sábado, 24 de octubre de 2026

Gobierno de alcoba


 

Dedico unas horas a leer una obra de teatro del costarricense Samuel Rovinski que se titula Gobierno de alcoba y que plantea el viejo asunto de la corrupción de los ideales en el ámbito de la política. En la cúspide del poder se encuentra ahora el dictador Leoncio, que controla su país de un modo execrable, restringiendo todas las libertades y sometiéndolo a una tutela tan despiadada como sangrienta. Como es natural, surge entonces una corriente que pretende derrocarlo, y su cabecilla más destacado es Martínez, un revolucionario que se alzará contra él y logrará sustituirlo. Hasta aquí, todo forma parte de un esquema que conocemos por la literatura, por las películas y por la realidad del siglo XX. También conocemos la deriva habitual de este tipo de asaltos al poder: Martínez terminará por incurrir en unos comportamientos que, en esencia, no difieren mucho de los empleados por Leoncio. Es decir: el revolucionario se transmuta en nuevo dictador. El único problema que yo le veo a esta obra (sobre todo en su parte final) es que el proceso por el cual Martínez degenera y abandona todo su idealismo se esboza con demasiada rapidez. No hay una descomposición paulatina. Es como si, de golpe, se quitase una chaqueta y se pusiera otra. Como si cambiara de ideas y de corazón en apenas unas horas. Por lo demás, una pieza dramática que invita a reflexionar sobre las flaquezas del espíritu humano y sobre lo fácilmente que abandonamos los ideales cuando el brillo del poder o del oro asalta nuestras pupilas.

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