lunes, 20 de abril de 2026

Encuentro en el abismo

 


Dos temas capitales se trenzan en las páginas de Encuentro en el abismo, del zaragozano José María Latorre: el nazismo y el satanismo. Dos temas, además (me adelanto a las cejas fruncidas del posible lector de esta reseña), que han sido objeto de uso y abuso en miles de libros. Es verdad, no habré de perder tiempo en desmentirlo. Pero creo que, al haberse concentrado más en el segundo que en el primero, el resultado narrativo, que podría haber sido banal, es bastante notable. Todo comienza cuando Fritz Hoffmann, hijo de un experto alemán en reliquias, se entera durante su infancia (1939) de la existencia del Bastón de Mando, un enigmático objeto de culto que, por lo que parece, tiene un origen ancestral y es buscado ansiosamente por los ocultistas nazis. Pero, de inmediato, el panorama novelesco (que no se antojaba demasiado apetecible con este arranque, por lo que tiene de manido e incluso de “adolescente”) da un giro cuando descubrimos a Fritz convertido en adulto e instalado en un pequeño pueblo de la costa de Madagascar, donde trabaja como submarinista. Su existencia es ciertamente gris, pero la llegada a la localidad de unos alemanes que vienen desde Argentina provocará que ese tono gris vaya poco a poco convirtiéndose en rojo: en concreto, por la sangre que comienza a verterse en su entorno.

Quien se adentre en sus páginas va a implicarse en la búsqueda de un objeto mágico (obviamente), pero también descubrirá un ambiente muy seductor para quienes amen el mundo submarino y una atmósfera fétida de rituales satánicos que le pondrán los pelos de punta (les recomiendo de forma especial el capítulo 8, donde el brujo Beshi ayudará a los protagonistas a enfrentarse al Mal en una secuencia tan aterradora como bien pautada). La mano que tenía Latorre para ese tipo de ambientaciones era magnífica. Compruébenlo.

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