En
1923, una fuerte explosión conmocionó una zona aislada de Siberia, pero los
escasos testigos de aquella catástrofe desaparecieron convenientemente después
de que el presidente Stalin decidiera encargarse del asunto. Diecisiete años
después, un extraño colegio que lleva el nombre de Gorki y que acoge a una
veintena de alumnos superdotados (quienes están siendo educados para
convertirse en la élite de la ciencia soviética), amanece a 33 grados bajo cero
en una situación inquietante: todos los adultos responsables del mismo
(conserjes, profesores) han desaparecido de forma misteriosa. Y los chicos
tienen que tomar el control.
De
esa manera tan seductora comienza El comando Gorki, la novela que Edebé
publicó a Fernando Lalana en 2016. En ella volvemos a encontrarnos con la
eficaz escritura del autor zaragozano, que en esta ocasión nos traslada a
ambientes de oscuridad y nieve perpetuas (no se pierdan el modo en que describe
los paisajes), donde las sorpresas se van acumulando constantemente: un colegio
donde se ha producido una explosión que ha destrozado los cristales y ha hecho
desaparecer a los ocupantes; una sección del ejército que ha recibido
instrucciones para personarse allí y poner orden en la situación, bajo las
órdenes del coronel Lev Selgon; la entrada en Leningrado, pese al cerco al que
la tiene sometida el ejército nazi (ayudado por la División Azul franquista);
y, sobre todo, un misterio que los chicos descubren en el sótano acorazado del
colegio y del que, perdonen, no les puedo decir nada, porque afecta a la médula
de la historia.
Consejo
uno: no se pierdan la descripción de cómo los chicos logran sobrevivir en
Leningrado (y la presencia del francotirador Víktor Korda). Asombra la
precisión y la plasticidad con las que Lalana nos invita a pasearnos por la
ciudad, llena de escombros, cadáveres y supervivientes al borde de la
inanición.
Consejo
dos: no se pierdan la persecución aérea de los capítulos finales, llena de
adrenalina y disparos certeros: se sentirán como si la estuvieran contemplando
en la butaca de un cine.
Consejo tres: no se pierdan esta novela.
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