Las
fronteras entre los géneros literarios tradicionales (llamémoslos así) hace ya
mucho tiempo que dejaron de ser rígidas o excluyentes. Hay novelas de Pío
Baroja que contienen una porción desarrollada en forma teatral; hay novelas de
Gabriel Miró que se aproximan milimétricamente al lenguaje de la poesía. La
lista de conexiones, mixturas y difuminados podría alargarse muchísimo. A mí,
una de las experiencias que más me gusta es la lectura de libros de relatos que
se prestan unos a otros ciertos personajes, ciertas anécdotas, ciertas
secuencias. Ese hilván delicadísimo me fascina y está presente en Quince
llamadas perdidas, de Rubén Abella, obra ganadora en el LV premio literario
Kutxa Ciudad de San Sebastián y que editó Algaida en 2020.
Una
mujer tiene un accidente de moto en “Escúchame, Claudia” cuando se dirige a
recoger a su hija Luisa en la academia de ballet. Para distraerla mientras
llegan los profesionales médicos, un viandante le explica que esa misma mañana
se le ha acercado un tipo diciéndole que es su hermano gemelo, que fue robado
al nacer. Después descubriremos a esa niña, Luisa, convertida ya en novia del
alocado Toño en “Quince llamadas perdidas” y al supuesto hermano gemelo en un
gabinete psicológico en “Por eso estoy aquí”. Es solamente un ejemplo: tres
relatos (magníficos) vinculados entre sí de forma espléndida. Pero cualquier
persona que lea el libro descubrirá que una anciana triste zarandeada por el
oleaje, un muchacho atormentado por una muerte que no supo evitar, un ingeniero
de cincuenta y tres años que acaba de ser despedido o una novia que cierra
invitaciones para su boda también unen historias distintas del volumen. Quizá
porque todas las vidas están conectadas en la colmena social. Quizá porque
todos somos en realidad protagonistas de una historia secreta, amarga o
anodina, pequeña u oxidada, que los ojos de un narrador como Rubén Abella están
capacitados para advertir y transmutar en un relato conmovedor.
Un libro lleno de ludópatas, madres estresadas o decepcionadas, maestros que de noche acuden al mundo de la prostitución, nietos que utilizan a sus abuelos como guarida después de haber cometido un robo, antiguos empleados bancarios que duermen ahora en la soledad de un cajero, trabajadores infieles a su empresa o niñas que quedan crucificadas para siempre por un mote injusto. Un libro, en fin, que ustedes deberían leer.

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