jueves, 19 de marzo de 2026

Paseando con Schopenhauer

 


Supongo que los hombres no estamos capacitados para entender de verdad lo que sienten las mujeres, lo que padecen las mujeres, lo que experimentan las mujeres por el hecho esencial de serlo. Podemos esforzarnos, perseverar, querer (muchos lo hacemos, con la mejor de las intenciones), pero juzgo que siempre nos quedaremos lejos del entendimiento pleno. Y una de las formas de ahondar en esa voluntad honorable es leer libros escritos por mujeres, para acercarnos a su punto de vista, a su centro, a su aleph cordial e intelectual. Hoy he tenido la suerte de encontrarme con las páginas de Paseando con Schopenhauer, de María Pilar Conn, norteamericana de Murcia, californiana de Cabo de Palos, sevillana del verso. Desde el principio, me fascina el modo en que utiliza algunas citas del viejo filósofo para construir sobre ellas, con ladrillos de rabia y lucidez, sus líneas de desafío, sus poemas de rebeldía. En ellos fulgura, como una llama, el arrojo del Yo, que se yergue con valentía frente a los asideros espurios de la religión o de la moral convencionales para establecer sus propios parámetros. Ese Yo emana de las vísceras de una mujer que a veces flaquea, porque somos humanos (“Hoy no me soporto. / El pilar de mi nombre no está”), pero que casi siempre alza su voz recia, firme, que nos habla de graves dolores de infancia (“El sueño americano”), reivindicaciones de género (“Mujeres tristes en la calle Esperanza”) y soledades que erosionan… y fortalecen, porque pertenecen a alguien que no solamente ha buscado su lugar en el mundo, sino que ha peleado por él con tesón y dignidad.

En este libro, diseminados por los poemas, se adivinan dolores personales de muy honda textura (“La vida iba a ser otra cosa”) de los cuales nos compadecemos, aunque tengamos que permanecer fuera de los pormenores biográficos que los generaron (ese territorio es privado). Lo que sí podemos hacer, como lectores, es intuirlos a través del velo de lágrimas que recubre algunos versos, aquí y allá; y, por supuesto, conmovernos con su espíritu.

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