Desde
hace miles de años, los ratones más avispados se acercan a los elefantes
mientras están durmiendo y, con habilidad y sin hacerles apenas daño (salvo el
tirón de la sorpresa), les arrebatan un colmillo. No se trata de maldad
gratuita, ni de un robo que carezca de lógica, sino de una actividad altamente
importante para los seres humanos: ese marfil se utiliza para elaborar dientes
de leche con los que abastecer a las criaturas que van naciendo. Como es lógico,
los paquidermos no se muestran entusiasmados con esta actividad y han
desarrollado un miedo casi patológico por los roedores. Algunos han comenzado a
beber abundantes dosis de café para mantenerse despiertos y no sufrir la
bochornosa amputación. Pero un ratón, más avispado que los demás, ha concebido
una idea que permita el cese de esos latrocinios: recoger por las noches los
dientes que se les han caído a los niños y reutilizarlos para las siguientes
generaciones.
Con gracia y con un discurso maravillosamente conmovedor, Fernando Lalana (en la parte literaria) y María Fe Quesada (en el apartado plástico) nos regalan un cuento precioso, que mantiene viva la vieja tradición del ratón Pérez. No dejen de visitar el relato: les va a gustar.

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