lunes, 27 de abril de 2026

Salmos al viento

 


Me acerco hasta el territorio poético de José Agustín Goytisolo para leer su obra Salmos al viento, ceremonia que cumplo en voz alta, como me gusta hacer con los versos. Y qué excelente trabajo. He sentido en cada página la inteligencia y la sensibilidad del barcelonés, que ha ido conquistándome texto a texto, línea a línea. He admirado (y compartido) el irónico ataque a los poetas que, acabada la guerra, decidieron que todo debía impregnarse de Garcilaso, de ríos rumorosos, y que cuando el tema no dio más de sí se dedicaron a hablar de Dios, mientras que José Agustín prefiere (así lo deja claro) alinearse con quienes “lanzan gritos pidiendo paz pidiendo patria / pidiendo aire verdadero” (Los celestiales). He aplaudido su sarcástico retrato del hombre poderoso, cuyo reino sí es de este mundo, donde él asienta sus “posaderas recias y bursátiles” (Apología del libre). He celebrado el modo en que ridiculiza el amor, entendido como ceremonia gris y reglamentada, con normas dictadas por la gazmoña moral imperante (Idilio y marcha nupcial). He apretado los dientes cuando nos habla de esos jóvenes de buena familia y comportamiento irreprochable que, pese a algún disculpable desliz momentáneo (fruto del ardor juvenil), terminan volviendo al sano redil burgués, como manda don Guido (El hijo pródigo). He notado la tristeza cuando sonaban los disparos que acaban con la vida de quien clama contra los poderosos y les recuerda la importancia pequeñita del ser humano (El profeta). He esbozado una sonrisa cómplice cuando nos repite, una y otra vez, el sintagma que tantas veces le dijeron sobre su inutilidad (Autobiografía). Y, por supuesto, he notado la saliva atascada en la garganta mientras ese incauto joven nos habla de su fervor marcial, dirigido por los manipuladores de siempre, por los ambiciosos de arriba, que inyectan odios y detentan banderas para cumplir sus objetivos (Tríptico del soldadito).

Gran libro. Gran voz. Un poeta que nos habló y que espera nuestros ojos para seguirnos hablándonos.

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