jueves, 29 de octubre de 2026

Quince llamadas perdidas


 

Las fronteras entre los géneros literarios tradicionales (llamémoslos así) hace ya mucho tiempo que dejaron de ser rígidas o excluyentes. Hay novelas de Pío Baroja que contienen una porción desarrollada en forma teatral; hay novelas de Gabriel Miró que se aproximan milimétricamente al lenguaje de la poesía. La lista de conexiones, mixturas y difuminados podría alargarse muchísimo. A mí, una de las experiencias que más me gusta es la lectura de libros de relatos que se prestan unos a otros ciertos personajes, ciertas anécdotas, ciertas secuencias. Ese hilván delicadísimo me fascina y está presente en Quince llamadas perdidas, de Rubén Abella, obra ganadora en el LV premio literario Kutxa Ciudad de San Sebastián y que editó Algaida en 2020.

Una mujer tiene un accidente de moto en “Escúchame, Claudia” cuando se dirige a recoger a su hija Luisa en la academia de ballet. Para distraerla mientras llegan los profesionales médicos, un viandante le explica que esa misma mañana se le ha acercado un tipo diciéndole que es su hermano gemelo, que fue robado al nacer. Después descubriremos a esa niña, Luisa, convertida ya en novia del alocado Toño en “Quince llamadas perdidas” y al supuesto hermano gemelo en un gabinete psicológico en “Por eso estoy aquí”. Es solamente un ejemplo: tres relatos (magníficos) vinculados entre sí de forma espléndida. Pero cualquier persona que lea el libro descubrirá que una anciana triste zarandeada por el oleaje, un muchacho atormentado por una muerte que no supo evitar, un ingeniero de cincuenta y tres años que acaba de ser despedido o una novia que cierra invitaciones para su boda también unen historias distintas del volumen. Quizá porque todas las vidas están conectadas en la colmena social. Quizá porque todos somos en realidad protagonistas de una historia secreta, amarga o anodina, pequeña u oxidada, que los ojos de un narrador como Rubén Abella están capacitados para advertir y transmutar en un relato conmovedor.

Un libro lleno de ludópatas, madres estresadas o decepcionadas, maestros que de noche acuden al mundo de la prostitución, nietos que utilizan a sus abuelos como guarida después de haber cometido un robo, antiguos empleados bancarios que duermen ahora en la soledad de un cajero, trabajadores infieles a su empresa o niñas que quedan crucificadas para siempre por un mote injusto. Un libro, en fin, que ustedes deberían leer.

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