miércoles, 7 de agosto de 2019

La mala entraña




Otra sorpresa agradable para empezar el mes de agosto: los magníficos relatos que forman La mala entraña, de Elena Alonso Frayle, publicados por la editorial isleña Baile del Sol, donde se analizan con escrupulosa exactitud y con encomiable belleza literaria multitud de emociones del ser humano.
Aquí nos encontramos con chicos aburridos y malévolos, que no dejan de planear y ejecutar gamberradas (telefónicas y personales), hasta que su líder pergeña una que incluso a ellos les provoca un escalofrío (“La mala entraña”); o descubrimos la inquietante electricidad sexual que se genera entre una madre lactante y su joven vecino discapacitado (“Misericordia”); o contemplamos qué siente y cómo se comporta la hija de un etarra cuando su progenitor se encuentra en los últimos días de una enfermedad terminal (“La buena hija”); o nos desasosiega el corazón el modo en que una mujer madura aprovecha el fin de semana en que sus hijos y su marido se encuentran fuera para recuperar la relación con un viejo amante parisino de su juventud (“La calle de Mary Quant”); o nos subimos en avión con una madre amargada, triste e iracunda, que viaja a Nueva York para acompañar a su hija antes de que sea tarde (“Amados hijos muertos”); o nos enfurecemos con la crueldad sádica de una sirvienta, que atormenta a una niña rica con imágenes perturbadoras (“El ojo de Dios”).
El volumen, elegante y airoso, no decae en ningún momento, y demuestra que la autora (varias veces finalista del premio Setenil, además de ganadora de premios como el Alandar o el Ala Delta) es un valor firme de la narrativa actual, con un impresionante futuro. Conviene estar pendiente de sus libros: nunca defraudan.

martes, 6 de agosto de 2019

Conversaciones con Juan Ramón




Termino el curioso volumen Conversaciones con Juan Ramón, de Ricardo Gullón (Taurus, 1958). Se trata de un libro difícil de etiquetar, porque oscila entre el ensayo, la poesía y la ficción biográfica. Pretende respetar el esquema de unas “charlas” mantenidas entre los dos autores; pero, en realidad, Gullón habla muy poco, e introduce demasiadas digresiones “líricas”. Es decir, que lo se planteó al principio como “crónicas conversacionales” se queda en monólogos (dignos de interés, eso sí) y en páginas poéticas de Gullón, que nos describe el paisaje que ve (contagio del poeta que tenía al lado, supongo).
Al final, aprendo una enorme cantidad de datos sobre la sensibilidad de JRJ… y llego al desconcierto, comparando la imagen ofrecida en este libro con la que yo tenía, fruto de mis lecturas de epistolarios del 27, donde el escritor de Moguer era presentado como un auténtico monstruo solipsista y egocéntrico. ¿Dónde está la verdad? Ni lo sé ni creo que pueda llegar a saberlo jamás con certeza.
Anoto algunos de mis subrayados del libro: “Borges (asegura Juan Ramón) es el escritor hispanoamericano más importante”. “La poesía pierde por la arquitectura; por el empeño de darle una forma determinada, una construcción. Así ocurre en Góngora”. “La exigencia del lector actual es tremenda. Unamuno tiene esparcida por su obra mayor cantidad de calidad que cualquier poeta clásico”.

lunes, 5 de agosto de 2019

La escafandra y la mariposa




Libro impresionante, tanto por su génesis como por su contenido: La escafandra y la mariposa, de Jean-Dominique Bauby, que traduce Rosa Alapont (Plaza & Janés, 1997). Este francés, director de una famosa revista femenina, quedó imposibilitado en cama, pudiendo tan sólo comunicarse mediante el parpadeo de su ojo izquierdo. Y con esta pequeñísima muleta consiguió ir dictando este libro letra a letra. Tan fácil decirlo como laborioso, casi imposible, hacerlo.
La escafandra de su cuerpo mudo, pesado, roqueño, es vencida por el remontarse etéreo y alígero de su mente, mariposa libre. Todo un ejemplo de tenacidad, de superación y de vitales ganas de comunicarse.
Yo pensaba, sinceramente, que iba a encontrarme con un tomo “testimonial”, y punto. Pero la sorpresa es que he detectado en él líneas, párrafos y páginas de auténtico vigor literario. Sin caer en sentimentalismos. Sin caer en patetismos. Con belleza de recia estirpe.

domingo, 4 de agosto de 2019

Especies en extinción




Cuando se tiene ante los ojos un buen libro de cuentos se nota enseguida. Es un pálpito que te recorre el cerebro nada más terminar el primero o el segundo de los relatos. Adviertes la maestría y la solidez en el manejo del lenguaje, de la estructura, del tempo; y desde ahí te dedicas a disfrutar anticipadamente con las sorpresas que te depararán las siguientes narraciones. Es una delicia. Frente a la ingente cantidad de morralla desdeñable que se publica, estos libros funcionan como oasis o como reconciliación. Y se les tributa una gratitud imborrable.
Me ha ocurrido con Especies en extinción, de Faustino Lara Ibáñez, un volumen que obtuvo el premio XXI Concurso de Cuentos – Manuel Llano y que publica Tantín Ediciones. Sabiamente dirigido por el autor he asistido a escenas terribles que se desarrollaban bajo las botas nazis (“El autocar de los cobardes”), a relatos vampíricos de llamativo final (“Aniversario”), a ajustes de cuentas entorpecidos por el azar (“El rencor”), a ilusiones filiales que se adivinan melancólicamente condenadas al fracaso (“Bajo la discreta luz del McDonald’s de Aldock Place”), a distopías inquietantes (“La liturgia de los aprendices”), a largas paciencias que se nutren del rencor (“La venganza”) o a amores salpicados por el desequilibrio y la angustia (“La lógica del amor”).
Ceremonias narrativas de una espléndida ejecución, en las que no habría venido mal eliminar los abundantes laísmos y loísmos que afean el libro. Salvado ese escollo lingüístico, el resto es para ponerle un marco y aplaudir.

sábado, 3 de agosto de 2019

El ombligo de los limbos




Como aún no había leído nada del infinitas veces citado Antonin Artaud, opto por sumergirme en las páginas de El ombligo de los limbos, traducido por Antonio López Crespo (Aquarius, 1975).
Y veo que, para hacer verdad una de sus petulantes frases iniciales (“Yo quisiera hacer un Libro que trastorne a los hombres”), Artaud ha puesto en la tarea todo su atolondrado y opiáceo empeño.
Que Dios se lo perdone. Si puede.

viernes, 2 de agosto de 2019

Cosmoagonías




Concluyo un libro que comencé hace tres o cuatro meses y que dejé a medias por otras lecturas. Se trata de Cosmoagonías, de la uruguaya Cristina Peri Rossi (Laia, 1989), cuyo magnífico título esconde algunos relatos buenos, y también otros relatos que se me antojan menos notables. No sé. No termino de “ver” este libro como una obra cuajada. Se aprecian maneras, destellos, apuntes, pero falta algo que le dé cohesión y organismo al conjunto; hay (o yo percibo) demasiadas fisuras, en un tomo que debería haber quedado esférico, habida cuenta de la brillantez de su autora.
Me parecen muy conseguidos “El club de los amnésicos”, “Te adoro” y “El centinela”, así como párrafos sueltos de los demás relatos. Suficiente como para seguir insistiendo con esta narradora.
Cómo no insistir en los libros de alguien que habla así del amor (“Un amnésico enamorado no reconoce, sino que cada vez debe empezar por conocer. Todos los días se asombra de las mismas cosas, ya que las olvidó, y el color de la piel de la mujer que ama es una incógnita sostenida por su imaginación (es decir, por su memoria) que las diferentes luces del día y de la noche descubren cada vez, para hundir, luego, en el pozo abismal de la amnesia”), del lenguaje (“El lenguaje es de los que mandan”) o de los milagros (“Las revelaciones deben merecerse”).

jueves, 1 de agosto de 2019

Otra Fedra, si gustáis




Deliciosa me ha parecido la obra teatral Otra Fedra, si gustáis, de Salvador Espriu, escrita originalmente en catalán y traducida por él mismo al castellano (Península, 1979). Tiene, sí, todo el encanto del viejo mito griego, pero es que además Espriu le rebaja el dramatismo por la irónica vía del humor. Pero, ojo, no conviene perder de vista que sigue latiendo por debajo la angustia casi existencial de Fedra, con todos los matices y toda la hondura de su sufrir.
Que Teseo juegue al perdón y que Hipólito vuelva solemne su casta gallardía no diluye el desgarro de la mujer, enamorada (como en el cuento) de un ayer reflejado por la engañosa lámina del espejo.
Es llamativo que me gusten tanto las revisiones modernas de los autores grecolatinos: Cortázar y sus reyes; Giraudoux y su Anfitrión; Sastre y su otro Anfitrión; las reflexiones teóricas de Diana de Paco Serrano… ¿Será verdad que todo está dicho ya, y que lo único que hacemos es repetirnos?
Me emociona el modo en que Espriu se define (“Veu les coses amb escéptica fredor” / “Ve las cosas con escéptica frialdad”) y el modo elegante y sobrio en que defiende la lengua catalana (“Parlada per pocs, però no petita” / “Hablada por pocos, pero no pequeña”).