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jueves, 5 de septiembre de 2019

Las Sinsombrero 2




La segunda entrada del trabajo sobre Las Sinsombrero, de Tània Balló, nos ofrece una aproximación a siete mujeres talentosas en ámbitos culturales distintos (la novela, la poesía, la pintura, la traducción), que nos permite ir completando el panorama de su época. Sin estas mujeres brillantes, enérgicas, fuertes, tenaces y orgullosas, nuestra visión de la cultura española del siglo XX quedaría coja, de ahí que esfuerzos investigadores como el de la barcelonesa Balló merezcan todos los aplausos y toda la gratitud.
Nos habla de Carmen Conde y nos aporta varios detalles curiosos, al margen de la valoración de su obra literaria: la prohibición de acercarse a los libros durante la infancia; las cartas celosas que le dirigió Antonio Oliver, quejándose por no ser el destinatario de todo el tiempo de la poeta; o su posible relación sentimental con Amanda Junquera… De la zamorana Delhy Tejero subraya su orientalismo y su vocación de individualidad, su interés por la teosofía o la ceguera que padeció durante su vejez, así como la existencia de un diario (los Cuadernines), donde registró múltiples detalles de su vida y su pensamiento… De la combativa Lucía Sánchez Saornil nos informa sobre su trabajo como telefonista, así como su vinculación a la CNT, donde desarrolló una vigorosa lucha contra el fascismo… De Consuelo Berges, eximia traductora y masona reconocida, resalta su amistad con Concha Méndez y su ancianidad solitaria y pobre… De Margarita Ferreras nos ofrece una indagación biográfica llena de misterios y lagunas, que casi invitan a considerar la condición novelesca de su vida, cuyo final se desconoce… Para la pintora falangista Rosario de Velasco exige el mismo respeto que para las demás protagonistas del volumen (la autora insiste en que ha procurado “dejar en el cajón de mi escritorio mis propias creencias”), habida cuenta de la brillantez de sus pinceles… Y de Elena Fortún reivindica no solamente su literatura infantil, marca y símbolo de una época, sino también sus estudios de braille, su largo exilio y la asunción de su homosexualidad.
Un tomo espléndido, luminoso, revelador y necesario, lleno de generosidad investigadora, que ojalá se amplíe en el futuro.

viernes, 19 de julio de 2019

Las sinsombrero




En cada lista donde se intenta resumir la generación del 98 o la generación del 27 (por citar dos bloques consolidados e ilustres) se producen divergencias con otras listas: se incluye a éste o se excluye al otro, se considera que existe un guía de la generación o se desecha esa posibilidad, etc. Pero existe una tónica común que las iguala de forma inmisericorde: dejan fuera de la nómina a todas las mujeres del grupo. Quizá algunas personas, con expresión disconforme, argumenten que no es así, pero la evidencia crítica es tan aplastante que apenas registra algunas leves excepciones. Las escritoras, diluidas en el grupo, pasan a ser preteridas o directamente olvidadas, incluso por sus mismos y “amables” compañeros, que las omiten en sus antologías y que no las suelen mencionar en aquellas entrevistas donde enumeran sus preferencias literarias.
Tània Balló se propuso abordar una investigación donde se reflejase la labor de estas mujeres ocultas, secretamente brillantes, inquietas y modernas; e inició su trabajo con las artistas (literarias y plásticas) del 27, que aparecían en las fotos del grupo, en las revistas de la época… pero que luego fueron silenciadas de forma casi unánime por la Historia de la Literatura.
En este volumen, enriquecido con los rostros muchas veces ignorados de dichas mujeres, nos encontramos con Margarita Manso (amiga de Federico García Lorca y Salvador Dalí, casada posteriormente con un falangista y protagonista de una impresionante escena sexual), Marga Gil Roësset (escultora sensible y enérgica que se enamoró de Juan Ramón Jiménez y acabó suicidándose, tras destruir una buena parte de su obra a martillazos), Concha Méndez (novia juvenil de Luis Buñuel, editora y gran viajera, que terminó sus días en el exilio mexicano, tras la guerra civil), Maruja Mallo (quien a pesar de haber sido pareja de Rafael Alberti durante años fue omitida por éste en sus memorias. Artista plástica que, ya en su ancianidad, vio cómo Pedro Almodóvar o Madonna se hacían con obras suyas), Ángeles Santos (creadora vallisoletana a quien Balló no duda en calificar como “una de las mejores pintoras del siglo XX”), María Zambrano (discípula de José Ortega y Gasset y gran luchadora por la República), María Teresa León (sobrina de María Goyri y Ramón Menéndez Pidal, que ha quedado a la sombra de su esposo Rafael Alberti, pese a la alta calidad de su obra. El alzheimer la derrotó en sus últimos años), Rosa Chacel (sobrina nieta de Zorrilla, empezó a leer a los 3 años. Empezó en el mundo de la escultura, pero luego pasó a la literatura. Esposa de Juan José Domenchina. Pidió su ingreso en el Opus Dei en 1952 y murió en 1999, sin obtener el reconocimiento global que merecía) y Josefina de la Torre (actriz, poeta y soprano, mantuvo un romance con Luis Buñuel. Fue ingresando en el olvido año tras año, aunque intervino en breves papeles televisivos, como en la serie “Anillos de oro”).
Con este trabajo de investigación y recuperación, Tània Balló contribuye de una manera poderosa al restablecimiento de la justicia artística, que tan esquiva se había mostrado con estas mujeres sin sombrero, intrépidas y avanzadas. Es un primer peldaño importantísimo.