sábado, 9 de mayo de 2020

San Mitica Blajinu




El despacho de documentación y archivo de un ministerio de Rumanía. Ése es el ambiente en el que se mueven los personajes de esta pieza teatral de Aurel Baranga, que se titula San Mitica Blajinu y que vierten al español Ioana Gavrilescu, Ileana Georgescu y Silvia Viscan. Allí se desarrollan sus vidas, en medio del aburrimiento, la repetición infinita de tareas absurdas, los duplicados y los formularios inanes. Veinte años lleva Mitica, junto a Adela, en ese servicio al Estado; y su natural tolerante, blando y condescendiente le ha valido el apodo de “Santo” entre sus subordinados. Así que cuando comienza la obra y alcanza la edad del retiro, sus jefes deciden imponerle la jubilación, a la vez que destinan a Adela, más joven, a un puesto situado a 30 kilómetros de Bucarest.
En ese momento, salta la sorpresa: Mitica afirma que no puede hacerles entrega de los archivos que durante décadas ha custodiado… porque los ha vendido a una potencia extranjera a cambio de muchísimo dinero. Las privaciones en su país son elevadas y él (Adela es quien realiza la enumeración ante los superiores) gasta mucho en coches, mujeres, juego y bebidas caras. Además, y puestos a confesar toda la verdad, lleva años trabajando como espía. Todas las alarmas se disparan, al escuchar estas terribles revelaciones. ¿Acaso es que nadie se ha percatado antes de la extraña conducta de Mitica? ¿Nadie ha sido capaz de investigarlo con la debida profundidad, para descubrir su profunda podredumbre moral, que amenaza con arrastrar a todos en su desplome?
Esta “farsa satírica” (así la bautiza el dramaturgo rumano) nos permite descubrir los horrores de la hiperburocracia y la castración deshumanizadora que supone el férreo control estatal de trabajos y vidas.

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