Dedico
una tarde de octubre (con luz de ceniza cayendo sobre las páginas del libro) a
la obra Esencia, publicada por La Isla de Siltolá, y observo de qué
manera, con honda palabra conmovida, Efi Cubero desgrana allí sus emociones
ante el Guernica picassiano (“me abisma”, concluye); ante las obras del Greco
que brillan en Toledo (“palimpsesto de capas y más capas”); ante las pipas
oceánicas de Ai Weiwei, que alfombraban la Tate Modern londinense; ante la
majestad fluente del Sena, divisado desde el Pont Neuf, antes de asistir a una
instalación de Anish Kapoor; ante las obras inmortales de Diego Vélazquez
(“casi táctiles, casi etéreas, casi realistas, casi abstractas”); ante el
impacto escultórico que experimenta “en los laberintos de Alicia Larraín, en
los árboles torturados de Roxy Paine, en el arpa eólica de Luke Jerram, en las
configuraciones modulares de Kenneth Snelson, en las redes de irregulares
geometrías de Richard Deacon o en los arcos infinitos de Andreu Alfaro”; ante
las alucinaciones perturbadoras de Martín Ramírez.
Parecería fácil etiquetar esta obra como un “libro de arte comentado”, pero juzgo que va mucho más allá. Esencia es un volumen que hace doblarte (“doble arte”, arte sobre el arte), y que ahí radica su máximo esplendor. Efi Cubero no se limita a contemplar los grupos escultóricos (y sobre todo los cuadros) con curiosidad o con embeleso, sino que parece habitarlos. Los mira con pausa, con inteligencia sensible. Y, cuando venimos a darnos cuenta, nos ha dado la mano y nos ha pedido que entremos en el lienzo. Que paseemos entre sus figuras y colores. Que nuestro corazón lata al ritmo de las pinceladas y de la luz interior. Que seamos uno con la materia y el alma de la composición. Mirar de frente una obra de arte nos proporciona mucha belleza, pero la escritora pacense nos invita a que lo hagamos también por detrás, por el lado, por abajo y por encima. Que afilemos la mirada y que sintamos la honda respiración de las tonalidades, la textura de cada trazo, el vuelo ondulado de los dedos que acarician la tela. Un volumen que tiene delicadeza de mármol y contundencia de seda. Memorable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario