sábado, 7 de marzo de 2026

Los hermanos Bravo

 


Pues qué quieren ustedes que les diga: que cada libro suyo que leo me lo deja más claro. Tengo que leer todo lo que haya publicado Ignacio Martínez de Pisón. Me gusta y me convence. En esta ocasión me he acercado hasta las páginas de su obra juvenil Los hermanos Bravo, narrada por Eduardo, uno de los protagonistas. La acción se sitúa en un pequeño hostal de carretera al que la construcción de una moderna autovía ha dejado aislado y sin apenas clientes. Por fortuna, un hombre que viaja en un despampanante Alfa Romeo ha decidido instalarse allí durante unos días y altera la existencia de Juan, Rafa y Eduardo, los tres hermanos. De un modo tangencial, también altera la de Socorro, hija del encargado de la gasolinera cercana, que está convencida de que la presencia del hombre (y sus raras visitas a la abandonada Casa del Muerto) obedecen a la búsqueda de un tesoro. Huelga indicar que las conexiones con la novela de Robert Louis Stevenson son tan evidentes como deliberadas por parte de Martínez de Pisón, quien combina de un modo admirable el humor, la ternura, el despertar de la adolescencia, el misterio y la creación literaria para entregarnos un relato que conquista al lector.

Cruzándose con esa línea vertebral aparecen otras ramas no menos importantes en el desarrollo de la familia: las aficiones musicales de Rafa (que imita de forma habilidosa a Julio Iglesias y que participa en un concurso de televisión), el amor al ciclismo de Juan (quien se ha empeñado en proclamarse vencedor de una carrera local, cuyo premio es una preciosa bicicleta profesional), las mentiras postales de Socorro (que elude el fracaso de su padre creándole un presente más luminoso) o la entereza de los padres (que ven cómo su negocio les es arrebatado por unos indeseables, sin que tal infamia les haga derrumbarse). Un libro muy hermoso, que pueden leer los más jóvenes y que también suscita el aplauso de quienes lo fuimos. Búsquenlo.

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