Se
ha dicho muchas veces, pero no importa repetir las verdades, con la ilusión de
que más personas las escuchen: pasamos por delante de muchos sitios (e incluso,
ay, de muchas personas), pero no solemos tener la curiosidad de mirarlos;
es decir, de preguntarnos por su íntima entraña, por sus detalles, por su
origen, por su sentido. Devienen bultos, y nuestra indiferencia los
cosifica todavía más, convirtiéndolos en magma gris. Hasta que llegan unas
pupilas afectuosas y nos piden que atendamos, porque van a insuflar vida en ese
paisaje aparentemente anodino. Lo hizo Ramón Gómez de la Serna con infinitos
cachivaches menores; lo hizo Azorín, paseándose por diminutos lugares de
Castilla; lo hace Andrés Trapiello, informándonos sobre el Rastro madrileño; y,
más recientemente, lo ha hecho Santiago Delgado con el trabajo Voces de
piedra, donde se concentra en la catedral de Murcia y en sus tallas
(retratadas bellamente por Ana Bernal), a las que dota de vida mediante
monólogos que dibujan lo más notable o llamativo de cada vida. Así, Tomás de
Aquino, el Doctor Angélico, recuerda que escribió al monarca Alfonso
“para que fundase universidad en esa tierra”; Teresa de Ávila manifiesta su
preferencia por ser recordada “como una mujer en oficio de las cosas
cotidianas”; san José lamenta que los calendarios acostumbren a designarlo como
“padre putativo” de Jesús (“que no es afortunada añadidura; sí lo fue en cambio
su lectura abreviada, que yo celebro: Pepe”); san Leandro subraya sus
aportaciones al III Concilio de Toledo (que se celebró en el año 589); santa
Ana exhibe orgullosa el rótulo con el cual se la designa en esta ciudad del
sureste español (“La agüelica, que dicen en Murcia”); san Basileo añora la
paloma que, posada sobre su mano derecha, ahora ya no existe; san Petronio,
fundador de la universidad de Bolonia, porta desde hace siglos la cruz de su fe;
y san Pablo (por no agotar los cincuenta y cinco monólogos) pone de manifiesto
su importancia en la cristalización de la religión cristiana (“Acaso el resto
completo de mis compañeros, discípulos de Jesús, sintieron mejor su carisma, y
primaron a las razones de su corazón para asumir la doctrina del Maestro. Yo apuntalé
las palabras y los hechos”).
Una obra hermosa y culta, editada con primor por la Real Academia Alfonso X el Sabio en el año 2025.

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