Puede
parecer una historia infantil, pero su cargamento de lágrimas, de tesón y de
denuncia social la convierten en algo más. En mucho más. Estamos en los meses
posteriores a la Semana Trágica de 1909 y nos encontramos en la costa
cantábrica, concretamente en los alrededores de una fábrica de tabaco de A
Coruña. Allí trabaja, en condiciones insalubres, la cerillera Leonor, casada
con el trapero Helenio y madre, entre otros, de Liberto y Nonó. Él es un
muchacho que tiene ingenio, iniciativa y ganas de aprender. De hecho,
acostumbra a leer en voz alta para su familia (“Las palabras estaban contentas
en su boca”). También es reivindicativo: protesta públicamente contra la guerra
de Marruecos, lo que ocasiona un intento de detención por parte de las
autoridades. Ella es una niña despierta, que ha aprendido a leer y que,
cortándose el pelo como un chico, logra asistir a la escuela. Muerta la madre
por culpa de la tisis, Nonó decide superar el dolor acudiendo a la fábrica de
tabaco. Y allí encuentra su destino.
Delicado en las descripciones, firme en la denuncia de las miserables condiciones de trabajo de las cigarreras, Manuel Rivas nos entrega una historia lírica, robusta y conmovedora (bellamente ilustrada por Susana Suniaga), que puede (y debe) ser leída en voz alta. A ser posible, mientras tus hijos escuchan.

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