque tras ataque, el ariete funcionó quince veces seguidas, entrando y saliendo sin interrumpirse”.
Un primer volumen muy atractivo, donde la amenidad, el humor, el sexo, los encantamientos y las curiosidades asaltan los ojos del lector en cada página.