Dedico
una tarde de octubre a leer Paso de contarlo, una delgada selección de
cuentos del salmantino César Martín Ortiz en la que encontramos una obra de
teatro representada anualmente en un pueblecito, tan bienintencionada como
desastrosa (“El Hamlet”); un apunte sobre el andaluz Paco Carmona, que ejerce
de meridional en el Madrid moderno (“Flamenco”); el metacuento negativo que
tiene como protagonistas a dos hermanas a las que el narrador ve pasear durante
veinte años, aunque se resiste a fabular su historia (“Paso de contarlo”);
aquel regente que decidió acuñar dos tipos de monedas diferentes en su país, en
función del uso que se les pensaba dar (“Dinero virtuoso”); o la reparación
imposible de una casa de pueblo, porque las diferentes obligaciones familiares
del narrador le impiden dedicar tiempo a ella.
Cincuenta páginas para un libro discreto, agradable pero no memorable, que se lee en un suspiro.

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