Hace
unas semanas (es mi particular reina maga de Oriente), Marta me regaló un libro
de poemas que se titula Oscuro vuelo, del madrileño César Rodríguez de
Sepúlveda (Bajamar Editores, 2022). Es una obra delgada, pequeñita, con menos
de cincuenta páginas; pero la belleza que contiene y la elegancia de su
composición la convierten en mucho más que un libro de bolsillo: es una concha
marina, una pluma que baila en el viento, una lámina que no es oropel sino oro.
Como
siempre hago con los libros de poesía (mis hijos deben de pensar que estoy mal
de la cabeza), he leído cada texto en voz alta, dejando después que lo rodee el
silencio. Y en estas líneas he encontrado una respiración cultural que me ha
entusiasmado, porque Rodríguez de Sepúlveda nos habla de varios cuadros, que él
recrea con versos espléndidos (Mondrian, Pollock, Vermeer, Coninxloo); de
escenas relacionadas con el mundo de la religión (una interesante reflexión
sobre la rebeldía de Lucifer, una diapositiva sobre la forma en que Yahvé se
ensañó con la inocente curiosidad de la esposa de Lot, unos versos sobre el
estupor malbaratado de quien, como Lázaro, solamente deseaba descansar); de
referencias literarias que harán las delicias de los amantes de Homero o Julio
Cortázar; y también de composiciones que los enamorados al cine (“Vivir para
ver”) y los odontólogos (“Sala de espera”) disfrutarán de forma especial. Y,
como cierre, un poema que me gustaría copiar aquí, pero que prefiero que
disfruten por sí mismos acudiendo al libro: se titula “Despedida” y no les va a
resultar fácil sustraerse a su embrujo.
Poemario
hermoso, sólido y poliédrico, que me ha convencido de principio a fin.
Qué alegría tenerlo en mi biblioteca y en mi blog.

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