domingo, 28 de julio de 2019

Las cintas de Anderson




Me termino, en dos tardes, la curiosa novela titulada Las cintas de Anderson, de Lawrence Sanders, traducida por Marta Isabel Gustavino (Ultramar, Madrid, 1980)… Veamos. Yo diría que es una novela esencialmente absurda, porque parte de una enorme cantidad de conexiones traídas por los pelos: orwellianas, huxleyanas, increíbles. ¿Es acaso “tragable” que se pueda verificar este ingente rompecabezas, este puzle urbano con micrófonos dispersos, no solamente por toda la ciudad, sino en los sitios y momentos adecuados? La hipótesis de la vigilancia electrónica del peatón ya no resulta tan descabellada en estos años de comienzos del siglo XXI; pero lo que sigue siendo descabellado es pensar que pueda ser espiable una persona, en veinte sitios de la ciudad, gracias a veinte departamentos estatales diferentes y desconectados entre sí. Eso, por lo que atañe a la credibilidad de la trama.
En cuanto a los aspectos puramente literarios, la novela no pasa de ser interesante, sin alcanzar mayores logros. Una novela más, entre el grupo de las normalitas.

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