sábado, 28 de marzo de 2020

Abuelos y nietos




Afirma su currículum oficial que “desarrolló durante cuarenta años tareas de Director Comercial, responsable de objetivos de Ventas y dirección de Equipos Humanos”, pero la vida lo ha colocado, al cabo de mil vueltas y laberintos, ante su auténtica profesión: ser abuelo. Y a fe que José Ángel Castillo Vicente cumple con elegancia, rotundidad y buenos versos ese cometido delicioso y reconfortante, como podemos ver en el volumen Abuelos y nietos.
En él descubrimos al hombre que, instalado en la senectud, advierte cuáles son las cosas importantes de la vida y se aboca a disfrutarlas: pasear con la persona amada, tras décadas de convivencia (“Subiendo la cuesta”); valorar la belleza de las procesiones en su ciudad (“Viernes Santo”); reflexionar sobre la ternura que se esconde en los objetos más cotidianos, en los que a veces no fijamos como deberíamos la atención (“La silleta”); acompañar a la familia a una jornada playera, cargados con mil cachivaches felices (“De soles y sombrillas”); advertir la decadencia del cuerpo, pero saber que aún quedan amaneceres para compartir con los seres queridos (“Punto de equilibrio”); dedicar inmensos poemas a la memoria del padre y la madre; y, sobre todo, canalizar toda la ternura, todo el afecto, todo el mimo hacia esas personitas que, hijos de tus hijos, corretean por el salón, “te abrazan y montan su verbena” y generan un “gran torbellino de luz”.
El poeta lo consigue utilizando con notable destreza los versos de arte menor y de arte mayor, divirtiéndose con rimas juguetonas y combinando habilidosamente momentos serios y jocosos, que inducen en los lectores numerosos toboganes emocionales que los llevan de la sonrisa a la gravedad. El resultado es un libro que muchos padres y abuelos disfrutarán hoy, y que muchos nietos entenderán dentro de unos años.

1 comentario:

La Pelipequirroja del Gato Trotero dijo...

Arriesgando...me gusta ¡Hecatombe poética! 😁🥰💋