Todo
es extraño y cambiante en el mundo del adolescente Navarro: su padre no está en
casa, su madre y él deben cambiarse de edificio (porque van a dinamitar el
bloque en el que ahora viven), sus amigos del instituto son peculiares
(incluido El Patinador, que nunca va a pie)… Y de pronto, un día, entra en
clase como una tromba una chica nueva apellidada Oppi. Nadie sabe nada de ella.
Viste de forma cambiante. Es guapa. Es desenvuelta. Y también encandila: sobre
todo cuando, una tarde, detiene su moto Honda junto a Navarro y se ofrece a
llevarlo hasta su destino. El problema vendrá cuando, al día siguiente, el
profesor que les da la asignatura de matemáticas, apellidado Espada, entre en
clase diciendo que le han robado la moto: es una Honda. Navarro traga saliva y
siente que el pánico lo invade cuando el profesor anuncie que va a
entrevistarse personalmente con cada alumno del aula para ver si disponen de
información sobre ese robo. Navarro no puede quitarse del cerebro una sospecha:
que Oppi es la culpable del delito, sobre todo porque Espada le puso un cero en
su asignatura.
A
partir de entonces se inician unos días turbulentos en los que la cabeza de
Navarro (que, según se dice al final de la novela, terminaría siendo escritor)
no deja de girar y atormentarlo. ¿Qué ha de hacer? ¿Cómo procede comportarse?
¿A quién debe tributar su fidelidad: al profesor (que siempre ha sido amable
con él) o a Oppi (de quien se ha enamorado irremisiblemente)? Elegante en el
desarrollo de su narración, el granadino Justo Navarro nos regala una historia intensa
y cercana sobre los amores adolescentes, los caprichos del azar y los misterios
que encierran, en ocasiones, las personas que se encuentran a nuestro
alrededor.
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