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martes, 10 de marzo de 2026

Las sustituciones

 


En todas las historias de este espléndido volumen de Santiago Casero (que fue galardonado con el XXX Premio Tiflos de la ONCE) aletea la sospecha de que no somos sino entes provisionales que ocupamos espacios provisionales; y que una leve brisa (o un huracán) puede desinstalarnos de la zona que creemos nuestra, de la felicidad o la calma que creemos nuestras. Una editora que se desplaza en avión entre España y Portugal para absorber un pequeño sello lisboeta; un traductor que se encandila con su homóloga en una reunión política de altísimo nivel entre Reagan y Gorbachov; una mujer que, mientras adquiere un regalo para su amante, descubre a su marido haciendo lo mismo para la suya; un hombre que, víctima de un desajuste aeroportuario, se ve zarandeado por la amargura y por la decepción en las calles de Nápoles; una pareja que, ajena a la paternidad, se refugia en una adopción canina para maquillar provisionalmente su vacío… Todos ellos caminan por la existencia sin querer admitir que, como se indica en la página 96 del tomo, “las sustituciones tienen una vigencia corta, una fecha de caducidad variable, pero que acaba venciendo siempre”. Quizá porque hacerlo implica aceptar que el gris es el color que nos acecha en cada esquina y que la luz, aunque pueda parecernos el gran porvenir que nos espera, no es más que un simulacro.

Con una prosa excelente y con un sentido de la construcción cuentística fuera de toda duda, Santiago Casero nos entrega un tomo magnífico, donde se nos invita a conocer mejor al ser humano, explorando su alma y diseccionando su corazón. Háganse el gran favor de leerlo. Les va a encantar. Y, seguramente, descubrirán que sus textos también están hablando de ustedes.

miércoles, 4 de enero de 2023

El Genio y la Diosa

 


El anciano John Rivers, durante una Nochebuena de su ancianidad, se encuentra en casa, acompañado por su nieto, mientras su hija y su yerno asisten a una fiesta navideña. Fue durante años profesor de Física en la universidad, y ahora, para distraer el paso de las horas, relata para un acompañante innominado todo lo que le sucedió cuando, con apenas veintiocho años, se convirtió en ayudante de Henry Maartens, premio Nobel. La fascinación que tal personaje le produjo fue elevada, pero mucho menor de la que imprimió en su ánimo Katy, la esposa de Maartens, una auténtica diosa de la que se enamoró “como un loco” (p.55), aunque de forma platónica. Una serie de azares funestos (la enfermedad de la madre de Katy, que la obligó a alejarse del hogar durante semanas; el crecimiento de su hija Ruth, que creyó prendarse del atractivo Rivers; la ingenuidad casi absoluta de Henry Maartens) terminaron colaborando para que la mayestática, excelsa y sensual Katy acabara convirtiéndose en su amante. El esposo, Henry, inocente hasta el fin, aseguró al atribulado muchacho (a quien devora el arrepentimiento) que se sentía “excepcionalmente afortunado, pues había logrado y retenido a una esposa tan buena, hermosa y sensata, tan delicada y fuerte, tan leal y amante… Sin ella, se hubiera vuelto loco, se hubiera hundido” (p.129).

Miguel de Hernani es el encargado de traducir al español esta novela de 1945, que el sello Edhasa publicó en 2009.

Como se puede observar, nos encontramos ante una historia tan vieja como el mundo, pero que Aldous Huxley convierte en un análisis psicológico e intelectual de primera magnitud, en el que se estudia y resume, desde la senectud sabia de John Rivers, el conjunto de detalles que conforman siempre una pulsión amorosa donde la culpa, el deseo, la moral y la conciencia pugnan acremente entre sí.

Muy interesante.

miércoles, 24 de agosto de 2022

Cenizas

 


Cuando la hoguera del amor concluye, de forma abrupta o erosionada por el paso del tiempo, suele dejar un rastro de dolor (esa “última forma de amar”, como escribió el gran poeta Pedro Salinas), que finalmente se resuelve y condensa en un montoncito de cenizas. Aproximarse a esas cenizas, contemplarlas con piedad e incluso osar removerlas con un palito, es la función que realizan los nueve espléndidos relatos que conforman este volumen firmado por Juana Cortés Amunarriz, que se alzó con el XXXI premio Tiflos de cuento y que la editorial Edhasa publicó bellamente en abril del año 2021. En cada historia, el color y la temperatura de esas cenizas son distintos, porque distintos son los protagonistas (parejas heterosexuales, parejas homosexuales, tríos, amigos) que entran en combustión en sus páginas; pero el lector se aproxima a todas con el mismo deslumbramiento y busca la belleza de los perfiles: en “Ada” descubrirá a una chica que acompaña a su pareja por un cementerio de Roma, sabiendo que tras el viaje y el retorno a España romperá su relación con él; en “Trincho” conoceremos a una mujer separada que experimenta la desazón casi rencorosa de que su ex mantuviese una vida feliz al lado del gato común, con el cual se quedó; en “Donde crece la hierba” abriremos los ojos hasta la exoftalmia, impresionados por un argumento amoroso que vulnera los límites de la muerte; en “Carne” veremos cómo un alimento tan cotidiano como las albóndigas puede convertirse en una triste metáfora y en un símbolo triste de una cancelación inesperada; y en “Roma” (el volumen tiene esta humorada-epanadiplosis: el primer cuento se ambienta en Roma y el último tiene como protagonista a una gata con ese nombre) veremos cómo la naturaleza puede ser cruel con sus azares anatómicos.

Juana Cortés Amunarriz, que ya me gustó mucho en Queridos niños… o en Las batallas silenciosas, vuelve a hacerlo sin fisuras en esta obra magnífica, que les recomiendo vivamente.

lunes, 8 de agosto de 2022

Te llamaré Tristeza

 


Es probable que muchas personas sigan recordando a Pinhead, ese personaje de ficción creado por Clive Barker y que en la versión cinematográfica (Hellraiser) interpretó Doug Bradley: un ser inquietante que tiene toda la cabeza atravesada por clavos. En ocasiones (y huelga decir que lo estoy diciendo como un elogio), yo me siento así cuando leo las páginas de mi admiradísimo Miguel Sánchez Robles. Su lucidez, sus observaciones líricas, sus reflexiones existenciales, sus imágenes de vigor poderoso y surrealista, sus aforismos definitivos son como clavos que se hunden en tu cerebro y lo convierten en un erizo literario. Me vuelve a ocurrir al recorrer durante tres días la impresionante narración Te llamaré Tristeza, que fue galardonada con el XXIV premio Tiflos de novela y que ha sido publicada por Edhasa (Castalia) en mayo de 2022.

La protagonista es una chica clarividente y desorientada, que lee algunos libros abandonados (sobre todo, de Cioran), toma pastillas que la conducen por viajes interiores, se acuerda constantemente de su padre (calcinado por sus adicciones a la droga) y busca con desesperación, desde que salió del instituto y se introdujo en el mundo del sexo mercenario, respuestas o caminos, ángeles o caricias, amaneceres y calor. A través de saltos hacia atrás y hacia adelante, y utilizando la técnica de pequeñas diapositivas que tan excelentes resultados le ha dado a Miguel Sánchez Robles en los últimos tiempos, los lectores recibimos un puzle diabólicamente atractivo y diabólicamente complejo que tendremos que armar con atención y paciencia, porque sirve para reconstruir el exterior y el interior de Tristeza, el espacio y el tiempo, las emociones y las esperanzas, sus compañías y sus soledades.

A nada se parece la narrativa de Miguel Sánchez Robles cuando escribe textos como Te llamaré Tristeza (invocar el viejo Oficio de tinieblas 5, de Camilo José Cela, resultaría oportuno, pero insuficiente), y eso implica que se ha adentrado por un camino personalísimo, fértil, inimitable, donde lirismo y brutalidad se dan la mano para llenarnos de luz y de inquietudes. Así que les propongo un reto o un experimento: acérquense al libro y ábranlo por cualquier sitio. Por cualquiera. Del principio o del final. Lean esas dos páginas. Dudo que sean capaces de resistir la tentación de empezar por la primera y devorar el volumen entero. Si no me creen, compruébenlo.

Nadie está literariamente por encima de Miguel Sánchez Robles en la literatura actual. Es mi opinión.

martes, 31 de diciembre de 2019

Historias de cronopios y de famas




Pocas veces la etiqueta de “libro distinto” se habrá aplicado con tanta justicia (y con tanto desconcierto) a un volumen literario. Y pocas veces un autor se habrá autorizado tanta libertad, tantas libertades, tanta fantasía, tanto fluir alocado de la prosa, tanta diversión tentacular, tantos sanos disparates sonrientes, como en el caso del argentino Julio Cortázar, puesto delante de las páginas que iban a reunir bajo el título de Historias de cronopios y de famas, desde que intuyera la existencia de los primeros en forma de globitos de colores durante la asistencia a un concierto.
Lejos del almidón narrativo y de los corsés retóricos y argumentales, Cortázar se entrega a la ceremonia pura de crear, de inventar laberintos y paradojas, para después invitar a los lectores a que nos sumemos a la fiesta. “Venid” (parece decirnos), “aquí os ofrezco una mercancía sorprendente, con olor a amarillo, con sabor a azul, con sonidos anaranjados. Tomad y leed todos de mí. Bailad conmigo tregua y catala”. Y lo hacemos, claro está. Cómo no sentirse atraídos irremediablemente por un escritor que te ofrece instrucciones para llorar, para subir una escalera o para dar cuerda a un reloj; cómo no sentir un escalofrío de curiosidad frente a la familia que erige un patíbulo en su jardín, para escándalo de vecinos e impotencia de las autoridades; cómo no acongojarse con el pánico que siente la pobre tía, que camina cuidadosamente para no caerse nunca de espaldas; cómo no asistir con perplejidad y asombro a la manera en que una familia estrafalaria se organiza para hacerse con el control emocional de los velatorios; cómo no sentirse conmovido por el lirismo delicioso de la lluvia que percute en un cristal.
Cortázar, lúdico y lúcido, nos abre su gaveta y extiende su arco iris de palabras con el único objetivo de que nos dejemos fascinar por ellas. Como los más innovadores vanguardistas. Como los más viejos narradores de antaño. Así que la actitud que debemos desplegar ante ellas es clarísima: preparar un café, quitarnos la corbata (a ser posible, quemarla), sentarnos en el suelo sobre un cojín, quitarnos los zapatos (a ser posible, también los calcetines) y dejar que el Gran Mago nos embriague. Cuanto más tardemos en hacerlo más tardaremos en descubrir la maravilla de un libro minotauro, un libro unicornio, un libro dragón, un libro sirena, un libro catoblepas, un libro Julio.

miércoles, 20 de junio de 2018

De ratones y hombres




En ocasiones asumimos tareas que terminan por desbordarnos y volverse contra nosotros. Es lo que le ocurre a George, un vagabundo que se desplaza de rancho en rancho buscando trabajos eventuales con la única compañía estable de Lennie, un enorme retrasado mental que le fue encomendado por su tía Clara. En Weed ya tuvieron algún que otro problema, derivado de la manía que tiene Lennie de acariciar las cosas que le parecen suaves: lo intentó con el vestido de una niña y sus reacciones de pánico convencieron a todos de que estaba intentando abusar de ella. Posteriormente, Lennie se ha acostumbrado a llevar ratones, a los que acaricia hasta que los mata sin querer con sus grandes y fuertes manazas.
Ahora, en el rancho al que llegan, intentan que las cosas sean diferentes: George y Lennie trabajarán duro sin meterse en líos, ahorrarán hasta el último céntimo y se comprarán una granja con chimenea y con conejos, para que el ingenuo grandullón los vaya alimentando con alfalfa. Es un sueño pequeñito, tierno, razonable… y también utópico, sobre todo porque el carácter fanfarrón de Curley (el hijo del patrón) y la condición casquivana de su esposa no van a plantearles más que problemas.
La escena final, con George teniendo que encargarse por última vez de Lennie, es una de las más impresionantes que redactó John Steinbeck, premio Nobel de Literatura en 1962. A mí se me han manteniendo los brazos erizados por la pena y por la ansiedad durante varios minutos. Espectacular novela del californiano e inmejorable colofón para un relato donde la amistad, la compasión, la pobreza y la fatalidad caminan juntos.