Creo
que esta dilatada felicidad de leer por las noches a mis hijos pequeños está
llegando a su fin, porque el menor está a punto de entrar en el instituto y
antes de que pueda darme cuenta renegará de mis lecturas. Por ahora, sigo con
mi tenaz difusión de la literatura oral con el libro La Casa del Pánico,
de Carlos Guillermo Domínguez, que a despecho de su rótulo editorial no tiene
nada de terror, sino más bien de ternura, de sorpresa y de sonrisas.
Siete
niños cuya inicial es idéntica (Pilar, Paco, Pepe, Pedro, Pablo, Paloma y
Paula) utilizan una vieja casa abandonada para, en compañía de su perro
Bunting, reunirse, escuchar música, tomar refrescos, leer cómics y protegerse
de la lluvia. En su jardín hay una fuente con una graciosa figura del dios Pan
(de ahí proviene el nombre que han dado a la vivienda). Pero ese idílico
panorama se vendrá abajo cuando una pareja alemana compre el inmueble y se
instale allí, obligando a los chicos a que abandonen el lugar, llevándose todas
sus pertenencias. ¿Se van a rendir tan fácilmente? En modo alguno. Han vivido
tantos momentos felices entre aquellas paredes que les resulta doloroso
renunciar a la casa así porque sí; e inician una campaña para recuperarla. La
sorpresa vendrá cuando descubran que los “horrendos” alemanes son, en realidad,
dos personas encantadoras, que están ahora en España porque… Y, como decía
Mayra Gómez Kemp, “hasta aquí puedo leer”.
Háganse un favor, y háganselo también a sus hijos pequeños, leyendo la historia. Van a pasar unos ratitos encantadores.

No hay comentarios:
Publicar un comentario