miércoles, 22 de abril de 2026

Poemas del hoyporhoy

 


Si leo en voz alta un libro de Mario Benedetti (como acabo de hacer con Poemas del hoyporhoy), dejando un minuto de silencio entre texto y texto, la mañana de jubilación se convierte en una mañana de júbilo. Creo que voy a repetir esa grata sensación muchas veces más, en los próximos meses, con él y con otros (y otras) poetas.

El volumen que acabo de terminar (compuesto entre 1958 y 1961) nos traslada reflexiones sobre la precariedad que siempre acongoja a los pobres (“La crisis”), sobre la feliz holganza consuetudinaria en que viven los privilegiados (“Los pitucos”), sobre la manipulación descarada y mentirosa que sirve para ganar elecciones (“Ese voto”), sobre las oraciones que no deberían quedarse en meros ejercicios de amnesia y resignación (“Un padrenuestro latinoamericano”) o sobre la amarga incomunicación que a veces dejamos que impregne las relaciones con nuestros semejantes (“Cinco veces triste”). Aprendo mucho con los poemas del uruguayo. Me emociono mucho con su sencillez y con el tono coloquial que sabe imprimir a sus versos, huérfanos casi siempre de puntuación. En su caso, se hace notoriamente verdad aquello que pregonaba Francisco de Quevedo: que escucho con los ojos a un muerto, porque tengo la sensación (fortísima, casi física) de que Benedetti me está hablando, que me dice sus palabras, que las susurra para mí.

Insisto: repetiré con más título del uruguayo. Llevo haciéndolo tres décadas; y ahora que dispongo de más tiempo, con más razón.

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