Damián
trabaja desde muy niño como operador en el cine Soñadores, donde tuvo como
maestro y guía al señor Alfredo (ah, ese homenaje a Cinema Paradiso). Al
cumplirse los treinta y cinco años en la empresa, se le comunica que todos los
que trabajan en los cines de la empresa van a ser despedidos, porque el
propietario ha tomado la decisión de vender los locales. Marga, la esposa de
Damián, también fue prejubilada en su trabajo hace un tiempo. Así que, de
pronto, sus vidas van a experimentar un giro asombroso, que tendrá una
consecuencia inesperada: sus cuerpos se van volviendo transparentes (“Él y
Marga parecían ir disolviéndose lentamente en el aire”, cap.7); y, por fin,
llegan a la invisibilidad. Superado el estupor de los primeros días, Damián
aprovecha la coyuntura para robar prendas de ropa y películas en algunos
comercios; pero en seguida llega el momento de enfrentarse a la realidad: ¿cómo
vivir siendo invisibles? ¿Cómo relacionarse con los demás? ¿Cómo comprar
alimentos y medicinas?
Mientras
se encuentra en un parque, Damián escucha una voz: dice llamarse Luis (es otro
invisible) y le explica que pertenece a un Grupo de Rescate, cuya misión es
localizar a todas las personas invisibles, para hacerles saber que pueden
organizarse y, cuando sean miles o millones por todo el planeta, “construir un
mundo nuevo. Un mundo mejor y más justo, que nunca más condenase a nadie a
vivir en la invisibilidad”. No resultará necesario detenernos mucho en el tinte
metafórico de esta propuesta.
Pero hay una segunda parte en el libro que, en forma de recortes de película, nos va facilitando otras informaciones sobre los protagonistas: que Damián siente fascinación por la actriz Julianne Moore; que Marisa, una de las trabajadoras del cine Soñadores, siempre ha estado enamorada en secreto de él; que el dueño de la empresa, desde el principio, maniobró astutamente para vender todos los cines y convertirlos en un boyante negocio inmobiliario; que Ismael, el hijo de Damián y Marga, mientras prepara su doctorado en Berlín ha encontrado a la mujer de su vida; que Marga se juntó con una compañera de trabajo para crear una floristería y convertirse (aunque no tuvieron éxito) en empresarias… Lo más valioso de estos “recortes”, a mi entender, es la forma en que enriquecen la visión que tenemos de la pareja protagonista, que ahora nos son revelados de otra manera: como un hombre reconcentrado en sí mismo y en su pasión cinéfila y como una mujer que, víctima de esa obsesión, no llegó a ser feliz del todo en su matrimonio, porque se sintió siempre en segundo plano. Estupendo relato sobre las pasiones (en este caso, el cine) y cómo pueden convertirse en insatisfacción o vacío para quienes comparten vida con la persona absorbida por ellas.

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