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jueves, 20 de marzo de 2025

Esta espera que lo envenena todo



Reconozco que últimamente atraen mucho mi atención aquellos libros de cuentos en los que, lejos de percibir propuestas independientes, advierto conexiones entre unas y otras. Y la explicación es muy sencilla: creo que unen de manera muy interesante las bondades del relato y las de la novela, erigiéndose en híbrido seductor que reproduce la médula esencial de la vida: estamos rodeados de todo tipo de historias, que se unen, confluyen o divergen de mil modos distintos. Cómo no admirar un anillo de oro sobre el que se engastan varias piedras preciosas.

Ocurre así en el último volumen de la barcelonesa Maite Núñez, que pone ante nuestros ojos una docena de narraciones con un denominador común: la espera, que muchas veces no es sino la antecámara del dolor. Madres que aguardan con angustia el diagnóstico (que no parece halagüeño) de su hijo; ancianas con alzheimer que exhalan su último suspiro en un geriátrico, sin ningún tipo de compañía familiar o amistosa; adolescentes que descubren la existencia de una posible amante de su padre; parejas que se erosionan ante la imposibilidad de concebir; hombres de mediana edad que buscan en una prostituta lo que su mujer (enferma de gravedad) ya no puede concederles; periodistas deportivos que salen a recorrer la ciudad buscando farolillos para la fiesta de cumpleaños de un hijo que, quizá, ya no cumpla ninguno más; ancianos que adquieren el día de san Valentín, y luego guardan en un cajón, una joya para la esposa que los abandonó hace años; albornoces que se quedan colgando, vacíos, en cuartos de baños donde el silencio araña; vendedores fraudulentos; mujeres que vacían su tristeza en los oídos de un amante desdeñoso… El abanico de soledades y desgarros que padecen estos personajes es tan amplio como conmovedor. Y leyendo sus historias resulta imposible no acongojarse, porque la autora las consigna de una forma magistral, logrando un difícil equilibrio entre tristeza y literatura.

Francisco Umbral tituló uno de sus libros, quizá lo recuerden, con el mismo rótulo que ya había usado anteriormente Paul Éluard: Capital del dolor. A partir de ahora, la capital del dolor es San Cayetano, por obra y gracia de Maite Núñez.

miércoles, 23 de marzo de 2022

Todo lo que ya no íbamos a necesitar


Sería complicado resumir en pocas palabras por qué me ha gustado tanto el libro Todo lo que ya no íbamos a necesitar, de Maite Núñez (Editorial Base, 2017). Me podría referir a la perfecta organización de los relatos, que avanzan de un modo creíble y culminan siempre de manera maravillosa. Me podría referir al cuidadoso lenguaje que la escritora barcelonesa elige para esculpir sus historias. Me podría referir a la conmoción emocional que muchas de ellas me han procurado, con sus argumentos turbadores. Me podría referir a muchos aspectos, ángulos y primores de este volumen; y seguiría dejándome fuera otros tantos motivos para aplaudir.

Todo lo que ya no íbamos a necesitar es un tratado sobre los puntos de inflexión, una enciclopedia literaria en la que Maite Núñez nos invita a que contemplemos los instantes durísimos, reveladores y amargos en que sus criaturas sienten cómo sus trayectorias giran y se retuercen: el hijo de la madre alcohólica que roza con sus dedos el teléfono con el que podría denunciarla a Servicios Sociales; la mujer que, después de sufrir una mastectomía, teme el instante en que deba enfrentarse al hombre que la acaricie sin saberlo; la hija que observa con rabia el modo en que su padre, viudo, se ha dejado engatusar por una mujer más joven que él; el hombre que, presionado por su esposa, se ve abocado a ingresar a su madre en un geriátrico; o ese absoluto y breve prodigio que se titula “No tengas miedo”, en el que una mujer con cáncer tiene que sonreír y disimular ante su hija pequeña.

Como puede observarse, un completísimo álbum de seres quebrados, heridos o moribundos, a los que la soledad, la tristeza, el egoísmo de sus semejantes, la rabia, la orfandad o las lágrimas han erosionado; y que se sostienen en pie con enormes dificultades, como náufragos en un océano inmisericorde.

Maite Núñez atesora una notable calidad, que ya me asaltó en su libro Cosas que decidir mientras se hace la cena, volumen que consigné en otro lugar de este Librario y que ahora se completa con esta segunda entrega de narraciones. Dos aproximaciones convincentes son prueba más que sobrada de que me interesa y seduce su estilo. No la perderé de vista. 

martes, 2 de noviembre de 2021

Los sempiternos


Afirmaba el dirigente chino Deng Xiaoping que no importaba si el gato era blanco o negro, sino que cazase bien los ratones. Y algo similar podríamos decir de la obra Los sempiternos, que Ginés S. Cutillas publicó en 2015 en la editorial Base: tanto da que se trate de relatos como de una novela. En puridad, existen indicios y apoyaturas (técnicas, estructurales, argumentales) para sustentar cualquiera de las dos hipótesis; pero lo que al lector le interesa, por encima de las disquisiciones eruditas, es que quien escribe el libro cace con eficacia el ratón de su curiosidad. Y ahí el valenciano no genera dudas ni incertidumbres: lo consigue de principio a fin.

¿Cómo podría ser de otro modo? En las primeras páginas, el anciano Marcelo se sorprende con los madrugadores golpes que inesperadamente perturban su puerta; y su inquietud se convertirá en pánico cuando descubra que la figura que se recorta en el vano ha venido a cobrarse su vida; y su pánico se convertirá en angustia cuando se le ofrezca la posibilidad de ganar un día de vida si, a cambio, realiza una acción abominable; y su angustia se convertirá en vergüenza cuando la lleve a cabo. A partir de ese instante, que sirve de pórtico al volumen, imaginen un desfile de personajes vestidos de blanco, infieles compulsivos, misteriosos personajes que desarrollan una infinita partida de póker, un hombre que observa con estupor cómo todos los vecinos del barrio comienzan a convertirse en mujeres, psiquiatras desconcertados, empresas en las que se instaura una sangrienta anarquía… Sé que todo lo que acabo de exponer parece caótico, y que estas breves líneas no permiten hacerse una idea del espíritu y la intensidad del libro, pero les aseguro que Los sempiternos consigue que todas esas hebras de anómalo colorido conformen un tapiz admirable, armónico y seductor, que les recomiendo de manera viva.

Están ustedes tardando.

lunes, 13 de enero de 2020

Cosas que decidir mientras se hace la cena






Algunas personas, cuando se colocan ante el folio o ante la pantalla del ordenador y deciden construir una historia, se proponen (o necesitan) dibujarnos mundos lejanísimos, aventurarse por senderos inhóspitos o imaginar complicados argumentos situados en el pasado o en un futuro improbable. Pero otras parecen preferir (y creo que Maite Núñez se incluye en este grupo, por lo que leo en su magnífico volumen de cuentos Cosas que decidir mientras se hace la cena) los paisajes y las figuras más cercanos y más cotidianos: la diminuta cocina donde una mujer se plantea si formalizar ya su relación oficiosa de pareja; la aspiradora que se pasa sobre los restos de un pequeño desastre ocurrido en el hogar; el adolescente que recibe con desdén al padre divorciado que ha decidido emprender un largo viaje; la tristeza roja de una madre y una hija, atrapadas de forma casi inquebrantable en un local de alterne; las hermanas que se apoyan en los momentos menos boyantes; las argucias ópticas de una mujer que siente la necesidad de reunirse de nuevo con su pareja; la tentación de la infidelidad, que a veces acecha; las vecindades farragosas; los divorcios; el cáncer.
Son temas que, visitados narrativamente por miles y miles de escritores, parece ya imposible que ofrezcan novedades o sorpresas. Pero justo ahí emerge el brillo esperanzador e indiscutible de Maite Núñez, que sabe capturar y retener la atención del lector, emocionar con sus secuencias narrativas y convertir lo cotidiano en delicada belleza atemporal. “El plano de Londres”, “Miopía” o “Zona de sombrillas” son lecturas que tardaré mucho en olvidar, por la inteligencia, la luz y la humanidad que emanan.
Una maravillosa colección de relatos, que nos obliga a estar pendientes (ilusionadamente pendientes) de las futuras publicaciones de esta escritora.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Cómo armar y desarmar un relato



Muchas personas, incluso de buena fe, opinan que los talleres literarios o los consejos que imparten los escritores consagrados no valen para gran cosa, porque es imposible comunicar el talento de la escritura. Y tal afirmación, aunque esconde una porción de verdad (el talento no se enseña), peca de irreflexiva: todas las tareas creativas mejoran cuando reciben el impulso de un aprendizaje. Un arquitecto necesita dominar el dibujo técnico; un pintor debe conocer en profundidad las condiciones de sus óleos o la más productiva combinación de colores... Y esas sabidurías se enseñan. Que luego el creador auténtico las retuerza, las deforme o las mejore es otro cantar. Pero se empieza por aprender. Con humildad, con sencillez, con prudencia.
Fernando Clemot, autor de libros tan memorables como El golfo de los Poetas o Estancos del Chiado (premio Setenil en 2009), acaba de publicar un libro que es realmente útil y valioso para quienes se adentran en el mundo de la escritura. Se titula Cómo armar y desarmar un relato y lo publica la editorial Base. Y desde el principio el autor barcelonés explica que quiere presentar este volumen «como un libro que combina lo teórico, la experiencia personal y lo práctico. Como un libro que trata de orientar, de desbrozar un camino por el que hemos tenido que pasar todos» (p.11). Y ciertamente lo consigue, partiendo de una premisa inteligente, rigurosa e indiscutible: «Es un rasgo general que los nuevos escritores se quieran pasar por alto algunas etapas de formación y llegar a los objetivos que se han propuesto (publicación, notoriedad) con rapidez y con el mínimo esfuerzo. Se ha producido un efecto de transmisión desde la sociedad a la literatura de uno de los valores más arraigados de nuestro tiempo: la inmediatez. Todo lo exigimos al instante, nuestros deseos deben ser cubiertos con celeridad: en una sociedad en que casi todo se puede comprar cuesta entender que haya algo que no se puede obtener con una tarjeta de crédito» (p.25).
Para quebrar esa tendencia, Fernando Clemot se detiene en cada uno de los pormenores que conforman la confección de un texto creativo en prosa: los tipos de narradores que se pueden elegir para contar una historia (con una interesante explicación de sus virtudes y limitaciones); un apartado práctico en el que se analizan las condiciones que debe cumplir un buen título; una breve aproximación al monólogo interior como ingrediente narrativo; el análisis de algunos inicios famosos de cuentos (para analizar sobre ellos sus aportaciones y sugerencias); la importancia de incorporar al personaje central, debidamente tratados desde el punto de vista literario, algunos elementos de la vida del autor (el llamado “fondo sentimental”)... Finalmente, el volumen se cierra con una serie de consejos sobre el formato y la presentación que debe respetar el escrito (márgenes, justificación, sangrías, etc), así como algunas indicaciones ortográficas de fácil memorización y manejo. También se incluyen un interesante texto de Fernando Clemot sobre las últimas generaciones de narradores españoles y una amplia selección de libros ordenados cronológicamente para lectores y escritores que se quieran formar de un modo completo y equilibrado.

Un libro serio e iluminador, escrito con prosa diáfana por uno de los mejores cuentistas del país, donde se nos ofrecen algunas recomendaciones para concebir, construir y presentar nuestras historias de un modo eficaz.

sábado, 30 de marzo de 2013

Los mensajes ocultos de Leonardo da Vinci



Muchos lectores y críticos andamos, de un tiempo a esta parte, con los sentidos alerta contra los libros que huelan a danbrownismo, ese esperpento literario más bien aparatoso, mendaz y fullero que se construye sobre medias verdades, trampantojos, supuestas confabulaciones seculares y terribles secretos que amenazan con desvelar misterios ocultos a lo largo de la Historia. De ahí que si el lector convencional se encuentra con un libro cuyo título es Los mensajes ocultos de Leonardo da Vinci, lo normal es que de inmediato se ponga a la defensiva o tuerza el morro, pensando en que tiene ante sí otra bazofia de la misma saga. Pero les aseguro que, en este caso, no es así. El catalán José Luis Espejo, trabajando con rigor, cotejando documentos, analizando con lupa y con erudiciones los cuadernos del genio renacentista italiano y dejándose los ojos sobre sus dibujos y lienzos, elabora una obra de investigación (y también de especulación, por qué no decirlo) de notable envergadura. Y eso que el objetivo que se planteaba no era ni mucho menos fácil: ¿existen en la obra de Leonardo pruebas (pruebas reales, constatables, que no se cimenten sobre la fantasía) de su vinculación con el catarismo, con las sociedades secretas o con Cataluña (un territorio que oficialmente jamás pisó)? Como bien señala Silvano Vinceti en el prólogo, “El autor de La Gioconda escapa a toda clasificación. Está más allá de cualquier tentativa de interpretación exhaustiva y absoluta, navega por cielos y mares del espíritu que tienen el perfume y el sabor de lo indeterminable, de lo inaprensible” (p.8). José Luis Espejo, pues, ha optado por una aproximación parcial (rica y curiosísima) al italiano, en la cual ha conjugado la investigación con la inducción, el análisis con la hipótesis, sin incurrir jamás en absurdos flagrantes. Pero como muchas de las ideas que Espejo lanza al lector son inauditas y sorprendentes, no tiene reparos en lanzarle un aviso: “Abróchate el cinturón” (p.15). Para comenzar, aporta pruebas más bien elocuentes de que los paisajes que sirven de fondo a ciertos cuadros de Da Vinci (entre ellos, La Gioconda) se corresponden con las montañas de Monserrat. La aparente elucubración adquiere visos de nítida certidumbre cuando se observan fotos y cuadro, unidos. De ahí que Espejo avance una hipótesis: que los Da Vinci italianos en realidad eran catalanes que huyeron allí por causas religiosas relacionadas con el catarismo (p.52). Después, insinúa que dada la relación con Américo Vespucio, es probable que Leonardo da Vinci conociera al almirante Cristóbal Colón... y que su mapamundi (incluyendo América) fuera el primero de la Historia. Pero ahí no se detienen las sorpresas: José Luis Espejo, tras un análisis exhaustivo de escritos, montajes visuales, estudios del paisaje que sirve como fondo del cuadro más famoso de Leonardo, etc, concluye: “La Gioconda sería una representación de la Virgen de Monserrat, la Virgen Negra. Su misma sonrisa (tan parecida en ambos casos) lo delataría” (p.203). No es desde luego una afirmación intrascendente. Más adelante, incluso vinculará este lienzo con el culto a María Magdalena en la zona catalano-occitana (Isis, vírgenes negras, etc). Y explica razonadamente su idea de que con toda probabilidad las dos Giocondas más famosas (la del Louvre y la del Prado) sean en verdad de la misma mano: Leonardo da Vinci. En cambio traza sus distancias con otra hipótesis normalmente vinculada al genio italiano: José Luis Espejo es escéptico con respecto a la hipótesis de que fuera Leonardo quien realizó la figura de la Sábana Santa de Turín (“Leonardo era bueno con los pinceles, no con los milagros”, p.263)... Pero insisto en el núcleo de este comentario: no estamos en presencia de un libro absurdo, fantasioso o literario (entiéndase la cursiva), sino ante una anonadante investigación. Recomiendo, pues, leer con calma muchas de las páginas de este libro, porque la densidad de informaciones culturales (alquimia, mitología, arquitectura, simbología, historia de las religiones) es tan notable que el lector corre el serio peligro de perderse o sentirse desbordado en algunos tramos. Cuando esa sensación le invada, concédase una pausa y no abandone, porque el hilo que José Luis Espejo insinúa aquí es tan seductor como gratificante: abre las puertas de la mente a experiencias y reflexiones asombrosas.