jueves, 4 de junio de 2026

Crimen en el paraíso salado

 


Nos encontramos en las dunas del parque regional de Las Salinas, en San Pedro del Pinatar. Es un lugar delicioso y apacible, cuya calma va resultar trizada por una abrupta anomalía: un paseante encuentra el cadáver de un hombre desnudo, que tiene un poema enrollado en la mano y otro inicuamente introducido en el recto. Su documentación lo identifica como Jordi Puigdemont Mas. Son dos apellidos que de inmediato provocan el enarcado en las cejas del lector. ¡No se tratará del “Puigdemont” que…! ¡No se tratará del “Mas” que…! Pues sí, se trata de un pariente de Carles Puigdemont y Artur Mas, vinculado también con Jordi Pujol. La piel de los políticos y cuerpos de seguridad locales (no solamente la de la persona que está leyendo) se eriza: las repercusiones de este asesinato pueden ser terribles. De inmediato se piensa en el inspector Isco Vivas para que asuma el control de las pesquisas, porque el modus operandi recuerda al de Marta, la mujer que intentó matar con veneno a Vivas. Esa cuenta pendiente (que tan escocido lo tiene) puede quedar resuelta si el inspector logra localizar y detener a la asesina.

Así arranca la novela Crimen en el paraíso salado, de Francisco Javier Illán Vivas (Bookalia Ediciones, 2026), que nos va llevando de sorpresa en sorpresa y que el escritor de Molina de Segura adorna con referencias no solamente a lugares que le resultan cercanos y queridos, sino también a escritores de su entorno: Jesús Cánovas (p.17), Pedro Javier Martínez (p.51), Vicente García Hernández (p.65), Pedro González Núñez (p.100) o Guillermina Sánchez Oró (p.217). En esta cacería implacable (se nos advierte que Marta es “más astuta que una zorra, más esquiva que un leopardo de las nieves y más peligrosa que una taipán del interior”, p.68) asistiremos a golpes, espionajes, visillos que cubren miradas siniestras, venenos inmisericordes y hasta la muerte de algún animal, queridísimo por el inspector. Obviamente, no puedo entrar en más detalles, sin estropearles la lectura.

Explica Francisco Javier Illán Vivas que ha tardado ocho años en terminar esta novela y los lectores le pedimos (yo le pido, de corazón) que dedique otros ocho para conseguir una continuación que esté a la misma altura que esta. La estaremos esperando.

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