Repito
la experiencia de leer un libro de Mario Benedetti en voz alta (en alguno de
los poemas, como el titulado “Entre estatuas”, resulta inevitable recordar la voz
en off que aparecía en la película El lado oscuro del corazón); y, por
supuesto, salgo encantado. Me cautiva la honda sencillez con la que, después de
narrar experiencias por todo el mundo, el escritor nos diga cómo aletea su
corazón de una forma distinta al volver a casa, donde se siente entre los suyos
(“Quizá mi única noción de patria / sea esta urgencia de decir Nosotros”). Me
subleva la forma en que constata verdades de difícil explicación, que no han
perdido ni un ápice de su frescura (“Es increíble lo que está pasando. / Los
proletarios votan a los ricos”). Me produce agradables cosquillas en el oído el
juego asonantado del poema “Falsa oposición” y me hace sonreír la broma
idiomática de “Pesadilla”. Y llego a la convicción de que la felicidad, o quizá
la poesía, sea ese momento mágico y especial “en que uno olvida que hay la
muerte”.
Breve y hermoso, este libro me ha regalado emociones y reflexiones. Qué más se le puede pedir a un autor.

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