Nunca
una equivocación mía ha sido tan gratificante como la experimentada al sumergirme
en las páginas de Monstruo de ojos verdes, de Joyce Carol Oates (que he
leído gracias a la traducción de alguien cuyo nombre la editorial, vaya por
Dios, no menciona). El motivo de mi equivocación será transparente para los
lectores del Cisne de Avon: pensaba que era un libro sobre los celos. Pero no:
es un libro sobre la forma en que una familia se erosiona, como consecuencia de
los malos tratos. Y la escritora de Lockport, como siempre, lo borda.
La
narradora se llama Francesca (Franky) y es la hija adolescente del gran jugador
de fútbol americano Reid Pierson, ahora retirado y convertido en un exitoso comentarista
televisivo. Está casado con Krista, con la que tiene dos hijas (la ya
mencionada Francesca y Samantha), además de ocuparse del hijo habido en su
primer matrimonio, Todd. La posición económica de los Pierson es muy notable
(Reid gana muchísimo dinero), viven en una mansión de diseño, alternan con lo
mejor de la sociedad, salen constantemente en los medios de comunicación… pero
el ambiente dentro de la familia ya no es tan esplendoroso, porque el antiguo
ídolo deportivo es una persona controladora, intransigente, machista,
autoritaria y con cierta tendencia a utilizar la fuerza física como forma de
amedrentar a su esposa. Hastiada y con ganas de vivir su propia vida, Krista
opta por refugiarse en una cabaña cuya propiedad comparte con su hermana. Y en
ese punto se inicia una terrible guerra psicológica, en la que Reid utilizará
todos los mecanismos para lograr que sus hijas se pongan de su lado y se
conviertan en enemigas de su madre, que “ha traicionado” a la familia y que
seguramente tiene un amante.
No les desvelo nada más, pero sí les advierto de que se preparen para asistir a un drama lleno de acíbares, chantajes emocionales, algunos moratones (camuflados con pañuelos en el cuello y mangas largas), decepciones adolescentes y una grave y profunda tensión de odio entre varios protagonistas, que se resolverá con alguna que otra muerte. Directa y magistral, Joyce Carol Oates vuelve a dar en la diana con su estilo literario, que te obliga a sonreír o acongojarte casi en cada página. Una maestra.

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