Mostrando entradas con la etiqueta Gisbert Joan Manuel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gisbert Joan Manuel. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de julio de 2026

Los caminos del miedo

 


Cuatro propuestas nos ofrece Joan Manuel Gisbert en su libro Los caminos del miedo, y en todas se percibe, como no podía ser de otra manera, la solidez de un narrador curtido y polivalente que ha merecido galardones como el premio Lazarillo, el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, el Barco de Vapor, el Gran Angular, el Edebé o el Cervantes Chico. Casi nada.

En la primera (“La obsesión de Amberes”), nos habla de Solange y de Jules, dos personas interesadas en el mundo del ocultismo que, sin conocerse, realizan la misma acción: visitar una fábrica abandonada en la cual, según los expertos, “se podía obtener una respuesta veraz a las incógnitas fundamentales de la vida”. Los dos desean formular una pregunta parecida, relacionada con su propia muerte, y muestran anhelo y a la vez pavor por el resultado de la consulta, que queda consignada en un sobre cerrado. ¿Querrán abrirlo? ¿Querrán leerlo? ¿Serán capaces de afrontar la brutal revelación que sus líneas contienen? Con una mezcla de terror gélido, metafísica y ciertas gotas de humor, Gisbert consigue un relato contundente y digno de aplauso, que sirve de primer plato en un menú que, además, contiene un duelo a muerte en Sevilla, acompañado de premoniciones macabras (“Los mensajeros de la muerte”); la angustia de una mujer cuando tiene que cuidar la inquietante caja que le deja en custodia su vecino, quien tiene un pavoroso ojo de cristal (“Pupilas de obsidiana”); o la paralizante gelidez que pone a Hans de Turingia al borde de la muerte mientras viaja, subido en su caballo, camino a Constanza (“En la llanura blanca”).

Que no se engañe nadie con la etiqueta de “autor LIJ” que suele adherirse junto al nombre del autor catalán: Joan Manuel Gisbert es un magnífico narrador que convence y encandila, sea cual sea la edad de la persona que abra el libro. Hagan la prueba.

sábado, 15 de junio de 2024

El último enigma

 


Estamos en Flandes, en el año 1564. En medio de la noche, la puerta del doctor Jacob Palmaert es golpeada nerviosamente por el abogado Bartolomé Loos, quien insiste en que lo acompañe a su casa, porque necesita de sus servicios como galeno especializado en enfermedades mentales. El doctor, mientras lo acompaña, se entera de que el abogado Loos es uno de los miembros de la Hermandad del Enigma de Salomón, y que el motivo de su angustioso requerimiento se basa en que los demás componentes de dicha sociedad, tras recibir un mensaje esotérico y leer su contenido, han ingresado de forma unánime en una extraña locura.

Pronto se incorpora a la trama, en una trayectoria anexa, el joven Ismael, sobrino del canónigo Sebastián Leiden. El muchacho trabaja en una posada, pero en realidad lo que está haciendo es controlar a los viajeros que transitan por la misma. Al fin llega alguien que atrae su atención, y el chico le comunica a su tío que, en su opinión, el recién llegado es un Maestro de Enigmas de la Hermandad. De hecho, y viendo que el desconocido se va de la posada antes de lo esperado, se apresta a perseguirlo a una distancia prudente. Se trata (lo descubrirá pronto) de Juan de Utrecht, un hombre sigiloso, precavido e inteligente, que se mueve con la habilidad de un felino y al que no resulta fácil espiar o controlar. Pero es que a la suma de inconvenientes que debe superar Ismael se suma el nombre de Lucas Lauchen, un inquisidor que, obsesionado con la figura de Juan de Utrecht, ha contratado a dos asesinos profesionales para que lo maten… y para que maten de igual modo al chico que lo acompaña.

Entretanto, los enfermos mentales retenidos en la mansión del abogado Loos no dejan de empeorar, ante el desconcierto del doctor Palmaert, quien no se muestra capaz de sanarlos. Uno de ellos, incluso, se suicida.

En ese punto entra en juego la prodigiosa habilidad novelística de Joan Manuel Gisbert, quien comienza a dar giros a la acción hasta conseguir que los lectores vayan de asombro en asombro, vertiginosamente embriagados. Una anagnórisis muy bien trenzada en los capítulos finales cambiará con inteligencia el rumbo de la obra. Una brillante narración, marca de la casa.

sábado, 15 de agosto de 2020

La noche del Viajero Errante




Su memoria, alterada o perdida, no le permite recuperar ningún elemento de su pasado: ni su nombre, ni su profesión, ni su destino. Tan sólo sabe que acaba de llegar a la frontera de un país desconocido, con documentos de identidad falsos; y que, pese a descubrir la falacia de dichos papeles, los aduaneros le permiten pasar. Saben que se trata del Viajero Errante y que, desesperado, anda en busca de respuestas. “Era su destino (leemos en el capítulo II) andar hasta descubrir quién era y qué motivaba su errar constante”. Ese ambiente onírico explica que encuentre a su paso a las más singulares figuras: un hombre vestido con ropajes medievales, que le tiende la Copa de la Certeza; una dama vaporosa que despliega ante él un mazo de naipes, del que le pide extraer uno (que resulta ser “La Mujer-Niña”); una figura enigmática que le ofrece una barca, de la que tira sin esfuerzo por encima del césped del bosque… La llegada a una misteriosa ciudad, donde las antorchas, los espejos, las almenas y sus silenciosos habitantes le van ofreciendo visiones para las que no encuentra explicación lógica, servirá para que las nieblas de su cerebro se diluyan poco a poco y entienda qué está pasando realmente.
Libro breve y de fantasía juvenil (aunque también puede leerse en clave adulta), La noche del Viajero Errante constituye una narración menor, quizá demasiado narcisista, en la que Joan Manuel Gisbert (que apenas se camufla bajo el evidente seudónimo de Joan del Bosch como personaje del relato) ofrece un menú poco exigente para los paladares adolescentes: quizá un modesto limado de los aspectos más personales hubiera servido para hacerlo más digerible.

miércoles, 10 de febrero de 2010

La mansión de los abismos




Intentar explicar, a la altura de 2010, quién es Joan Manuel Gisbert o cuál es el valor de su obra literaria se me antoja una impertinencia. Nadie que frecuente la literatura juvenil española, o que simplemente se interese por ella, puede ignorar la importancia suprema de sus libros. Alguien que ha ganado premios como el Gran Angular, el Barco de Vapor, el Edebé, el Lazarillo, el CCEI o el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil; o que ha publicado obras como El último enigma o El misterio de la isla de Tökland, no necesita presentación. Ahora, la editorial Espasa Calpe, con ilustraciones de Juan Ramón Alonso, nos ofrece su novela La mansión de los abismos, un thriller galvánico en el que nos veremos envueltos casi desde las primeras páginas... Gundula Erfurt es una alemana que, de pronto, se ve cortejada por un enigmático personaje al que todos conocen como Clément de Brienne. Éste, después de darle muchas vueltas y de cortejarla con sutileza de mil modos distintos, termina proponiéndole que se una a él en matrimonio. Y cuando la mujer, embriagada por sus homenajes, acepta la oferta, ambos se suben a un tren que los llevará hasta la aristocrática mansión de Clément. Pero justo ahí dan comienzo los problemas. Gundula descubre que el auténtico nombre de quien la acompaña no es ése, sino el de Théodore Bertrand. Y que manifiesta algunas ideas y comportamientos que resultan, cuando menos, inquietantes: dice atesorar varias identidades falsas por precaución; tiene a su servicio a Geneviève, una sordomuda extrañísima, que le guarda fidelidad perruna; mantiene amistad con un misterioso personaje que dice ser sacerdote y llamarse Jacques Garnier... Pero las sorpresas no se extinguen ahí, sino que se ramifican. La gente del pueblo, sabiendo que son muchas las damas que Theodore Bertrand ha llevado a la casa y de las que nunca más se ha sabido, sostienen que se trata de un vulgar y atroz asesino de mujeres; y se confabulan para sitiar la mansión e impedir que el malvado consume un nuevo crimen. Lo que no saben es que la policía (local y nacional) también anda tras los pasos de Bertrand, y ha decidido ponerse manos a la obra para detener al presunto asesino antes de que perpetre un nuevo homicidio. A partir de ese instante, se inicia una carrera contrarreloj en la que intervienen muchos elementos: Gundula (que ha descubierto su condición de posible víctima), Bertrand (que quizá no sea tan culpable como durante las primeras páginas de la novela se nos hizo creer), los policías (que cercan el perímetro de la mansión con la voluntad férrea de impedir el crimen), el cura que parece ser amigo de Bertrand (que pronto descubriremos que no es ni siquiera religioso), un periodista que está obsesionado con descubrir la verdad de todo el enredo... Y la casa. La mansión, en sí misma. Ella es la poseedora del secreto, la que vertebra y protagoniza la acción, la auténtica llave del enigma. Prepárense todos los lectores para recibir sorpresa tras sorpresa; y prepárense para un final donde los misterios se ramifican y se dan la vuelta, hasta llegar a dimensiones sorprendentes, anómalas, espirituales. Joan Manuel Gisbert, mágico y genial como siempre, riza el riza de la maestría y pone en nuestras manos una pieza memorable. Para no perdérsela.