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miércoles, 11 de mayo de 2022

Estampaciones

 


Me gustan (siempre me han gustado) los libros de cuentos que me proponen un grupo de historias, temas y emociones diferentes, porque eso me permite valorar la versatilidad de quien compone la obra, su destreza para adaptarse a mundos y registros heterogéneos. Así que el volumen Estampados, que firma la madrileña Alena Collar y que publica el sello Editores Policarbonados, tenía que llamarme, casi seguro, la atención. Lo ha hecho. Me he encontrado en sus páginas con una autora que se permite jugar inteligentemente con sintagmas coloquiales (“les entró la soñarrera”, “a veces se le va la olla”, “nos dan las uvas”, “en cuantito lo hizo se murió”) y que da cabida generosa al humor, que impregna no pocos relatos y los hace muy agradables para los lectores: el hombre que descubre su destino tras encontrar en una casa abandonada unos paraguas rojos, el ángel que baja a la Tierra para elaborar un censo, el jardinero que vuelve del más allá para pedir que alguien riegue un rosal, la mujer mayor que considera reales las imágenes que salen de su televisor, el extraterrestre que se queda sin batería en su ovni, etc.

Pero, a la vez y de forma compatible, Alena Collar nos deja ante los ojos algunas historias profundamente tristes (el anciano arrumbado por su hija en un centro de la tercera edad) e incluso melancólicas (el hombre que se queda en un silencio profundo mientras contempla una vieja fotografía, donde se lo ve de niño junto a su madre).

¿Me permiten que subraye y les recomiende dos historias especiales de este libro? Si es así, apúntense los títulos “Como las flores” y “Mañana no irá al concierto”. Creo que me agradecerán la sugerencia.

domingo, 12 de abril de 2020

Fuera de temario




Es un mecánico que trabaja rodeado de herramientas llenas de grasa, en un taller cuya decoración podemos perfectamente imaginarnos. Un día, que apenas se diferencia de los demás que componen su rutina laboral, recibe una misteriosa llamada telefónica: en ella se le comunica oficialmente que ha sido nombrado académico de la Lengua. La primera reacción explora la posibilidad de que se trate de una broma de mal gusto: no lo es. La segunda reacción acaricia la idea de que pueda deberse a una confusión de identidad: tampoco lo es. Él, el mecánico rudo y escasamente letraherido, ha sido nombrado académico. Pero la sorpresa resultará aún mucho mayor cuando, acercándose hasta el edificio de la RAE para tomar posesión oficial de su poltrona, descubra que el resto de académicos son tan indignos como él de ocupar sus cargos, y que muchos coquetean con el más riguroso analfabetismo.
Esta broma (¿o tal vez invectiva?) de Manu Espada aparece en su libro de cuentos Fuera de temario (Editores Policarbonados, Madrid, 2010) y se titula “La importancia del complemento circunstancial”. El resto del volumen (tan bien escrito y tan asombroso temáticamente como el relato ya mencionado) nos ofrece un variado surtido de metamorfosis, sucesivos enredos protagonizados por un cura y un vagabundo, enigmáticos relojeros, arquitectos oblongos y otras figuras no menos sorprendentes.
Relatos paradójicos, llamativos y en los que el lector tiene que suspender su incredulidad para disfrutar con plenitud. No resulta un mal balance.