miércoles, 28 de septiembre de 2022

Cuadros con palabras

 


La semilla de la que nace un cuento puede estar en cualquier sitio: en las páginas de un periódico, en la imaginación del autor, en la observación de la realidad que lo rodea, en el comentario de un amigo, en la lectura de otro cuento… En el caso de Cuadros con palabras, de José Ignacio Tamayo Pérez (Entrelíneas, 2022), el detonante de las historias hay que buscarlo en una docena de cuadros, sobre los cuales el escritor de Gernika construye sus sorprendentes y más que hermosas propuestas. Fijándose detenidamente en esos cuadros (célebres o desconocidos), la mirada del autor va perfilando acciones, indagando en la psicología de los personajes que aparecen y esculpiendo tramas tan delicadas como convincentes. Siguiendo esa técnica, nos presentará a un chico tímido que es marginado en su centro de enseñanza (“El idiota de la tienda de sodas”); a un viudo que oculta determinados aspectos de su sexualidad (“El almuerzo de los remeros”); al joven aprendiz de un pintor, que se encuentra extasiado con la belleza de la muchacha que posa para el artista (“La mujer más hermosa de Florencia”); la curiosa historia de un cuadro duplicado, que esconde un misterio sobre la honorabilidad de una dama (“En el Moulin Rouge”); o a la mujer que, atosigada por los celos de su pareja, no tendrá más remedio que vender un carboncillo que pintó para ella un enamorado y jovencísimo Antonio López.

Cuadros con palabras está lleno de ideas, ingenio y laberintos, de hipótesis más que sugerentes sobre el destino y los sentimientos de sus personajes; y, sobre todo, está redactado con una prosa magnífica, elegante y adictiva. Quieran los Hados que el autor prolongue este experimento en una segunda entrega: la leeré con auténtico gusto.

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